Por Israel
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| jueves septiembre 12, 2019
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La gran misión de Reut: alegrar a los niños enfermos


Reut participó en un taller con los voluntarios de Teleton, trabajó con niños internados en el Pereira Rossell y con el grupo SER de payasos Médicos. El martes tuvo una actividad en la Facultad de Sicología, ayer se reunió con el grupo de payasos de la Kehila y trabajó con pacientes en el Hospital de Clínicas.

En su primera jornada en Uruguay, halló tiempo para responder a “Semanario Hebreo”. Le agradecemos por enriquecernos el alma.

P: Reut, tu llegaste a Uruguay como payasa médica y yo me pregunto si sientes que esto es solamente un trabajo para ti…Sin minimizar la importancia del trabajo como tal…quizás esto sea más que eso…una misión.

R: Para mí, trabajar como payasa médica es, ante todo, un privilegio. Poder trabajar en la profesión que amo y que me satisface  hace que vea esto de ser payasa médico como algo que va más allá de la condición de trabajo. La posibilidad que esto me da de llegar a niños y a diferentes personas en el mundo, también es algo que veo como un privilegio. Y el poder hacerlo a través del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel-y en este viaje, por medio de las embajadas de Israel en Uruguay y Chile- es para mi una misión en pro del Estado de Israel, una misión por supuesto para mí misma, Reut, como payasa, y para “Médicos de Ensueño (Dream Doctors)”, el grupo de payasos médicos al que pertenezco. En nuestro pequeño Israel suceden muchas cosas especiales, buenas e interesantes, y sin duda una de ellas es este tema de los payasos médicos. Y es bueno que podamos tanto enorgullecernos de ello como brindar su aporte a otros, compartirlo con otra gente en el mundo.

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P: ¿Por qué decidiste dedicarte a esto? ¿Cuál fue tu motivación?

R: Mi idea original, ya de jovencita, era trabajar en tratamiento a niños a través del movimiento. Me encanta bailar y eso fue algo que siempre me ayudó a controlarme, siendo una niña hiperactiva con problemas de disfunción atencional. Por otra parte, trabajé mucho con niños y vi que tenía una buena conexión con ellos. Así fue que busqué algo que combine las dos cosas. A este tema de payasa médica llegué un tanto por casualidad. No es que antes había pensado en esto. Pero cuando estaba estudiando artes escénicas me crucé con el arte del circo. En la escuela conocí algunos payaos médicos que me enseñaron. Al mismo tiempo, mi madre vio un aviso de estudios para ser payaso médico , en el seminario kibutziano..me llamó y me dijo que cree que vale la pena probar, que puede ser para mi..Y así fue. El curso lo daba Dalia Safra de “Médicos de Ensueño”, un curso nada fácil que te conecta, ante todo, contigo mismo. Además del conocimiento profesional, el payaso médico debe conocerse a si mismo y demostrar varias cualidades..como improvisación, buena comunicación, capacidad de prestar atención. Y cuando trabajamos con Talia en un hospital, comprendí enseguida que había llegado al lugar apropiado para mi.

P: Y con todo eso, viajas por el mundo. ¿Cuáles son tus expectativas cuando llegas a un lugar nuevo?

R: Ante todo, claro está que quiero que a la gente le guste lo que hago, quiero hacer las cosas bien, tener éxito y traer algo nuevo. No espero nada más (sonrisa). El artista siempre desea el amor del público. Yo diría que la mayor parte de las expectativas son de mi misma, que logre “leer” , o sea captar bien, las situaciones que se dan, que entienda qué es lo correcto hacer y que pueda brindar a los niños un momento de felicidad. Lo que espero de otros, es que me den el espacio y que no haya mucha gente mirando porque muchas veces eso me bloquea…No hay aquí leyes para el éxito sino trabajo con gente y por lo tanto en cada lugar y en cada situación, en cada hospital, puede haber algo nuevo y distinto.

P: Y ahora estás en Uruguay..¿Qué sabes del país y de los niños con los que te encontrarás, a los que vas a alegrar?

 

R: Yo nunca había estado antes en Uruguay  cuando estuve en la zona a los 22 años como mochilera. Conocí algunos uruguayos en Israel, todos muy agradables .Sé que en Uruguay hay muy buena carne y eso está genial porque me encanta la carne. El Director de Pediatría en el Hospital Bnei Tzion en el que trabajo me dijo que en Uruguay está la “Riviera francesa” de Sudamérica. Además, me supongo que en general los uruguayos son simpáticos y llenos de energía como los sudamericanos que conozco en Israel.

