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| domingo abril 19, 2020
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Obama y el péndulo de Foucault


Ruben Kaplan

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El martes 19 de mayo, en Washington, el presidente norteamericano Barack Husein Obama, en el marco de un oprobioso discurso político sobre Medio Oriente, previo al arribo del Primer Ministro de Israel, Binyamín “Bibi” Netanyahu para reunirse con él en la Casa Blanca el viernes 22, expresó que Israel debería retirarse a las líneas anteriores a las de de la Guerra de los Seis días de 1967 -demarcaciones llamadas Auschwitz por el recordado ex Canciller israelí Abba Eban- con intercambios de tierra consensuados por las partes, como punto de partida para las negociaciones de paz con los palestinos.

Lo expresado por Obama -el primer mandatario que exige una retirada de Israel sin las mínimas medidas de seguridad indispensables y no tiene en consideración los innumerables ataques terroristas contra el Estado judío por parte de palestinos, así como olvida la garantía dada por el presidente George Bush en 2004 al ex Primer Ministro Ariel Sharon, por la cual se comprometía a no forzar a Israel a retornar a las fronteras de 1967, causó perplejidad y consternación en Israel y mereció la inmediata réplica de Netanhayu, quien firmemente dijo que su país no se retiraría de ningún modo a las líneas de 1967, puesto que éstas eran indefendibles y que la seguridad de Israel exigía la presencia imperiosa del IDF (Israel Defense Force) en el Río Jordán. Asimismo, enfatizó que Jerusalén seguirá siendo la capital  indivisible del Estado de Israel, pronunciamiento que también había hecho en el 2008 en tiempos electorales, el presidente Obama. Evidenciando una mezquina ambición política, en detrimento de los intereses de su país, la líder del partido de oposición Kadima, Tzipi Livni, criticó a Netanyahu y defendió el discurso de Obama. Una reciente encuesta realizada en Israel antes del brillante discurso de Netanyahu en el Congreso de EE.UU. indica que la posición de Livni, le valdría perder seis escaños en la Knesset. Quienes se unieron a la crítica al Primer Ministro de Israel, fueron los consabidos grupos de izquierda israelí. Uno de sus más conspicuos exponentes, el líder de la agrupación Shalom Ajshav, Iariv Oppenheimer, en una delirante declaración, instó al Primer Ministro Binyamin Netanyahu a pedir perdón al presidente Obama al que, según él, desprecia porque no es rico ni blanco.

En su cuestionada alocución, Obama no hizo referencia al pretendido “derecho al retorno” núcleo central de cualquier negociación, por el que bregan por igual la ANP y el Hamas, que pretenden que los expulsados en la Guerra de la Independencia de Israel en 1948, -originada cuando siete países árabes de la región atacaron al flamante Estado judío, rechazando la partición de la ONU- millones de familiares o descendientes de aquéllos, incluidos los que huyeron  voluntariamente a instancias de sus dirigentes, regresen como refugiados para reducir a los judíos a una minoría en su propio país. Al respecto opinó Bret Stephens, editor de la sección Relaciones Exteriores y Director Adjunto de la página editorial de The Wall St Journal, quien dijo que Obama trató con desdén un día antes de su visita a Netanyahu y calificó al plan de paz pergeñado por el presidente Obama, entre Israel y los palestinos, como una “fórmula de guerra”. Stephens acusó a Obama, quien dijo en su discurso «es tiempo de decir la verdad», de componer el lenguaje que sirvió como un «tejido fino de falsedades, prestidigitación retórica, omisiones y auto-contradicciones. 

Si realmente el Presidente Obama, fuera pro-Israel «él debería decirle a los palestinos que no existe ningún derecho de retorno»  y debe esbozar las consecuencias específicas y duras que debe enfrentar por unirse Hamas al Gobierno.» El Presidente elucubró y desestimó las cuestiones de la situación de Jerusalén y de los refugiados, sugiriendo que la Autoridad Palestina e Israel deben discutir, después de un acuerdo sobre un Estado palestino la contradicción inherente.

La repercusión negativa que produjo el escandaloso discurso y la tajante reacción de Netanyahu rechazándolo, plus la crítica de muchos medios estadounidenses, persuadieron a  Obama, cuando habló ante 11.000 delegados del influyente lobby pro- israelí American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), para que hiciera un giro y adoptara un tono conciliador «Aún cuando es posible que a veces no estemos de acuerdo, como amigos, los lazos entre Estados Unidos e Israel son irrompibles, y el compromiso de los Estados Unidos para la seguridad de Israel es riguroso.»En un denodado intento por aclarar lo que había expresado anteriormente, Obama llamó a la creación de un «Estado soberano y contiguo» para los árabes palestinos y dijo que «las fronteras de Israel y de Palestina deben basarse en las líneas de 1967». Por lo tanto no estaba pidiendo un retorno a las líneas de 1967, pero sí nuevas fronteras «basadas en las líneas de 1967». 

