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| domingo julio 21, 2024

BAMIDBAR-SHAVUOT 5784


B’H

Números 1:1-4:20

En el Desierto del Sinaí, Di-s ordena realizar un censo de las doce tribus de Israel. Moshe cuenta 603.550 hombres de entre 20 y 60 años; la tribu de Levi es contada aparte, totalizando 22.300 hombres de un mes de edad en adelante. Los Levitas debían servir en el Santuario, reemplazando a los primogénitos, a cuyo número se aproximaban, por haber sido estos últimos descalificados por su participación en la idolatría del Becerro de Oro. Los 273 primogénitos que no tenían un Levita que los reemplace, debían pagar un “rescate” de cinco shekel para ser redimidos del servicio.

Cuando el pueblo levantaba su campamento para viajar, los tres clanes Levitas desmantelaban y transportaban el Santuario, para luego rearmarlo en el centro del próximo campamento. Luego erigían sus propias tiendas a su alrededor: los Kehatitas, quienes cargaban sobre sus hombros los utensilios del Santuario (el arca, la Menorá, etc.) en sus coberturas especialmente diseñadas a tal efecto, acampaban en el sur; los Gershonitas, a cargo de los tapices y cortinas, al oeste; y las familias de Merarí, que transportaban los paneles de las paredes y los pilares, al norte. Frente a la entrada del Santuario, hacia el este, estaban las tiendas de Moshe, Aarón y sus hijos.

Más allá del círculo de los Levitas, las doce tribus acampaban en cuatro grupos de tres tribus cada uno. Hacia el este estaban las tribus de Iehuda (74.600 hombres), Isajar (54.400 hombres) y Zvulún (67.400 hombres); al sur Reubén (46,500 hombres), Shimón (59,300 hombres) y Gad (45,650 hombres); al oeste Efraím (40,500 hombres), Menashe (32,200 hombres) y Biniamin (35,400 hombres); y al norte Dan (62,700 hombres), Asher (41,500 hombres) y Naftalí (53,400 hombres). Esta formación también era mantenida mientras viajaban. Cada tribu tenía su propio nasí (príncipe o líder), y su propia bandera con el color de la tribu y su emblema.

LA FESTIVIDAD OCULTA

El 15 de Nisan es Pesaj, la Fiesta de la Libertad. El 1 de Tishrei es Rosh HaShaná, el Día del Juicio. El 10 de Tishrei es Iom Kipur, el Día del Perdón. El 15 de Tishrei es Sucot, la Fiesta de las Cabañas. ¿Y en qué fecha es Shavuot, el Día de la Entrega de la Torá? Es extraño, el día más importante, quizás, del calendario ¡NO TIENE FECHA FIJA! Solo un indicio, contar 49 días desde el día siguiente de la salida de Egipto y en el día 50 es Shavuot. Y la explicación es simple, todas las festividades son en recuerdo de algo que Di-s hizo o hace por nosotros: sacarnos de Egipto, crear el mundo, perdonar, las Nubes de Gloria. Pero no debemos esperar que la Torá nos sea dada como regalo, debemos esforzarnos por obtenerla, salir de las limitaciones de nuestro Egipto personal y elevarnos espiritualmente. Sólo así podemos decir que nos fue entregada la Torá.

 

Los Diez Mandamientos

Por Yossy Goldman

A menudo escucho que alguien dice: «bueno, en realidad no soy demasiado religioso, pero sí mantengo los Diez Mandamientos». En esos momentos me vienen ganas de decir: «Realmente, ¿tú sabes que los Diez Mandamientos no son de múltiple opción…?» A veces me pregunto si las personas que hacen esta afirmación saben realmente qué son los Diez Mandamientos. ¿Por qué no hacer un repaso de la lista para que todos tengamos una mejor idea del puntaje que podemos obtener?

1) Yo soy el Señor tu Di-s. En esencia, este es el mandamiento que nos ordena creer en un Di-s. Tengo total confianza que, en lo que respecta a este mandamiento, todos obtendremos buenas calificaciones.

2) No habrá para ti otros dioses delante de Mí. Muy bien, así que no tienes por costumbre hacer una reverencia ante ese busto de Buda que está colocado en el living de tu casa. La pregunta que surge es: en primer lugar, ¿debería estar ahí? Y, ¿no es interesante que en la actualidad estén teniendo lugar esos certámenes de ídolos a lo largo de todo el mundo? Además, por supuesto, están todos esos bien arraigados ídolos contemporáneos que tendemos a comernos con los ojos y venerar; celebridades como Brad Pitt, Madonna o Donald Trump.

