En el núcleo de lo que constituye el ancestral enfrentamiento entre Israel y el mundo árabe subyacen dos debilidades: la de Israel es la compasión, la preocupación por el vecino, al que aún siendo enemigo se le concede no obstante electricidad y agua cuando no trabajo en Judea y Samaria. No es que la compasión en sí sea un inconveniente, todo lo contrario, resulta una admirable virtud que el poderoso puede mostrar al débil, un gesto magnánimo que honra a ...



















