B’H
Levítico 25:1-27:34
En el Monte Sinaí, Di-s le comunica a Moshe las leyes del año sabático. Cada séptimo año, todo el trabajo en la tierra debe cesar, y su producto debe ser dejado libre para que lo tomen todos, tanto seres humanos como animales.
Siete ciclos sabáticos son seguidos por un quincuagésimo año, el año de jubileo, en el cual también cesa el trabajo en la tierra, todos los sirvientes son enviados libres y las propiedades ancestrales en la Tierra Santa vuelven a la posesión de sus propietarios originales.
Behar también contiene leyes adicionales que gobiernan la venta de tierras, y las prohibiciones contra el fraude y la usura.
En la sección Bejukotái Di-s promete que si los Hijos de Israel observan sus mandamientos, disfrutarán de prosperidad material y vivirán seguros en su tierra. Pero también da una dura “reprimenda” advirtiendo sobre el exilio, la persecución y otros sufrimientos que les ocurrirán su abandonan su pacto con Di-s.
Sin embargo, “Aun entonces, cuando están en la tierra de sus enemigos, no los aborreceré ni los despreciaré como para destruirlos y anular Mi pacto con ellos; pues Yo soy el Señor, su Di-s”.
La parashá concluye con las reglas de cómo se calculan los valores de los diferentes tipos de promesas económicas hechas a Di-s.
USURA OCULTA
La Torá prohíbe enfáticamente la usura, hasta el punto que nuestros Sabios dicen que el que cobra usura no resucitará en los tiempos mesiánicos. Son tan culpables el prestamista como el prestatario y el testigo o el intermediario del préstamo.
Pero no siempre el interés se cobra en dinero. Hay algo que se denomina “Polvo de interés”. Para explicarlo acá van algunos ejemplos:
Si antes del préstamo el prestatario se limitaba a saludar de lejos al prestamista, después del acto no puede saludarlo efusivamente.
Si antes lo trataba de igual a igual, no puede mostrarle un respeto desmedido.
Hay que prestar atención a este detalle para no ir contra la prohibición de usura.
¿Capitalista o comunista?
Por Iosi Goldman
Karl Marx pudo haber sido el pionero, pero muchos otros judíos también se involucraron en la lucha por el comunismo, particularmente en los primeros días de la revolución rusa. Personalmente no creo que debamos disculparnos por este fenómeno. Habiendo sufrido en forma insoportable bajo sucesivos regímenes opresores, muchos de esos activistas políticos pensaron genuinamente que el comunismo sería mejor para el pueblo que la corrupción zarista. Su sentido del idealismo alimentó las esperanzas de una vida mejor y un futuro más equitativo para todos. En los papeles el comunismo era una buena idea. El hecho de que fracasó —y que los nuevos líderes superaron la opresión de sus predecesores —refleja las personalidades involucradas tanto como el sistema que promovieron.
¿Cuál es el sistema económico judío? ¿Hay alguno? Yo lo describiría como «capitalismo con conciencia». Promoviendo la libre empresa, la Torá es claramente capitalista. Pero es un capitalismo condicional, y ciertamente un capitalismo compasivo.
Winston Churchill dijo una vez «El vicio inherente del capitalismo es el compartir desigualmente las bendiciones. El vicio inherente del comunismo es el compartir igualmente las miserias». Por lo tanto el judaísmo introdujo un sistema de mercado libre en el que el compartir las bendiciones no queda librado a la casualidad o a los buenos deseos, sino que es un mandamiento. Nuestra Parashá nos da un ejemplo clásico. Shemitá, el año sabático, fue designado para permitir que la tierra descanse y se regenere. Durante seis años la tierra debe ser trabajada, pero en el séptimo año debe descansar y permanecer en barbecho. El ciclo agrícola en la Tierra Santa impone estrictas leyes y regulaciones sobre el propietario de la tierra. No sembrar, no podar, ningún trabajo agrícola, cualquiera que sea, en el séptimo año —y todo lo que crece solo debe ser «sin dueño» y puede ser tomado por todos. El propietario puede tomar algo, pero también sus trabajadores, amigos y vecinos. El propietario de la tierra, en su propia tierra, no tiene más derechos que el extranjero. Durante seis años ustedes poseen la propiedad, pero en el séptimo año no disfrutan de derechos especiales. Este es uno de los muchos ejemplos del «capitalismo con conciencia» del judaísmo. Hay legisladas muchas otras obligaciones hacia los pobres —no agregados opcionales, no recomendaciones piadosas, sino claramente mandatarias contribuciones para los menos afortunados. El diezmo del diez por ciento, como también la obligación de dejar sin cosechar para los pobres los rincones del campo de uno, las gavillas y racimos olvidados son todo parte del sistema de capitalismo compasivo.