3) No tomarás en falso el nombre del Señor. Acá no se trata solamente de dejar de beber o de prestar el juramento en el juzgado. ¿Qué pasa con las palabrotas que usamos en la calle? ¿Cuántas malas palabras de primera calidad hay en tu vocabulario? Y, ¿por qué hay que meter a Di-s en estas expresiones gráficas?

4) Recuerda el día sábado para santificarlo. Es interesante que los Diez Mandamientos figuren dos veces en la Torá. En Éxodo, el cuarto Mandamiento comienza con Zajor.

Guardarás el día sábado para santificarlo. En el libro de Deuteronomio dice: «Observa el Shabat». Y, el mandamiento de «Recordar» se logra a través de actos positivos como el Kidush, el encender las velas, etc. El de «Observar» para guardarlo (Shamor) de toda profanación, es la parte difícil que puede llegar a limitar nuestros estilos de vida. Es aquí que interviene el verdadero compromiso.

5) Honra a tu padre y a tu madre. Muchas personas cumplen, por cierto, de manera ejemplar con esta mitzvá. Admiro a los hijos, hijas, y a menudo parientes políticos, que se ocupan y atienden las necesidades de un anciano padre o pariente político. Ellos cocinan, les siguen la corriente y a menudo aguantan a viejitos irritables, malhumorados. A medida que pasa el tiempo este mandamiento parece ser más difícil de cumplir. A pesar de esto, la Torá no hace distinciones basadas en la edad. Es nuestra responsabilidad cuidar a nuestros padres cuando dependen de nosotros, igual que nos cuidaron cuando dependíamos de ellos.

6) No matarás. Correcto. Acá tenemos otro mandamiento fácil de cumplir. Estoy seguro que ninguno que esté leyendo este artículo mató a alguien. Pero alguna vez pensaste hacerlo, casi llegaste a hacerlo pero, al fin y al cabo, los judíos no somos del tipo asesino. Sin temor a equivocarnos podemos anotarle un punto a un mandamiento más.

7) No cometerás adulterio. Correcto. Por supuesto.

8) No robarás. En rigor, esto se refiere en particular a los secuestros. Sin embargo, se aplica a todo lo que tiene que ver con robar, incluso a los métodos «de guante blanco».

9) No darás falso testimonio contra tu prójimo. ¿Cuán honestos somos? Incluso, sin estar bajo juramento, nuestra palabra debería ser sagrada. Recuerdo una oportunidad en que un viejo rabino fue presentado ante un grupo de estudiantes universitarios simplemente como «un hombre que nunca dijo una mentira». ¿Cuántos de nosotros podría hacer esta afirmación?

10) No codiciarás los bienes de tu prójimo. Éste tampoco es sencillo. El comentario define a este mandato como la prohibición de acosar a alguien, o de manipular la situación, con el fin de adquirir -incluso legalmente- aquello que le pertenece a otra persona. Procúrate algo propio. ¿Por qué tiene que ser su cónyuge, casa o auto?

Bueno, ahora está dicho. ¿Obtuviste el puntaje más alto? ¿Pasaste, o estás en la categoría del cuarenta por ciento o menos? ¿Verdad que vale la pena seguir trabajando el tema de los Diez Mandamientos?

Ojala que todos podamos mejorar nuestro puntaje para algún día, justificadamente, poder afirmar que sí, que realmente observamos los Diez Mandamientos. (www.es.chabad.org)

Una sociedad igualitaria, al estilo judío

Rav Jonathan Sack

 

La parashat Bamidbar por lo general se lee en el Shabat previo a Shavuot, zmán matán torateinu, ‘el momento de la entrega de nuestra Torá’, la revelación en el Sinaí. Los Sabios, creyendo que nada es coincidencia, buscaron una conexión entre ambas cosas.

Encontrar algo no es sencillo. En la parashá no hay nada relativo a la entrega de la Torá. En cambio, se habla de un censo de los israelitas. Tampoco la ubicación de los acontecimientos ayuda. Al comienzo, la parashá dice que los eventos que serán descriptos ocurrieron en «el desierto del Sinaí», mientras que cuando la Torá habla sobre la gran revelación, habla sobre el «Monte Sinaí». Uno es una región general, el otro una montaña específica dentro de esa región. En ese momento los israelitas tampoco estaban rumbo al Monte Sinaí. Por el contrario, se estaban preparando para partir. Estaban por comenzar la segunda parte de su travesía, desde el Sinaí a la Tierra Prometida.

