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| sábado octubre 12, 2019
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EE.UU. Acusa a Iraníes de Conspirar para Matar al Enviado Saudita


Se dijo que Adel al-Jubeir, el embajador saudita, era el blanco de un complot de asesinato que involucraba a un cártel de drogas mexicano.

Charlie Savage y Scott Shane

The New York Times

WASHINGTON – El martes, Estados Unidos acusó a funcionarios iraníes de conspirar para asesinar al embajador de Arabia Saudita ante Estados Unidos, en un extraño plan que involucraba a un iraní-estadounidense, vendedor de automóviles usados, ??y que se creía que había contratando, por $1,5 millones, a asesinos de un cártel de la droga mexicano.

El supuesto complot también incluía planes para pagarle al cártel, Los Zetas, para bombardear la embajada israelí en Washington y las embajadas de Arabia Saudita y de Israel en Argentina, de acuerdo a un funcionario del orden público.

Los conspiradores también discutieron un acuerdo paralelo entre la Fuerza Quds, parte del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, y Los Zetas, para canalizar toneladas de opio de Oriente Medio a México, dijo el funcionario. Sin embargo, los planes nunca progresaron porque los dos sospechosos – el iraní-estadounidense y un oficial de la Fuerza Quds iraní -, sin darse cuenta, estaban tratando con un informante de la DEA, dijeron los funcionarios.

El Fiscal General, Eric H. Holder Jr., quien anunció el plan de asesinato en una conferencia de prensa en Washington, dijo que estaba «dirigido y aprobado por elementos del gobierno iraní y, específicamente, por miembros de alto rango de la Fuerza Quds». Añadió que «funcionarios capos de esos organismos, que es una parte integral del gobierno iraní, fueron responsables de este complot».

Los cargos elevaron las tensiones en una relación ya tensa entre Irán y Estados Unidos.

El embajador iraní ante las Naciones Unidas, Mohammad Khazaee, dijo que su nación estaba «indignada» por las acusaciones. En una carta al Secretario General Ban Ki-moon, el Sr. Khazaee dijo que Irán «firme y categóricamente rechaza estas acusaciones inventadas y sin fundamento, basadas en sospechosas afirmaciones por parte de un individuo».

Arabia Saudita e Irán están enfrascados en una amarga rivalidad regional, que se ha intensificado a medida que competían por influencia, desde las convulsiones políticas de la Primavera Árabe. La Embajada Saudita en Washington denunció el complot contra el embajador, Adel al-Jubeir, como «una despreciable violación de normas, estándares y convenciones».

La afirmación de Holder y la versión del FBI respecto de la intervención oficial iraní en el complot, según se informa con el nombre clave de «Chevrolet», provocó perplejidad a los especialistas en Irán, que dijeron que parecía poco probable que el gobierno respaldara un descarado asesinato y un plan de atentado en suelo estadounidense.

Los funcionarios dijeron que también los investigadores, inicialmente, se mostraron escépticos acerca de los lazos con Irán. Dijeron, sin embargo, que el FBI monitoreó llamadas a Irán acerca del complot y encontraron que había sido girado dinero desde una cuenta bancaria de la Fuerza Quds. Además, el iraní-estadounidense acusado en el complot, Mansour J. Arbabsiar, identificó correctamente a un conocido oficial de la Fuerza Quds, de una muestra de fotos, y su primo – de quien dijo que lo había contratado para el complot – es otro funcionario de Quds.

No quedó claro, sin embargo, si el complot fue concebido por un elemento bribón o contaba con la aprobación de funcionarios de alto rango de la Guardia Revolucionaria o el gobierno iraní.

«Está tan fuera de su ruta normal de actividad», dijo un funcionario de orden público que había estado involucrado en la investigación y que sólo habló con la condición de anonimato. «Es un plan de bribones, o están usando tácticas muy diferentes. Simplemente no lo sabemos».

La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton expresó su incredulidad en una entrevista con The Associated Press.

«La idea de que tratarían de ir a un cártel de drogas mexicano para solicitarle el asesinato del embajador saudita, nadie podría inventarla, ¿Verdad?», preguntó, diciendo también que el complot «cruza una línea de la que Irán debe rendir cuentas».

El Departamento de Estado emitió el martes una alerta para los estadounidenses que viajan o viven en el extranjero, en relación con «la posibilidad de acciones anti EE.UU. como consecuencia del desbaratamiento» del complot, el cual, dijo «puede indicar un enfoque más agresivo, por parte del gobierno iraní, en relación a la actividad terrorista».