Obama recordó súbitamente la garantía que el Presidente Bush dio al primer ministro Ariel Sharon en 2004 contra un retorno a las indefendibles fronteras de 1967, añadiendo que los cambios demográficos sobre el terreno y los intereses de ambas partes  deben ser realistas y están  obligados a cambiar en las negociaciones. El presidente norteamericano ofreció otra concesión clave, aclarando su comentario del jueves pasado, cuando dijo que el futuro Estado palestino compartiría fronteras con Jordania, Egipto e Israel, pero no se refería a las disposiciones de seguridad exigidas por Israel, como una presencia militar en la frontera del río Jordán. El domingo, Obama explicó que el retiro de las FDI del territorio que se asignaría al Estado palestino en las negociaciones de paz se evaluará para que coincida con la capacidad garantizada del nuevo Estado y las fuerzas de su seguridad para impedir el terror, armas de contrabando e infiltración. De lo contrario, Israel permanecería en la Ribera Occidental.

En otra rectificación de sus declaraciones, Obama ofreció importantes concesiones a Israel. Dijo que Estados Unidos se comprometerá a mantener la ventaja militar cualitativa de éste y que tiene un compromiso inquebrantable de Israel como la patria del pueblo judío. También se comprometió a impedir que Irán adquiera armas nucleares y a oponerse a cualquier intento por mellar la legitimidad de Israel. Ratificó que su país de opondrá a un Estado palestino declarado unilateralmente. Sin embargo, la pretensión de los palestinos cuenta con el respaldo de muchos países de la ONU y de gran parte de la Unión Europea, de la que muchos de sus integrantes fueron cómplices por omisión o colaboración, del Holocausto.

Obama agregó que Israel no puede negociar con un partido como Hamas que planea su destrucción.”Hamas (omitió calificarlo como grupo terrorista) debe liberar a Gilad Shalit a quien mantiene (secuestrado) por largos cinco años”.

El apoteótico recibimiento que tuvo el discurso pronunciado por Netanyahu  el 24 de mayo en el Congreso de EE.UU., interrumpido en 29 ocasiones por los aplausos de los parlamentarios Republicanos y Demócratas, no fue óbice para evitar que el Primer Ministro de Israel fuera criticado por los suyos y denostado por sus enemigos.

A raíz de sus comentarios diciendo que Israel debería hacer desgarradoras concesiones de territorio de su patria, y que «en cualquier acuerdo de paz que termine el conflicto, algunos asentamientos acabarán más allá de las fronteras de Israel”, el viceprimer ministro Silvan Shalom dijo a una audiencia en Kiryat Arba, que con su discurso Netanyahu había desafiado la política de su partido Likud. Shalom dijo que dejar a los residentes judíos de Judea y Samaria bajo control palestino «no es mi punto de vista ni la política del Likud». También hizo un llamado para mantener Hebrón en cualquier acuerdo con los palestinos y para la inclusión de la Tumba de José en Naplusa, a una lista de sitios del patrimonio nacional.

Naturalmente, los palestinos reaccionaron al discurso de Netanyahu como cabía esperar.

Nabil Shaath, ayudante del Presidente palestino Mahmoud Abbas, dijo que la insistencia de Netanyahu en mantener las piezas claves de los territorios que los palestinos quieren para su estado es una «Declaración de guerra contra los palestinos». «Tenemos nada más  que continuar nuestra lucha en la arena internacional  para seguir construyendo nuestro estado y continuar nuestra lucha popular». No tenemos un socio para la paz». Por su parte el líder del grupo terrorista Hezbollah- que al igual que Hamas niega el derecho a la existencia de Israel- el jeque Hassan Nasrallah, dijo que Estados Unidos e Israel tienen los mismos objetivos y que Obama y Netanyahu han dado un golpe mortal a la paz.

El péndulo del físico Jean Bernard León Foucault prueba visualmente la rotación de la Tierra. Es de esperar que Obama ponga fin a sus oscilaciones y adopte una actitud firme como quiere la mayoría de los norteamericanos, contra el Islam radical, que más allá de pretender crear un estado palestino, está lejos de querer la paz con Israel y persigue su destrucción.


 
Comentarios
carlota sason

Si Obama quiere tanto a los palestinos como buen musulman que es porque no les da un estado de Estados Unidos/ alla pueden vivir tranquilos, el problema es cuanto tiempo estaran sin hacer atentados y empezar a matar a los que viven alli

Por otra parte, Hamas dice que no tiene un «socio para la paz»… Para la paz de los cementerios(con la que ellos sueñan)seguro que no.

Julio Espinoza Vega

Obama: Estás hundiendo a tu partido. Ganará el GOP. Saludos, JEV

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