En cuanto a lo que me preguntabas sobre los niños en los hospitales, estimo que será parecido a Israel. Me imagino que después de haber trabajado en un hospital en Luanda, Angola, nada puede sorprenderme. Pero además de los encuentros con los niños, voy a trabajar con los voluntarios del Teletón y hacerles un taller sobre comunicación y atención al paciente usando las herramientas de los payasos. También voy a trabajar en un hospital como un grupo de payasos médicos voluntarios, profesionales, con los que me contacté después de un congreso internacional que tuvimos en “Médicos de Ensueño” en Jerusalem hace aproximadamente un mes. Y también me reuniré con jóvenes de la colectividad judía.

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P: Reut, tu encuentras enfermedades y sufrimiento y traes contigo justamente lo contrario..Alegría y quizás también esperanza. ¿Cómo se combinan ambas cosas? Solamente una persona sensible al sufrimiento de los demás puede pensar siquiera en trabajar en algo así, ser payaso médico. Así que me supongo que no te es fácil lidiar con el sufrimiento que ves..

R: Esta es una pregunta en la que me debato yo misma bastante..Creo que lo hermoso de esto es que yo no trabajo con la parte enferma del niño sino con su parte sana. La pequeña bola roja que me pongo como careta en la nariz, me permite desconectarme de la realidad y mirar a través de los ojos de “Georgette súper sonda”, mi payasa. Para mi este es un regalo que recibí para poder encontrarme con el dolor de otros y ayudarles a hallar los puntos de felicidad. En cuanto al nivel de sensibilidad..diría que con el tiempo este fue cambiando un poco, endureciéndose en algo…y me parece que de lo contrario, no podría trabajar en esto. Pero aún sí, quien trabaja en esta profesión necesita tener dónde descargar lo que experimenta y es muy importante tener un marco que apoya, como yo tengo a “Médicos de Ensueño”, un marco personal y cercano y alguien con quien hablar. Personalmente me parece que es bueno que haya algún profesional de afuera involucrado en ello.

P: ¿Te parece que logras ayudar a niños enfermos en algo que va más allá de la sonrisa que tienen en su rostro, seguramente, cuando estás con ellos? O sea…¿puede ser que el encuentro contigo les da fuerzas que no tienen y que necesitan, por ejemplo, para lidiar con tratamientos difíciles?

R: Muchas veces no se trata de lograr una sonrisa ya que eso es algo exterior que si bien influye química y emocionalmente, es sólo eso. En mi trabajo hay mucho más que la risa y la sonrisa..El objetivo es realmente ayudar a los niños a encontrar en si mismos las fuerzas que necesitan para lidiar con la situación en la que están. Lo hago de varias formas, tanto el juego, como el uso de muñecos, canto, música y más que nada atención e imaginación. Con la ayuda de un payaso se puede dar al niño un lugar para expresar los  sentimientos que lo acompañan durante un tratamiento, como ser frustración, enojo, temor, falta de control..Nosotros fortalecemos la parte sana del niño. Dado que en los niños la imaginación está muy desarrollada, se puede llegar con ellos a reinos maravillosos y ayudarles a lidiar con duros tratamientos. Lo más importante es escucharlos, prestarles atención y ver qué es lo que el niño precisa, no qué es lo que yo quiero dar.

P: ¿Sucede que hay niños que no tienen fuerza para las diversiones de un payaso en el hospital?

R: Por supuesto. Y está bien ya que ese es justamente el lugar en el que el niño puede decidir qué desea y donde realmente le escucharán. Quizás no enseguida. Claro que yo saldré de su pieza y entraré algunas veces, jugando con su “no” y tratando de romper el hielo. Pero también respetaré su deseo . Y si ahora no le viene bien, pues no le viene bien. Pensemos que al equipo del hospital el niño no le puede decir eso. Cuando el niño elige decir “sí” o “no”, está optando por volver a tener control sobre su vida. Y ese es un tipo de encuentro que da fuerza.

P: El humor y la capacidad de disfrutar de algo y verlo como diversión son-así me parece a mi-  cosas relacionadas a la cultura de un pueblo o un grupo determinado. Y menciono este punto porque tu has estado en muchos lugares, en diferentes países, muy variados. Me gustaría mucho si pudieras contarme algo al respecto, sobre tus viajes y tus encuentros con niños enfermos en distintas culturas. Creo que es interesante saber si notaste diferentes formas de lidiar con el sufrimiento y con tus intentos de entretenerlos y subirles el ánimo.

P: Te comento ante todo que ya en la antigüedad, el payaso tenía un rol importante en la comunidad. Y si analizamos la historia, en casi toda cultura y casi todo pueblo, había alguien en ese rol. Estaba el payaso que acompañó al Faraón al mundo de los muertos y volvió, estaban los payasos de los carnavales, de donde llegó la nariz roja hoy tan típica, por los borrachos que hacían tonterías y cuya nariz se ponía roja por todo lo que habían tomado…Shakespeare usó la figura del tonto ebrio cuidando el castillo En América. África y Australia nos encontramos con una figura que recuerda el trabajo de un terapeuta que trata a través del canto, la danza y los textos. El humor y el tratamiento  son una necesidad del hombre de lidiar con situaciones que surgen en su vida, y por lo tanto, son universales. Puede que los estilos cambien un poco entre las distintas culturas, pero si aprendemos los códigos culturales de  cada lado, se puede llegar a todos. Lo hermoso en un payaso es que también es algo universal, por la  capacidad de trabajar sin un idioma concreto y sin pertenecer a un lugar determinado. Se lo convierte en una figura que no ocupa ningún lugar, que no está en ningún lado y por lo tanto puede adaptarse a cualquier sitio y cualquier sociedad.

