Por Israel
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| jueves abril 16, 2020
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¿Recién ahora se dan cuenta?


Más allá de los análisis de especialistas diversos –entre ellos también árabes, musulmanes- que alegan que lo que hay de fondo es otra cosa y no necesariamente la búsqueda de la democracia, el hecho es que Occidente reaccionó como si no creyera que en “el principal país del mundo árabe”, había razones para lanzar una revolución.

Nos parece captar una mezcla de entusiasmo e incredulidad-que a medida que pasan las semanas, es verdad, se va moderando un poco (la incredulidad, no el entusiasmo)- por el impresionante contagio de un país a otro. De Túnez a Egipto, de Egipto a parte de Argelia y Yemen, algo en Jordania, un poco en Marruecos, y ni que hablar de la locura que se está viviendo en Libia. Locura, no por la osadía de los ciudadanos que desafían a su tirano de hace más de 40 años, sino por la represión asesina de Muamar Gaddhafi cuyos detalles ya conoce todo aquel que sigue aunque sea un poco los informes por prensa y televisión: al parecer ya mil civiles muertos, misiles disparados por la Marina hacia los manifestantes, órdenes a la Fuerza Aérea libia de bombardear a sus propios conciudadanos en Bengazi.

Paralelamente al entusiasmo y la esperanza que inspira en todo demócrata lo que está ocurriendo en el mundo árabe-aún si de fondo somos conscientes de los riesgos que traen también las posibles alternativas-, no podemos evitar tener también otro sentimiento. No podemos evitar preguntarnos retóricamente si acaso no sabían antes que los pueblos del mundo árabe tienen hace mucho razones para rebelarse.

¿Recién ahora se dan cuenta en Occidente de que el mundo árabe es un cúmulo de regímenes totalitarios de distintos tipos, lejanos de la democracia y el respeto a los derechos de sus ciudadanos?

Un elemento claro y evidente, es la longevidad de los regímenes que paulatinamente están siendo derrocados u obligados a lidiar con serias protestas.

El Presidente de Túnez  Zine el-Abidine Ben Alí , abandonó su país al comienzo de la ola que golpea al mundo árabe, tras 23 años en el poder, basado en la fuerza del ejército. Hasta unos días antes de escapar, estaba hablando de postularse para un nuevo período en el 2014, con lo que se interpreta había sido la intención de promover  para después, la candidatura de su segunda mujer.

Mubarak, en Egipto, cayó poco antes de cumplir tres décadas en el poder, que heredó de Anwar el-Sadat, asesinado años después de heredar el poder de Gamal Abdel Nasser….años después de la revolución de los “Oficiales Libres” que en 1952 derribó al Rey Faruk. Mubarak tenía planeado entregar el poder a su hijo Gamal.

En Argelia,  el Presidente Abdel Aziz Buteflika, entregó gran parte del poder a su hermano Saidy, preparando la continuación de la dinastía.

En Libia, van ya casi 42 años de Ghaddafi en el poder, siendo únicamente sus hijos los que se salvaron hasta ahora de las varias purgas que su padre fue haciendo. El mayor, Saif al-Islam (lindo nombre—la espada del Islam), es considerado en más moderado y hasta de tono reformista en términos de derechos humanos…pero al parecer esa interpretación la habrá hecho algún analista que juzgó sólo en base a que el hombre  viaja a menudo a Roma y se viste moderno….su verdadera piel salió a la luz hace unos días, cuando en medio de los disturbios en Libia, se plantó frente a la pantalla de la televisión oficial libia y advirtió que “habrá baños de sangre si no para la revuelta…hasta la última gota”.

En Yemen tampoco hay novatos en el gobierno. El Presidente ali Abdallah Saleh está al frente desde hace 32 años y ya había designado a su hijo Ahmed Saleh para sucederlo…

Especial atención despierta Siria, cuyo Presidente Bashar el-Assad, sucedió en el 2000 a su padre, el sangriento Hafez el-Assad, que había regido los destinos del país durante tres décadas. El poder está en manos de la minoría alawita, algo de por sí no muy democrático que digamos.

Pero el tema no es solamente los numerosos años al frente sin elecciones democráticas auténticas, sino el carácter de los regímenes, que oscilan entre el autoritarismo  duro y el instinto asesino sangriento. En el medio, ninguno de los matices es alentador. Ahora está claro ante todos, que el gobierno de Mubarak, era un juego de niños en comparación con el libio, por ejemplo.

Son décadas sin democracia, de represión, falta de libertad y de respeto al ciudadano. Son décadas de corrupción, apropiamiento de dineros públicos, de violación constante y sistemática de los derechos humanos de las respectivas poblaciones de cada uno de estos países.

¿Recién ahora se dan cuenta en Occidente?

Durante años, los informes de organizaciones de Derechos Humanos  dedican sendos capítulos a la situación en distintos países del mundo árabe e islámico. Las violaciones de los derechos humanos son sistemáticas y constantes.

En el portal árabe “Al Bab”, leímos una nota interesante e n la que se admite que “acuerdos internacionales, como ser convenciones de la ONU relacionadas a los derechos humanos, presentan a los países árabes (y en términos más generales a los países islámicos), con un dilema”. El sitio, con evidente  autocrítica, señala que “por un lado, los países árabes son renuentes a aceptar al principio de la universalidad, arguyendo que debe haber excepciones por consideraciones culturales o religiosas, mientras que por otro se sienten en la necesidad de demostrar que el Islam respeta los derechos humanos, suscribiendo las convenciones de la ONU”.

Y agrega “Al Bab”:  “El convertirse en firmante de diversas convenciones de derechos humanos, da respetabilidad sin que necesariamente se creen obligaciones serias reales en términos de cumplimiento-ante todo porque las convenciones mismas carecen de mecanismos apropiados y en segundo término, porque  los suscriptores  de una convención de la ONU pueden simplemente ignorar partes de la misma, pidiendo registrar sus “reservas”…En algunos casos, estas reservas pueden tener tal  alcance, que niegan la esencia sustancial del acuerdo”.

A pesar de todo esto, en una reunión de la Liga Árabe realizada el 5 de agosto de 1990, todos sus miembros-entre ellos, por cierto, países en los que el pueblo se está rebelando ahora- suscribieron lo que se conoce como “La Carta Árabe de los Derechos Humanos”.  El tupé de los firmantes  no les impidió comenzar hablando del “derecho a la vida en dignidad en base a la libertad, la justicia y la paz”…, seguir afirmando que “…el mundo árabe todo siempre ha trabajado en forma mancomunada…..para luchar en protección de su libertad…con fe en el gobierno de Derecho y en que cada individuo disfrute de libertad, justicia e igualdad de oportunidad……” y agregar el broche de oro:  “rechazo del racismo y el sionismo, que constituyen una violación de los derechos humanos y constituyen una amenaza a la paz mundial”.

 

Estimamos que  ahora, son más los ciudadanos del mundo-al menos entre aquellos que han estado mirando televisión- que comprenden quién viola los derechos humanos y quién amenaza la paz.

Difusion: www.porisrael.org

 
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