El Sr. Arbabsiar, de 56 años, un ciudadano naturalizado estadounidense que vive en Corpus Christi, Texas, fue nombrado en una denuncia penal federal en Nueva York, junto con Gholam Shakuri, a quien el Departamento de Justicia identificó como miembro de la Fuerza Quds.

El Sr. Arbabsiar, que un funcionario dijo que vendía automóviles usados para ganarse la vida, fue arrestado el 29 de septiembre en el Aeropuerto Internacional Kennedy de Nueva York; el Sr. Shakuri continúa prófugo y se cree que está en Irán.

Minutos después de que el Departamento de Justicia estableciera los cargos, el Departamento del Tesoro anunció sanciones contra cinco personas – entre ellos cuatro miembros «de alto rango» de la Fuerza Quds, que Estados Unidos designó como un grupo terrorista en 2007.

Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que el presidente Obama llamó al embajador saudita el martes, para expresarle su solidaridad, diciendo que el presidente «subrayó que Estados Unidos considera que este complot es una violación flagrante de las leyes de EE.UU. e internacionales, y reiteró nuestro compromiso de cumplir con nuestras responsabilidades para garantizar la seguridad de los diplomáticos destinados en nuestro país».

El Sr. Arbabsiar, que ha vivido en Texas durante muchos años, hizo una breve aparición en una corte federal en Manhattan el martes por la tarde, vestido con una camisa azul a cuadros y con una cicatriz pronunciada en su mejilla izquierda. No presentó una declaración, pero su abogada, Sabrina Shroff, dijo después de la audiencia que «si es acusado, se declarará inocente».

El caso comenzó en mayo, cuando un informante de la DEA, con vínculos con dirigentes de alto nivel de Los Zetas, les dijo a los agentes sobre una extraña conversación. Había sido contactado, dijo, por un amigo iraní de su tía en Corpus Christi – el Sr. Arbabsiar – con una propuesta para contratar al cártel para llevar a cabo ataques terroristas dentro de Estados Unidos. El Sr. Arbabsiar creyó que el informante era un miembro real de Los Zetas.

Durante los siguientes dos meses, el Sr. Arbabsiar y el informante llegaron a un acuerdo en virtud del cual el Sr. Arbabsiar les pagaría $1,5 millones a Los Zetas para matar al embajador saudita en un restaurante de Washington, dijeron los funcionarios.

La denuncia cita al Sr. Arbabsiar haciendo declaraciones contradictorias sobre la posibilidad de muertes colaterales, pero en un momento dijo que matar únicamente al embajador sería preferible, pero en otra ocasión dijo que no sería un «gran problema» si muchos otros en el restaurante – posiblemente incluyendo senadores de Estados Unidos – murieran en el bombardeo.

Nunca hubo ningún riesgo, dijeron los funcionarios, porque el informante estaba trabajando para la agencia de drogas, y sus reuniones en México y las conversaciones telefónicas estaban siendo grabadas por las autoridades de aplicación de la ley.

A principios de agosto, en una visita a Irán, el Sr. Arbabsiar transfirió casi $100.000 a la cuenta bancaria del informante como adelanto, según documentos judiciales. A finales de septiembre, voló a la ciudad de México desde Irán, con la intención de servir como «garantía» humana, para asegurar que se les pagaría a Los Zetas el resto de su dinero después de matar al embajador.

Pero el gobierno de México, a petición de Estados Unidos, le negó la entrada al Sr. Arbabsiar y lo puso en un vuelo comercial con escala en Nueva York, donde fue arrestado.

El martes, el Departamento de Justicia publicó una carta a la corte diciendo que el Sr. Arbabsiar había renunciado, en repetidas ocasiones, a su derecho a ser rápidamente llevado ante un juez y tener un abogado presente durante el interrogatorio. La carta decía que había confesado su papel en el complot y proporcionado «inteligencia de gran valor».

El Sr. Holder dijo que Estados Unidos «está comprometido a hacer responsable de sus acciones a Irán», pero se negó a responder a una pregunta sobre la motivación de los funcionarios iraníes por el presunto complot.

Expertos en Irán expresaron su asombro, tanto por la aparentemente torpe técnica y la meta incierta del intento de caos en suelo estadounidense.

 
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