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El drásticamente cambiante Medio Oriente y la constante israelí


Lenny Ben-David

Jpost.com

21/03/2011

middleeast-flagsLa guerra que se lleva a cabo contra occidente y sus aliados es, a menudo, una guerra que se lleva a cabo en secreto.

El Congresista por Nueva York Gary Ackerman y yo compartimos el mismo podio, hace 12 años, cuando hablamos para el lobby estadounidense-indio (India, como en Calcuta). Gary era honrado debido a su estrecha relación con ese país y con sus hijos e hijas estadounidenses. Yo hablé como representante de una de las más pequeñas democracias del mundo.

Ese episodio describe varios factores en el papel del Congreso en la política exterior. Aunque es, tradicionalmente, el vigilante del Poder Ejecutivo, el Congreso y sus miembros suelen apoyar, fomentar y, a veces, tratan de moldear la política estadounidense.

Antes de desempeñarme como embajador adjunto en Washington, trabajé en el AIPAC durante 25 años, incluyendo 15 años como director de su oficina en Jerusalem. En ese período fui testigo de cambios importantes respecto de cómo el Congreso se involucró en la política de Medio Oriente y cómo, con el apoyo del Congreso, se profundizaron las relaciones entre Israel y Estados Unidos.

Tengan en cuenta los cambios en la política estadounidense que los siguientes elementos reflejan:

• Cuando Israel destruyó el reactor Osirak de Saddam Hussein, en 1981, el gobierno de EE.UU. impuso a Israel un embargo de aviones F-16. En 2007, cuando un reactor sirio fue destruido – presuntamente por aviones de la FAI – en EE.UU. no se expresó ni una palabra de desaprobación.

• En 1982, una enorme venta estadounidense de aviones AWACS y componentes de F-15 a Arabia Saudita, dio lugar a una dura batalla política en el Capitolio. La Cámara de Representantes votó abrumadoramente oponiéndose a la venta; en el Senado, la venta fue aprobada por 52 a 48. Actualmente, una venta de $60 mil millones de nuevos aviones a Arabia Saudita, se está considerando, pero hay pocas palabras objetándola. Mientras tanto, los organismos de defensa de EE.UU. e israelíes establecieron una relación íntima de consultas, cooperación, intercambio de inteligencia y ejercicios conjuntos.

• En la década de 1970, los asesores del Consejo de Seguridad Nacional objetaban que los miembros del Congreso llamaran a Israel un aliado estadounidense o un activo estratégico. Hoy en día, sólo un puñado de los más estridentes detractores de Israel se harían eco de esos sentimientos.

• Con Israel considerado un aliado estratégico, EE.UU. ayuda a desarrollar y financiar parte de su tecnología militar de vanguardia, como el misil Arrow y el sistema Cúpula de Hierro, para derribar cohetes y misiles en los arsenales de Irán, Siria, Hezbollah y Hamas. La ayuda exterior de EE.UU. permite «la adquisición en el exterior» de los equipos.

• La legislación de EE.UU. ha permitido el desarrollo de proyectos conjuntos de investigación en agricultura, tecnología de punta, ciencia, e I&D industrial. Justo el año pasado, proyectos conjuntos del programa binacional de I&D agropecuario, hermanaron a instituciones israelíes de investigación con científicos de la Universidad de Maryland, Cornell, Penn State, Hawai, Auburn, Arizona, UC Davis, Northern Texas, Washington, Oregón, Kentucky, Michigan, Purdue, Nevada, Washington State, UC Berkeley, Michigan State, U Misa, Southern Florida y UC Riverside.

• Con el Congreso preparando tales bases a lo largo de los años, el gobernador de Massachussets, estuvo recientemente en Israel con un equipo de funcionarios e industriales, para examinar proyectos conjuntos. Más de 100 empresas de Massachussets tienen conexiones israelíes.

Éstas emplean a 6.000 trabajadores y generan $2,4 mil millones.

Hace muchos años, le escuché al fundador del AIPAC, Si Kenen, advertir que, en Washington, los «años pares pertenecían a los israelíes, los años impares a los árabes».

Con eso sugería que consideraciones de política interna, y electorales, eran factores en la determinación de la política de EE.UU. Pero eso no es cierto hoy en día, en parte debido a la constante participación del Congreso en la política exterior:

• El mes pasado, muchos observadores le acreditaron a las preocupaciones del Congreso la ayuda para que la administración decidiera vetar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando a Israel.

• En 2009, el Congreso, efectivamente, presionó por fuertes sanciones contra el gobierno iraní. Estas medidas dieron lugar a graves trastornos en la banca y el transporte marítimo iraníes. Algunos países, pero no los suficientes, al ver la determinación de Estados Unidos sobre esta cuestión, se adhirieron.

• Y el Congreso va a desempeñar un papel fundamental en la aprobación de la ayuda externa, y en la naturaleza de dicha ayuda, a los países de Medio Oriente que experimentan transiciones históricas – países como Líbano y Egipto.

Aaron David Miller, uno de los negociadores veteranos de EE.UU. en Medio Oriente, preguntó el mes pasado, en Foreign Policy online, «¿Correrá [la administración] a mimar y cortejar a los nuevos demócratas árabes, haciéndolo a expensas de Israel?… En pocas palabras, ¿La primavera de los árabes se convertirá en el invierno para los israelíes?» Miller llega a la conclusión que no, y sugiero que la primavera podría muy bien dar lugar a un verano tranquilo.

Si bien el Oriente Medio está, realmente, experimentando un cambio drástico, algunas constantes no cambiarán.

EE.UU. e Israel siguen siendo socios estratégicos que enfrentan desafíos sin precedentes. La guerra que se lleva a cabo en contra de Occidente y sus aliados es una guerra que, a menudo, se lleva a cabo en secreto. Es una guerra de zumbidos y una guerra cibernética, de medidas inusuales contra combatientes no convencionales, tal como la reciente decisión del presidente Barack Obama de mantener el centro de detención de Guantánamo.

En estas áreas, EE.UU. e Israel, presumiblemente, trabajan en estrecha colaboración. La naturaleza de esta cooperación debe mantenerse en secreto, a pesar de los mejores – o peores – esfuerzos de WikiLeaks. Pero, quizás lo más importante, ambos países se dan cuenta de que para mantener sus identidades democráticas y su compromiso con la justicia, deben adaptar estas medidas para que se ajusten a sus leyes y no que sus leyes se adapten a estas medidas.

La constante común depende de que los públicos, en EE.UU. e Israel, defiendan estos ideales. No es de extrañar, entonces, que el apoyo a Israel entre el público estadounidense y, por extensión, entre sus representantes electos, se mantenga en máximos casi récord.

El escritor se desempeñó como subjefe de la misión en la embajada de Israel en Washington. Actualmente es consultor en asuntos públicos y blogs en www.lennybendavid.com. Este artículo es un extracto de un documento preparado para el seminario Capitol Hill de la Conferencia Jerusalem para Política Internacional.

http://www.jpost.com/Opinion/Op-EdContributors/Article.aspx?id=213201

Traducido para porisrael.org  por José Blumenfeld
Difusion: www.porisrael.org

 
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