Por Israel
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| viernes septiembre 13, 2019
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El pecado de perder la iniciativa


Marcos Aguinis

Haaretz.com

27/12/2010

NetanyahuUna ola de reconocimiento al no nacido «libre e independiente» Estado de Palestina, se está moviendo a través de América Latina y más allá. Aunque el significado exacto de este desarrollo es incierto, claramente significa una estrategia dirigida a imponer hechos consumados. Es una estrategia peligrosa que sólo amplificará el clima de hostilidad, y desviará las perspectivas de una paz sólida y duradera.

Tal inexistente Estado se basaría en el restablecimiento de las fronteras de 1967, que no son fronteras reales en absoluto, sino líneas de armisticio, y la consagración de Jerusalem oriental como su capital. Es una fórmula que desborda problemas. Y aunque se revela tan poco saludable, podría llegar a las Naciones Unidas en el primer semestre de 2011, donde una mayoría automática en contra de Israel votará a su favor. Sin importarle que lleve a un buen puerto el largo conflicto.

Aunque el nuevo Estado de Palestina comenzaría a funcionar con una capital provisional en Ramallah y en el territorio actualmente bajo su control, buscaría apoyo de todo el mundo para obligar a una total retirada de Israel hasta las líneas de 1967, exigir el reparto de Jerusalem y a la evacuación de 300.000 colonos de Judea y Samaria, así como a la aceptación por parte de Israel de cientos de miles de refugiados palestinos. Y cuando Israel no cumpla -no podrá cumplir-, será acusado de violar la ley internacional y se verá abrumado por sanciones en cadena.

Huelga decir que la ONU no se preocupará de que Palestina esté desmilitarizada, ni presionará por medidas eficientes para controlar la lluvia de misiles que podrían alcanzar los puntos más sensibles de Israel.

Hay que ser ciego o carente de memoria para no entender el inminente peligro. La pasividad por parte de los líderes israelíes me resulta indignante. Están cometiendo el pecado de perder la iniciativa. Las consecuencias serán nefastas.

Moshe Dayan, cuando se le preguntó en 1975, qué pretendía hacer Israel respecto de los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días, respondió que «la decisión es no decidir». Dayan, al parecer, olvidó que fue una decisión oportuna a principios de junio de 1967, la que salvó a Israel de una muerte cierta.
Si a continuación de las guerras Israel hubiera tomado iniciativas impactantes- por ejemplo, ofrecer la devolución de las dos terceras partes del Sinaí y una pequeña franja de los Altos del Golán, así como la creación de un Estado palestino desmilitarizado en parte de la Margen Occidental – el mundo se habría sorprendido y lo hubiera apoyado. Pero esto no sucedió. Más tarde, cuando se hicieron concesiones, fueron mucho mayores.

En 1977, la iniciativa provino del Presidente de Egipto Anwar El Sadat, y su sorpresa obligó a que el halcón político de Menachem Begin se retirara del Sinaí hasta el último centímetro. Las concesiones de Israel fueron elogiadas entonces, porque parecían conducir también a la paz con los demás vecinos.

Pero esas concesiones establecieron un grave precedente: el restablecimiento de las fronteras anteriores a 1967. Se ignoró que las fronteras en el Medio Oriente han sufrido muchos cambios, son bastante jóvenes y no responden siempre a la racionalidad. Es obvio que Siria no se conformará con menos de lo que recibió Egipto. Y ahora los palestinos exigen términos similares.

¿Qué iniciativas debería tomar Israel en la situación actual, que podríamos caracterizar como de emergencia?

Creo que Benjamin Netanyahu está en la misma posición que Begin en 1979. Es un líder y, como Begin, parece representar el área más nacionalista. Si pudiese recuperar la iniciativa y persuadir a la opinión pública mundial -con firme insistencia- de que no es un buen camino la división de Jerusalem y el restablecimiento de las «fronteras de Auschwitz» (como Abba Eban definía las líneas anteriores a 1967) – tiene una buena oportunidad para lograr la paz.

