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| viernes diciembre 5, 2025

Lo que viene: la partición de la Franja de Gaza

Salem Alketbi* The Jerusalem Post


Gaza Foto IDF

La situación actual sugiere que la Franja de Gaza se encuentra al borde de su mayor división geográfica y política en la historia reciente. Ya no se trata solo de líneas de alto el fuego o nuevos mapas. Esto se ha convertido en una profunda reestructuración de quién controla qué, y quién tiene influencia dentro de la Franja. Está cambiando la esencia misma de cómo la geografía influye en el poder en Gaza, y cómo se relacionan las fuerzas internas y externas.

Desde que se firmó el último acuerdo de alto el fuego a principios de este mes, lo que está ocurriendo no es solo un período de calma. Es más bien un ensayo para una nueva configuración política en la Franja. Esta configuración distribuye la influencia y consolida una situación que se asemeja mucho a una verdadera división en dos zonas. Una quedaría bajo la vigilancia directa de la seguridad israelí, y la otra estaría en manos de una administración local inestable, controlada férreamente por el grupo terrorista Hamás.

Hamás aceptó este último acuerdo, respaldado por Washington y algunos actores regionales, pero a regañadientes. A mi parecer, el grupo terrorista se adhirió a los acuerdos de alto el fuego y de calma a largo plazo por temor directo a amplias sanciones estadounidenses que podrían cortar los suministros esenciales que necesita para administrar la zona.

Sin duda, Hamás no eligió aceptar el acuerdo. Para el grupo terrorista, la guerra y los enfrentamientos constantes son lo que les permite sobrevivir y mantenerse en el poder. La muerte y la tensión es lo que legitima su papel.

Los brutales y aterradores sucesos que ocurren en las calles de Gaza respaldan esta interpretación y son típicos del modus operandi de Hamás. Informes de medios internacionales han confirmado que sus miembros están llevando a cabo ejecuciones públicas de decenas de personas a plena luz del día, alegando que colaboran con Israel. El mensaje tácito que Hamás envía a la población de la Franja de Gaza solo puede resumirse con crudeza: “Ustedes son el combustible de nuestro poder, y su sangre es lo que usamos para ahuyentar nuestros miedos y afianzar nuestro dominio”.

Aún más revelador es el silencio de las capitales regionales que respaldan al grupo ante estos crímenes. Ninguna ha emitido declaración pública alguna condenando ni siquiera mencionando las matanzas, casi como si las aprobaran tácitamente. Este silencio no es casual; es una postura deliberada. Estos países prefieren mantener su influencia conservando a Hamás como la fuerza dominante sobre el terreno, sin enfrentarse a la administración Trump.

Washington ha insinuado en repetidas ocasiones la imposición de sanciones directas a cualquiera que financie las actividades de Hamás, lo que probablemente explique por qué los líderes de esos países aliados se debaten entre la necesidad de mantener a Hamás como un activo regional y el temor a represalias estadounidenses.

Las acciones pasadas demuestran que Estados Unidos no dudará en perseguir a entidades financieras o figuras políticas vinculadas al armamento de grupos terroristas. Hamás es su peón palestino en estos planes, y perderlo sería un golpe estratégico. Por lo tanto, estas capitales respaldarán cualquier acuerdo que mantenga a Hamás en escena, aunque sea como un pequeño “Emirato del Norte de Gaza”.

El escenario más probable es el siguiente: en los próximos seis a doce meses, el desarme completo del grupo terrorista Hamás fracasará debido a obstáculos logísticos. Mostrarán cierta flexibilidad en el sur de Gaza, pero se aferrarán firmemente al norte como zona prohibida.

Es evidente que Hamás intenta comunicar a todos que el norte de Gaza les pertenece, y que lucharán hasta la muerte por él. Al mismo tiempo, el corredor de Netzarim se transformará gradualmente en algo similar a la Línea Azul en el Líbano.

Entonces, en dos o tres años, el mundo dirá que un sistema de administración dividida en Gaza es la solución práctica y realista. Obviamente, la reconstrucción real no comenzará mientras esta situación de división continúe. Los donantes de todo el mundo no invertirán fondos en un territorio controlado por un grupo armado que carece de reconocimiento internacional. Podría argumentarse que esta situación no fue impuesta a los palestinos desde el exterior. Sus propias decisiones contribuyeron a ello, respaldadas por potencias regionales y sus divididos líderes, quienes se aferran al sueño de la causa de “liberar Palestina” y Jerusalén. Pero en realidad, solo están impulsando los intereses de actores más poderosos.

Los palestinos no controlan su destino.

Hoy, a pesar de sus consignas, los palestinos no controlan realmente su destino; en su mayoría, se limitan a cumplir las órdenes de otros. Se aferran a la “resistencia” como una vaga esperanza de triunfo, pero en el fondo son solo peones en una contienda regional interminable, plagada de sufrimiento y sin espacio para la humanidad.

Lo que oscurece aún más el panorama es que las fuerzas regionales que dicen apoyar a los palestinos en realidad no desean que su sufrimiento termine. Se benefician de que este perdure. Cada nuevo cohete o cuerpo rescatado de entre los escombros les da una nueva excusa para intensificar su retórica y defender su papel. Peor aún, esta violenta realidad se ha convertido en algo que todos desean, no como una solución definitiva, sino porque sigue sirviendo a sus objetivos a largo plazo.

La Franja de Gaza está entrando en una nueva etapa donde esta división tácita se consolida. Cada actor clave la ve como una solución a corto plazo que trae la paz sin que nadie se atribuya la victoria. Hamás mantiene su posición de gobierno, aunque solo controle una parte de Gaza. Israel garantiza su seguridad sin la complejidad de una toma de control total. Y los países regionales que respaldan esta situación conservan su influencia en el conflicto palestino-israelí.

Así pues, sin un comunicado oficial, Gaza podría entrar en esta fase de “dos franjas”. Aceptar la situación actual sustituye tomar decisiones o acuerdos concretos y, en mi opinión, esta división temporal es el resultado lógico de un conflicto que aún no ha terminado realmente.

*El autor es analista político de los Emiratos Árabes Unidos y excandidato al Consejo Nacional Federal.
Fuente: The Jerusalem Post.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelit

 
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