Por Israel
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| jueves abril 16, 2020
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El conflicto israelo –palestino debe ser resuelto , pero no es la raiz de la inestabilidad


Ana Jerozolimski

Semanario hebreo. Uruguay


PalestinaMixIsraelLos sucesos de las últimas semanas en diferentes partes del mundo árabe, muy especialmente en Egipto, han llevado a análisis contradictorios acerca de la incidencia que las manifestaciones deben tener en las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Algunos alegan que los choques en la plaza Tahrir y la inminencia de la caída del régimen de Mubarak en Egipto, demuestran cuán cautelosos hay que ser en esa zona del mundo, o sea que no hay que apurarse a negociar “a lo loco”, y por cierto no a hacer concesiones. Otros, con la misma firmeza, consideran que la conclusión debe ser justamente la contraria y que quien desea frenar el peligro y garantizar que las cosas no estén peor, debe asegurarse de que al menos en un tema clave como las negociaciones israelo.-palestinas, se llegue a buen puerto. Eso, aseguran, neutralizará a los extremistas o al menos reducirá lo potencialmente negativo de su comportamiento.

En realidad, unos y otros tienen parte de la razón.

El término medio, nosotros optamos por plantearlo de otra forma: es imperioso lograr la paz entre israelíes y palestinos, sin lo cual el futuro de los dos pueblos seguirá repleto de demasiados problemas, pero por otra parte, todo lo que está sucediendo en Egipto-y que se da en mucho menor escala en otros países de la zona-deja en claro que no es el tema israelo palestino el origen de la inestabilidad en la zona. El problema central, de fondo, es la forma en que viven la masas de Oriente Medio, la medida en que la democracia ha sido ajena a su realidad diaria y la repercusión que ello tiene sobre su educación..También sobre la visión de paz y tolerancia.

La inestabilidad derivada de la cuestión palestina y su choque con Israel, habría sido evitada desde un principio, claro está, si los árabes hubiesen reconocido a Israel al crearse, en lugar de lanzarse a la guerra en su contra. Pero aún dejando de lado ese “pequeño” detalle histórico, nos parece claro que aún sin restar importancia ni por un minuto a lo esencial de que se logre la paz entre las partes, el  origen del problema clave de los pueblos de Medio Oriente radica en su falta de democracia, los regímenes autoritarios que los gobiernan y la nefasta situación en la que se hallan sus pueblos.

Nada se puede vaticinar con plena certeza en Oriente Medio. Pero lo más lógico, en esa zona y en el mundo todo, es que quien vive en democracia y recibe trato digno de sus gobernantes, ve en la paz y no en la guerra, lo normal de su existencia.

Es en ese punto que se conjugan ambos temas. Ojalá que si lo que está ocurriendo ahora es, como dicen los optimistas, el comienzo de la “primavera árabe”, la mejora en la situación interna de los países de la zona, conduzca también a tiempos de paz con su vecino-el de todos los árabes, no sólo de los palestinos- o sea Israel.

 
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