Como golpe de efecto, Netanyahu debería pedirle públicamente al presidente Obama que convoque ya mismo a una reunión urgente en Camp David (y participe de ella). En esa conferencia el presidente y el primer ministro de la Autoridad Palestina dialogarán en forma directa con Netanyahu, en presencia de Obama. Incluso antes de la reunión debería Netanyahu manifestar su intención de entregar al futuro estado palestino partes significativas de los territorios, pero con modificaciones que beneficiarían a ambas partes. Debería comprometerse a proporcionarle apoyo tecnológico en las áreas de agricultura, electricidad, agua, cuidado de la salud y turismo.

Al mismo tiempo, el primer ministro tiene que dejar en claro que Israel no permitirá la violación de la libertad de culto, la profanación de lugares sagrados o volver a dividir Jerusalem. Puede basarse en lo ocurrido mientras esta ciudad estuvo bajo el control jordano durante 19 años.

El Estado palestino tendrá que estar desmilitarizado, como es el caso de Costa Rica. Además, hasta que un clima pacífico se consolide, sus fronteras deberán ser controladas por los países amigos y por el propio Israel.

Proponer dividir a los aproximadamente 300.000 colonos en tres grupos (una idea originalmente planteada por el escritor A.B. Yehoshua), sobre la base de una fórmula a ser negociada. El primer grupo se trasladaría a varios lugares dentro de Israel. El segundo permanecería en el nuevo Estado – después de todo, si la población de Israel es una quinta parte árabe, entonces ¿por qué Palestina no puede incorporar 100.000 judíos?-. El tercer grupo, junto con las zonas donde viven, terminarían anexadas a Israel.

La paz debe convertirse en una nueva era para los refugiados árabes. Los campos de la mísera crónica tendrán que ser desmantelados definitivamente, y sus habitantes trasladados a diversas áreas del nuevo Estado. Los países árabes ricos, que vierten fortunas en proyectos faraónicos, deberían comprometerse a crear granjas, fábricas y viviendas para esta gente. Y esta gente sería el mejor «abono» para el aún inexistente Estado palestino.

Netanyahu también podría expresar el deseo de avanzar hacia una Confederación palestino-israelí-jordana, que abarcaría la zona histórica de toda Palestina.

Estas no son las únicas iniciativas necesarias y posibles. El objetivo es nítido: dar lugar al amanecer de un nuevo Estado árabe, que pueda vivir y prosperar junto a Israel, sin mantener reclamaciones eternas o continuar dañando y dañándose con el papel de víctima. Para lograrlo es imperativo que los líderes de Israel tomen el volante y empiecen a apretar el acelerador.

El Dr. Marcos Aguinis es el autor más leído, con más de 30 obras de ficción y no ficción en su país natal, Argentina. Ganó muchos premios literarios, y tiene doctorados honoris causa por la Universidades de Tel Aviv y la Universidad Hebrea.

Traducido para porisrael.org  por José Blumenfeld

 
Netanyahu won’t attain peace with return to 1967 borders
Netanyahu is in the same position as Begin of 1979. And if he can recover the initiative – he has a good chance of achieving peace.

By Marcos Aguinis

Haaretz.com

A wave of recognition of the nonexistent «free and independent» State of Palestine is moving through Latin America and beyond. Though the precise meaning of this development is uncertain, it’s clearly part of a strategy aimed at imposing a fait accompli. It is a dangerous strategy that will only amplify the climate of hostility, and push off prospects for a solid and long-lasting peace.

Such a nonexistent state will be based on reinstatement of the 1967 borders, which are not real borders at all, but rather armistice lines, and establishment of East Jerusalem as its capital. Such an unhealthy formula could reach the United Nations in the first half of 2011, where an automatic anti-Israel majority can be expected to vote for recognition.

