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Recogiendo los Fragmentos del Holocausto


Sal Emergui

Jerusalén

Elmundo.es

01/05/2011

La_sala_de_Yad_Vashem

La sala de Yad Vashem donde se analizan todos los objetos relacionados con el Holocausto. | S.

Cuando, sólo en el último año, 13.000 supervivientes del horror nazi fallecen en Israel, el tiempo se convierte en un enemigo innegociable. El Museo del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem) lo sabe y por eso lucha desesperadamente contra la amenaza del olvido. 13.000 historias perdidas por la muerte de sus protagonistas pero que fueron o pudieron ser grabadas en la memoria colectiva gracias a sus testimonios y sus fragmentos. Israel, donde hay 208.000 supervivientes, conmemora el Día del Holocausto (Shoa) intentando encontrar cualquier objeto que perpetúe el recuerdo.

Entrañas de Yad Vashem en Jerusalén. Mientras numerosos visitantes recorren las imágenes, retratos, vídeos e historias humanas de la Shoa, Haim Gertner y su pequeño grupo de expertos navegan entre los documentos y objetos llegados de los cinco continentes. Su misión: encontrar y aportar piezas auténticas y reales al tremendo puzle que montó Adolf Hitler en el Viejo Continente.

Es también el nexo del pasado analógico y trágico al presente moderno y digital. «Queremos poner todos los documentos hallados en las últimas décadas en la Red. Crear una colección digital que consiga sobreponerse al tiempo.», nos dice Gertner, el director del Archivo de Yad Vashem, el mayor del mundo sobre el Holocausto. No le falta trabajo con más de 130 millones de documentos, 385.000 fotografías, 2.2 millones de documentos con declaraciones de testigos y 200.000 horas de grabaciones de audio y vídeo.

Con motivo del Día del Holocausto que se conmemora el lunes en Israel, Yad Vashem lanza una ambiciosa campaña para recolectar objetos personales relacionados con la Shoa. «Recogiendo los Fragmentos» pide al gran público, especialmente a los supervivientes y sus familiares, que recopilen y entreguen fotografías, diarios, cartas, partidas de nacimiento, canciones, testimonios, obras artísticas y todos los objetos que tengan que ver con esa trágica época. 66 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, cualquier papel tiene su razón de ser. Para conocer mejor la historia y no olvidarla.

«Hay muchos objetos como cartas fechadas en los 30 y 40 que el dueño no cree que tienen importancia. Pero para nosotros son muy relevantes ya que son pequeños detalles que ayudan a acercarnos a lo que pasó”, afirma Gertner.

Poner nombre a los asesinados

En una pequeña sala de Yad Vashem y como si fueran científicos, varios expertos israelíes analizan los objetos con máquinas y mucho mimo. Por muy pequeños que sean. Cada fragmento es oro. El que entra en la sala es visto con cautela, limitando la posibilidad de fotografiar los objetos, muchos de los cuales tienen décadas de intensa historia. Sus manos tratan algo más que una reliquia. De hecho, su labor recuerda a la sala central de la Bolsa de Diamantes de Ramat Gan, cerca de Tel Aviv, en la que pulen los diamantes. En este caso, el valor no es económico sino emocional, histórico y educativo.

Gertner es el responsable de una misión muy difícil: poner nombre y apellidos a los seis millones de judíos asesinados por la maquinaria nazi. De momento han conseguido documentar cuatro millones. Llegar a todos es un objetivo casi imposible. “Desgraciadamente no creo que podamos conocer todos los nombres de los seis millones porque muchas familias y comunidades judías fueron totalmente destruidas. Es decir, los nazis acabaron con sus vidas y no dejaron rastro alguno. No querían pruebas de sus terribles acciones. Libros, documentos, fotografías y recuerdos eran borrados con esa intención”, comenta Gertner.

Europa Oriental es la zona que crea más dificultades para llegar a la identidad completa de las víctimas. Especialmente en Polonia donde fueron exterminados tres de los 3,3 millones de judíos que vivían en el país. De las víctimas de Europa occidental, él conoce ya el 90%. «Faltan dos millones de nombres que son básicamente de Polonia, Bielorusia, en general de los países del Este”, confirma este hombre acostumbrado a cruzar datos, fechas, listados, testimonios y anécdotas de hace muchas décadas.

El presidente del Consejo de Yad Vashem, el Rabino Israel Meir Lau, considera que «es imprescindible recoger todos los objetos del Holocausto y encontrar el nombre a cada víctima. Es una carrera contra el tiempo. Hay que actuar antes que los que aún se acuerdan se vayan para siempre». Meir Lau era un niño cuando sobrevivió al campo de exterminio de Buchenwald. Sus padres y otros familiares fueron asesinados por los nazis.

Yad Vashem ha convocado a los supervivientes y sus familiares a llevar este lunes todos los objetos relacionados directa o indirectamente con el Holocausto para que sean guardados «eternamente». Es la primera etapa de una contrarreloj. La muerte se acerca y el testimonio languidece. En Israel, el 50% de los supervivientes del Holocausto tienen ya más de 80 años. Cada día, 30 supervivientes fallecen. Sus objetos de esa oscura época, pues, se convierten en su única voz. Su legado.

 

 
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