Por lo tanto el judaísmo presenta un sistema económico que conlleva lo mejor de ambos mundos —las ventajas de un libre mercado que permite la expresión personal y el éxito relacionados con el trabajo duro sin las desventajas de la codicia corporativa. Si la tierra pertenece a Di-s, entonces no tenemos la propiedad exclusiva sobre ella. Di-s derrama Sus bendiciones sobre nosotros, pero, claramente, el trato es que debemos compartir. Sin la ley de la Torá, el capitalismo fracasa. La ambición desmedida y la codicia de dinero y poder llevan a monopolios y conglomerados que no dejan lugar para el otro y amplían la brecha entre los que tienen y los que no tienen. El año sabático es una de las comprobaciones y balances que mantienen nuestro capitalismo kosher y bueno.
Algunas personas son demasiado amantes de los negocios. Todo es medido y exacto. Negocios son negocios. Si te invito para Shabat, no repetiré la invitación hasta que me la devuelvas primero. Si le das $50 a mi hijo para su Bar Mitzvá, entonces eso es exactamente lo que daré a tu hijo. Debemos ser más suaves, más flexibles, no tan duros, inflexibles y amantes de los negocios. Por supuesto, sean capitalistas, pero capitalistas kosher. Lo que una persona «vale» financieramente debe ser irrelevante para el respeto que deben darle. Mantengan las tradicionales características judías de bondad, compasión, tzedaká y jesed, generosidad de espíritu, corazón —y bolsillo. Que ganen grandes cantidades de dinero y animen a Di-s a seguir bañándolos de bendiciones al compartir generosamente con otros. (www.es.chabad.org)
La honestidad es la mejor política
Rav Yehonatan Gefen
La porción de la Torá de esta semana comienza con las leyes de shmitá, el año sabático que requiere que la tierra repose cada siete años, y va seguida inmediatamente por la prohibición de onaat mamon, leyes de protección al consumidor que protegen al comprador de ser engañado o que le cobren en exceso. Los comentaristas analizan la yuxtaposición entre estas dos mitzvot aparentemente no relacionadas.
Rav Isasjar Frand explica que la idea fundamental detrás de shmitá es que Dios provee a la persona con su sustento, por lo tanto, uno no pierde al abstenerse de trabajar. Por el contrario: gana al observar la shmitá. Hay muchas historias de personas que salieron beneficiadas económicamente o que no sufrieron pérdidas al cumplir con la shmitá.
Rav Frand explica que el mismo principio se aplica a las leyes de honestidad en los tratos financieros. A nivel natural, uno podría pensar que quien hace trampa tiene más posibilidades de ganar que alguien completamente honesto. Sin embargo, al yuxtaponer la shmitá con las leyes de precios y consumo, la Torá insinúa que así como quien cumple con las leyes de shmitá sólo gana, también quien observa las leyes de honestidad en sus asuntos financieros al final obtendrá ganancias.
La siguiente historia sobre el Rav Iaakov Kamenetsky, relatada por Rav Frand, demuestra que la honestidad puede tener beneficios aún mayores que el éxito económico. Es bien sabido que Rav Iaakov ejemplificó y personificó lo que significa ser una persona honesta
En palabras de Rav Frand: “Rav Natan Kamenetsky fue al alcalde del pueblo y le preguntó si podía explicarle cómo los judíos de ese lugar lograron salvar sus vidas. El alcalde le dijo: ‘Puedo decirle exactamente por qué escaparon los judíos’. Le comentó que antes de la guerra, él (quien con el tiempo se convirtió en alcalde) era el encargado del correo del pueblo. Él tenía una prueba a la que sometía a los miembros del clero del lugar, tanto judíos como no judíos. La prueba consistía en que cuando iban a comprar sellos postales, él les daba deliberadamente más cambio del que correspondía, y observaba si devolvían o no el dinero. Esa era su prueba de fuego para saber qué clase de personas eran.
Él hizo esto tres veces con Rav Iaakov Kamenetsky. Cada vez que le dio más cambio del debido, el Rabino siempre le devolvió el dinero. Este encargado de correos quedó tan impresionado con el Rabino, que era el líder de la comunidad judía, que años después, cuando se convirtió en alcalde del pueblo, cada vez que se enteraba de una acción alemana que habría aniquilado a los judíos, les avisaba y ellos se escondían en el bosque o donde podían. Así fue como se salvaron los judíos de la ciudad.
Cuando Rav Natan Kamenetsky regresó a los Estados Unidos tras su viaje a Europa, le preguntó a su padre si recordaba la oficina postal, al encargado, y esos incidentes. Rav Iaakov dijo que no recordaba la historia particular de haber sido puesto a prueba, pero sí recordaba que el encargado de correos no sabía contar”.
Está claro que el comportamiento honesto de Rav Kamenetsky dejó una impresión enorme en el encargado de correos, hasta tal punto que años después, cuando fue alcalde, nunca olvidó las acciones del rabino, y esto se reflejó en toda la comunidad judía. La consecuencia notable de estos hechos fue que se salvaron muchas vidas judías.
Por supuesto, uno no siempre recibe recompensas tan evidentes por ser honesto, y puede haber ocasiones en que actuar con honestidad no lleve inmediatamente a una ganancia económica. Sin embargo, la Torá mediante su yuxtaposición, el Talmud en Bava Metzia, y la historia de Rav Frand, enseñan que, además del mérito en el Mundo Venidero, una persona honesta tiene garantizado el éxito también en este mundo.
Aishlatino.com
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