Though the new State of Palestine will begin to function in a provisional capital in Ramallah and in the territory currently under its control, it will seek international support to force a total Israeli withdrawal, the redivision of Jerusalem and the evacuation of 300,000 settlers in Judea and Samaria, as well as Israel’s acceptance of hundreds of thousands of Palestinian refugees. And when Israel fails to comply, it will stand accused of violating international law and find itself subject to sanctions.

Needless to say, the UN will not worry if Palestine is demilitarized or not, nor will it press for measures to control the influx of missiles that could hit the most strategic points in Israel.

One has to be blind or bereft of memory to fail to understand the imminent danger, and the passiveness of Israeli leaders’ response is outrageous. They commit the sin of losing the initiative. The consequences will be dire.

Moshe Dayan, when asked in 1975 what Israel intended to do vis-a-vis the territories occupied in the Six-Day War, responded that «the decision is not to decide.» Dayan apparently forgot that it was a timely decision in early June 1967 that saved Israel from a certain demise.

Had Israel followed that war with additional initiatives – e.g., the return of two-thirds of Sinai and a small strip of the Golan Heights, as well as creation of a demilitarized Palestinian state in part of the West Bank – the world would have supported it. But this did not happen. Later, when concessions were made, they were far larger.

In 1977, the initiative came from Egyptian President Anwar Sadat, and its impact meant that the hawkish politician Menachem Begin withdrew from Sinai to the last inch. To be sure, Israel’s concessions were praised, and it looked as if peace with its other neighbors was inevitable. But this move also set a grave precedent, establishing the pre-1967 borders as the standard and ignoring the fact that borders in the Middle East are ever-changing. It was obvious that Syria would not settle for less than Egypt received. And now, the Palestinian are asking for similar terms.

What initiatives should Israel take in the current situation, which we can characterize as one of emergency?

I believe that Benjamin Netanyahu is in the same position as Begin of 1979. And if he can recover the initiative and persuade world opinion that the division of Jerusalem and the re-establishment of «Auschwitz borders» (as Abba Eban referred to the pre-1967 lines ) are not the best options – he has a good chance of achieving peace.

Netanyahu should publicly ask President Obama to convene and participate an urgent meeting at Camp David, with the president and the prime minister of the Palestinian Authority. He should state his intention to turn over to the future Palestinian state significant parts of the territories, but with modifications that should benefit both parties, in terms of population and security concerns. He should commit to providing technological support to the new state in the areas of agriculture, electricity, water, health care and tourism.

At the same time, the premier must make it very clear that Israel will not allow the violation of freedom of worship, the desecration of holy sites or the re-division of Jerusalem.

The Palestinian state should be demilitarized, as was, for example, Costa Rica. Additionally, until a fraternal atmosphere is consolidated, the borders should be monitored by friendly countries and by Israel itself. I propose dividing the approximately 300,000 settlers into three groups (an idea originally raised by A.B. Yehoshua ), on the basis of a formula to be negotiated. The first group would move to various places within Israel. The second would remain in the new state – after all, if Israel’s population is one-fifth Arab, then why can Palestine not incorporate 100,000 Jews? The third group, together with the areas where they live, should be annexed to Israel.

Peace should constitute a new era for the refugees of the 1948-49 war. The camps should be dismantled, and their residents transferred to areas within the new state. The rich Arab countries that pour fortunes into pharaonic projects, should commit themselves to create farms, factories and homes for these people: This would be the best «fertilizer» for the Palestinian state.

Netanyahu could also express the desire to see an Israeli-Palestinian-Jordanian confederation, which would encompass the historical area of Palestine.

These are not the only initiatives required, but they can lead to others. The objective: to bring about the dawn of a new state that could live and prosper alongside Israel, without making endless claims or continuing to play the role of victim. To achieve this end, it is imperative that Israel’s leaders take the steering wheel and start pressing the accelerator.

Dr. Marcos Aguinis is the best-selling author of more than 30 works of fiction and nonfiction in his native Argentina. He is the winner of many literary awards, and holds honorary doctorates from both Tel Aviv University and the Hebrew University.

Difusion: www.porisrael.org

 
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