Yo trabajo, entre otros, en el hospital de Naharía en el norte de Israel y en “Bnei Tzion” y antes trabajé en Hadassa Monte Scopus de Jerusalem. Son hospitales en los que hay una población de mucha variedad cultural.  Pero al fin de cuenta, el niño, básicamente, es un niño y la clave para trabajar con todos, termina siendo muy similar en todos los casos. Pero sí hay situaciones especiales. Hace no mucho estuve en Angola, en África occidental, visitando a mi pareja y aprovechando la ocasión para trabajar en forma voluntaria con la embajada de Israel por unos días. Yo sabía que en Angola, aunque la población es mayormente cristiana, existen todavía elementos de la estructura tribal también en lo relacionado a la fe. Llegué a un hospital de niños en Luanda y recuerdo que al entrar al corredor, los niños me observaban como estudiándome, tratando de entender de dónde vengo, cuál es mi marco de referencia

P: Venías vestida de payaso y quizás pensaban que eras otra cosa..de alguna tribu..

R: Claro….Lo interesante es que les llevó más tiempo de lo común pero luego la curiosidad pudo más y aceptaron acercarse. Pero la madre de uno de los niños quedó espantada como si hubiera visto un demonio. Apenas entré a la habitación ella se asustó, salió corriendo y se encerró atemorizada, en el baño.  Su hijo también tenía un poco de miedo porque no sabía cómo catalogarme pero la reacción de la madre sorprendió tanto que él ya no era el centro..ella quedó convertida en el centro de la atención y así el niño se fue ablandando. El mismo de hecho me ayudó a tender un puente y junto con él tratamos de abrir la puerta del baño usando pantomima y juegos..y cada vez que la madre gritaba, yo me asustaba más que ella..Yo la reflejaba, como un espejo, y asocié a ello al niño, que empezó a disfrutar y a reírse de la situación que se había creado. Y ahora, él era un héroe que ayudaba a su mamá! Esa situación “al revés”, le dio fuerzas al niño y logró hacer que todos los que estaban alrededor se rían. La madre aceptó finalmente salir del baño con la condición de que yo no me acerque a ella. Lo lindo fue que seguí trabajando allí otra media hora  y el hijo de esa señora todo el tiempo me seguía, como curioso por la “criatura” extraña que era yo…

P: La verdad es que cuando uno habla de distintas culturas, no hay que ir tan lejos como Angola…alcanza con estar en un hospital en Jerusalem o en muchos otros sitios de Israel, como ya has mencionado, y ver a niños judíos y árabes juntos ¿verdad?

R: Por supuesto. A mi criterio, este es uno de los aspectos más hermosos de este trabajo, que los payasos cruzamos fronteras. El payaso no distingue entre religiones, razas o sexos, al igual que médicos que están bajo el juramento de Hipócrates ..Nosotros no llevamos lentes que catalogan a nadie. Lo fabuloso es que en un hospital, por alguna razón, todos se llevan bien, todos se entienden, unos en una cama y otros en la cama de al lado, junto a la zona de juegos, juntos, riéndose juntos. Creo que la condición de payaso ayuda a unir y a bajar barreras y separaciones. La conexión con el niño que cada uno lleva dentro de sí, saca para afuera la capacidad de disfrutar, la ingenuidad, y desarma las máscaras.

P: En más de una oportunidad vi niños judíos y árabes, con sus padres, participando juntos y disfrutando juntos en actividades diversas en hospitales, por ejemplo en las festividades judías de Purim y Januca…Estoy segura que tu misma habrá estado en no pocas situaciones de ese tipo. ¿Qué  pensamientos, qué sentimientos te despiertan momentos así?

R: Felicidad, alegría, plenitud..un privilegio y también algo de ironía..Es maravilloso ver que todo niño, no importa su origen , su religión, sabe dar vuelta un trompo, disfruta de comer una “sufganiá” y juega con una matraca haciendo mucho ruido, disfrutando también si recibe regalos de Santa Claus. ¿Qué importa quienes son o cuál es su definición? Lo que importa es que se sientan bien y que sean niños sanos.

P: Reut, debo confesar que te escucho y lloro. Te deseo que traigas felicidad-y salud- a muchos niños en Israel y en el mundo todo. Gracias por tu valioso tiempo.

 

R: Gracias a ti.

 
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