De todos modos, los Sabios encuentran otra conexión, y es algo sorprendente:

«Y Dios habló con Moshé en el desierto del Sinaí» (Números 1:1). ¿Por qué el desierto del Sinaí? A partir de esto los Sabios enseñan que la Torá fue entregada a través de tres cosas: agua, fuego y desierto. ¿Cómo sabemos que fue entregada a través de fuego? De Éxodo 19:18: «La montaña del Sinaí humeaba enteramente porque Dios había descendido sobre ella en el fuego». ¿Cómo sabemos que fue entregada a través de agua? Porque dice en Jueces 5:4: «los cielos destilaron y las nubes gotearon agua [en el Sinaí]». ¿Cómo sabemos que fue entregada en el desierto? [Como dice más arriba], «Y Dios habló a Moshé en el desierto del Sinaí». ¿Y por qué la Torá fue entregada a través de estas tres cosas? Tal como [el fuego, el agua y el desierto] son gratuitos y están a disposición de todos los habitantes del mundo, así también lo son las palabras de Torá, como dice en Isaías 55:1: «Que todos los que tengan sed, vengan por agua… incluso si no tienen dinero».(1)

 

El Midrash toma tres palabras asociadas con el Sinaí: fuego (que ardía en la montaña justo antes de la revelación), agua (basado en una frase del Cántico de Deborá) y desierto (como en el comienzo de nuestra parashá, y también en Éxodo 19:1,2) y las conecta diciendo que «son gratis para todos los habitantes del mundo».

Esta no es una asociación que la mayoría hubiéramos hecho. El fuego se asocia con calor, calidez, energía. El agua se asocia con calmar la sed y hacer crecer las cosas. El desierto es el espacio intermedio: no el punto de partida ni el destino, el lugar donde necesitamos carteles indicadores y un sentido de dirección. Por lo tanto, las tres cosas juntas conforman una buena metáfora de la Torá. Ella da calor, energiza. Satisface la sed espiritual. Te da dirección. Sin embargo, ese no es el enfoque que toman los Sabios. Lo que a ellos les importa, es que las tres cosas son gratuitas.

Si nos quedamos un momento con la comparación entre la Torá y el desierto, sin duda se podrían haber hecho otras analogías significativas. El desierto es un lugar de silencio donde se puede oír la voz de Dios. El desierto es un lugar alejado de las distracciones de los pueblos y ciudades, de los campos y las granjas, donde uno puede enfocarse en la presencia de Dios. El desierto es un lugar donde comprendemos que somos muy vulnerables, uno se siente como una oveja que precisa un pastor. El desierto es un lugar donde es fácil perderse, y necesitas un equivalente a un Google maps del alma. El desierto es un lugar donde sientes tu aislamiento y buscas una fuerza más allá de ti mismo. Incluso la palabra hebrea para desierto, midbar, tiene la misma raíz que «palabra» (davar) y «hablar» (d-b-r). Sin embargo, estas no fueron las conexiones que establecieron los Sabios con el Midrash. ¿Por qué no?

Los Sabios entendieron que algo profundo nació en el Monte Sinaí, y desde entonces eso ha distinguido la vida judía. Se trata de la democratización del conocimiento. La alfabetización y el conocimiento de la ley no estarían confinados a una elite sacerdotal. Por primera vez en la historia, todo el mundo tendría acceso al conocimiento, la educación y la alfabetización. «La ley que Moshé nos dio es posesión de la asamblea de Iaakov» (Deuteronomio 33:4). De toda la asamblea, no de un grupo privilegiado dentro de ella.

El símbolo de esto fue la revelación en el Monte Sinaí, la única vez en la historia que Dios se reveló no sólo a un profeta, sino a todo un pueblo, que tres veces dio su consentimiento a los mandamientos y al pacto. En el penúltimo mandamiento que Moshé dio al pueblo, conocido como Hakhel, les instruyó:

«Al término de siete años, en el año sabático, durante la fiesta de Sucot, cuando todo Israel venga para mostrarse en presencia de Hashem tu Dios, en el lugar que Él escoja, deberán leer esta Torá frente a todo Israel. Congrega al pueblo, varones mujeres, niños y el prosélito que está en tus ciudades, para que escuchen y para que aprendan y teman a Hashem tu Dios y se cuiden de realizar todas las palabras de esta Torá. Y sus hijos, quienes no conocieron [esta ley] ellos escucharán y aprenderán a temer a Hashem tu Dios todos los días que estén vivos sobre la tierra hacia la cual cruzan el Jordán para tomarla en posesión». (Deuteronomio 31:10-13)

Hay un eco de esto en el famoso versículo de Isaías 54:13: «Y todos tus hijos serán enseñados por Dios y se multiplicará la paz de tus hijos». Esta fue y sigue siendo la característica singular de la Torá como la constitución escrita del pueblo judío como una nación bajo la soberanía de Dios. Se espera que todos no sólo cumplan la ley sino que también la conozcan. Los judíos se convirtieron en una nación de abogados constitucionales.

Hubo otros dos momentos claves en la historia de este desarrollo. El primero fue cuando Ezra y Nejemías reunieron al pueblo, después del exilio en Babilonia, en la Puerta de Agua de Jerusalem, en Rosh Hashaná, y leyeron para ellos la Torá, colocando a los levitas entre la multitud para explicar a la gente lo que se decía y lo que significaba, un momento decisivo en la historia judía que no tomó la forma de una batalla sino de un programa masivo de educación de adultos. (Nejemías 8) Ezra y Nejemías comprendieron que la batalla más significativa para asegurar el futuro judío era cultural y no militar. Esta fue una de las ideas más transformadoras de la historia.

El segundo momento fue la extraordinaria creación en el siglo I, del primer sistema de educación obligatorio en el mundo. Así describe el Talmud el proceso, que culminó con la obra de Iehoshúa ben Gamla, un Gran Sacerdote, en los últimos días del Segundo Templo:

En verdad el nombre de ese hombre debe ser bendecido, a saber, Iehoshúa ben Gamla, porque de no ser por él la Torá habría sido olvidada de Israel. Porque al principio, si un niño tenía padre, el padre le enseñaba y si no tenía padre, no aprendía nada… Por lo tanto, ellos ordenaron que se nombraran maestros en cada prefectura y que los niños entraran a la escuela a los dieciséis o diecisiete años. [Así lo hicieron], pero si el maestro los castigaba, solían rebelarse y abandonar la escuela. Finalmente, Iehoshúa ben Gamla vino y ordenó que se nombraran maestros para niños pequeños en cada distrito y ciudad, y que los niños entraran a la escuela a los seis o siete años».(2)

La educación universal obligatoria no existió en Inglaterra, en ese momento la máxima potencia imperial del mundo, hasta 1870, una diferencia de 18 siglos. Aproximadamente al mismo tiempo que Iehoshúa ben Gamla, en el siglo I EC, Iosefo escribió:

Si se le pregunta a cualquiera de nuestra nación sobre nuestras leyes, las repetirá tan fácilmente como su propio nombre. El resultado de nuestra minuciosa educación en nuestras leyes desde los albores de la inteligencia está, por así decirlo, grabado en nuestras almas».(3)

Ahora podemos entender la conexión que establecieron los Sabios entre el desierto y la entrega de la Torá: estaba a disposición de todo el mundo y era gratuita. Ni la falta de dinero ni la carencia de un linaje aristocrático pueden impedirte aprender Torá y adquirir distinción en una comunidad en la que la erudición se considera el logro más elevado.

Israel recibo tres coronas: la corona de la Torá, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza. La corona del sacerdocio la recibió Aharón… La corona del reinado fue entregada a David… Pero la corona de la Torá es para todo Israel… para cualquiera que la desee y venga a tomarla.(4)

Yo considero que esta es una de las ideas más profundas del judaísmo: cualquier cosa que quieras crear en el mundo, empieza por la educación. Si quieres crear una sociedad justa y compasiva, empieza por la educación. Si quieres crear una sociedad de dignidad igualitaria, asegúrate que la educación sea gratuita e igual para todos. Ese es el mensaje que los Sabios encontraron en el hecho de que leamos Bamidbar antes de Shavuot., la fiesta en que recordamos que cuando Dios entregó la Torá a nuestros antepasados, se las dio a todos por igual. (aishlatino.com)

Shabat Shalom


Notas:

  1. Bamidbar Rabá 1: 7.
  2. Baba Batra, 21a.
  3. Contra Apionem, II, 177-78.
  4. Maimónides, Hiljot Talmud Torá, 3:1.

 

 

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