Papa Leon Foto Facebook
El mensaje antibelicista del Vaticano se debilita ante la realidad de que los fanáticos están empeñados en oprimir —o destruir— gran parte del mundo
Francamente, yo esperaba algo mejor.
Después de que el anterior pontífice acusara a Israel de cometer “genocidio” en Gaza y celebrara su última Navidad contemplando al Niño Jesús envuelto en una kefiya palestina, pensé que quizá el nuevo sería más sabio, más amable y menos divisivo.
No hubo suerte.
Hace dos semanas, el actual papa León XIV calificó la guerra en Irán como un “escándalo para toda la humanidad”, sugiriendo que se prohibieran los bombardeos aéreos.
Una semana después, se preguntó si “aquellos cristianos que tienen una grave responsabilidad en los conflictos armados tienen la humildad y el valor de hacer un examen de conciencia serio e ir a confesarse”. Dado que el presidente estadounidense Donald Trump y sus socios son los únicos cristianos directamente involucrados en este conflicto armado en particular, la implicación era clara.
Y luego, en una homilía del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro del Vaticano, el papa León invocó al Salvador mismo, Jesús, e insistió: “no escucha las oraciones de los que hacen la guerra, sino que las rechaza, diciendo ‘Tus manos están llenas de sangre’”.
Esto dio pie a un meme en un sitio web satírico Babylon Bee: “El Papa León explica que Dios no escucha a quienes hacen la guerra, siempre y cuando no se tome en cuenta a Moisés, David, Josué, Elías, Saúl, Gedeón, Sansón ni a ningún otro personaje bíblico”.
Eso me hizo reír. Y también, me confieso —incluso sin un sacerdote—, inspiró esta columna. En ella planteo que cualquier religión que se oponga a toda guerra no está lidiando con el mundo tal cual es. Y un papa que profesa el pacifismo está abrazando una ideología en lugar de su religión.
“Si Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping se hubiesen propuesto menoscabar la postura moral del papado”, escribió el columnista William McGurn en The Wall Street Journal, “no podrían haber causado más daño que el que el propio Vaticano provocó la semana pasada. La postura miope de Roma sobre la guerra no se originó con el papa León XIV. Pero a menos que este papa guíe a la Iglesia Católica de vuelta a sus propias enseñanzas sobre este tema tan delicado, corre el riesgo de ser rechazado incluso por sus simpatizantes”.
Aquí debo hacer una pausa para hacer otra confesión: no soy católico ni teólogo. Dicho esto, estoy casado con una católica, vivo en un país predominantemente católico y pago la educación de mis hijos en colegios católicos. Más importante aún, soy una persona que vive en este mundo y debe lidiar con sus contradicciones. Una de ellas es que, a veces, la guerra es el único camino hacia la paz.
En el actual contexto histórico, no es descabellado comparar a los ayatolás iraníes de hoy con los nazis alemanes de la década de 1930. Así pues, mi pregunta para el papa León XIV es: ¿Se habría opuesto a la Segunda Guerra Mundial?
Es en este contexto que veo el actual conflicto iraní. Por un lado se encuentra una camarilla de fanáticos religiosos empeñados en conservar su poder, oprimir a su pueblo y, en última instancia, oprimir —o destruir— a gran parte del mundo. Por otro, una coalición de líderes dedicados a la supervivencia de sus naciones y culturas, convencidos —aunque a veces de forma inconsistente— de que una defensa temprana podría ser la única posible.
En el actual contexto histórico, no es descabellado comparar a los ayatolás iraníes de hoy con los nazis alemanes de la década de 1930. Así como los nazis buscaban trasformar ideológicamente a Europa, los ayatolás buscan trasformar el Medio Oriente. La gran diferencia, por supuesto, radica en que la disponibilidad de armas nucleares —cuyo uso Irán ha insinuado repetidamente— podría convertir rápidamente un conflicto regional en una tragedia global.
Así pues, mi pregunta para el papa León XIV es: ¿Se habría opuesto a la Segunda Guerra Mundial? Y de ser así, ¿cómo puede alguien que conozca la historia moderna considerarlo un hombre de Dios? “Esto puede sonar duro”, concluye McGurn en su ensayo, “pero es necesario decirlo: la Iglesia Católica y sus últimos papas solo han comprendido la fuerza destructiva de la guerra. Parecen haber reflexionado poco sobre las terribles consecuencias para las personas inocentes cuando solo se ofrecen palabras suaves como sustituto de acciones firmes pero necesarias”.
Mi mayor temor es que un mundo pusilánime fuerce el cese prematuro de esas acciones firmes pero necesarias, antes de que se produzca la plena redención.
*Periodista y escritor estadounidense. Hijo de un sobreviviente del Holocausto, fue redactor de Los Angeles Times, donde contribuyó con dos artículos ganadores del premio Pulitzer.
Fuente: The Times of Israel.
Traducción Sami Rozenbaum, Nuevo Mundo Israelita



















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