Se llama fruto indehiscente al que, como la nuez o la avellana, no se abre por sí mismo. Exigen, esos frutos, la rotura de sus duras cortezas, cortezas que en lenguaje kabalístico llevan el curioso nombre de klipots. En hebreo klipá no es únicamente una cáscara, también y en sentido figurado alude a un mal espíritu, a un impedimento, a un aislamiento que debe quebrarse si uno quiere comunicarse consigo mismo y con los demás. El hecho de que algunos ...




























