Por Israel
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| sábado septiembre 19, 2020
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Entre esos dos tipos y yo hay algo personal


Alberto Mazor

Dos pájaros, bautizados como Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, dejaron de lado la política y las peticiones de boicot, se subieron al Titanic y pusieron proa a Israel con su equipaje de música y poesía. Allí aguardábamos expectantes más de 6.000 almas en Tel Aviv, o, al decir de estos pájaros, «Nos esperaban nuestros amigos».

Sabina y Serrat nos regalaron un recital hermoso por dónde se lo mire; una puesta en escena de gran calidad; protagonistas majestuosos y renovados; una producción escenográfica armoniosa, en sintonía y con un guión original; una orquesta y un sonido excepcional.

Ambos pájaros «contraatacaron» durante tres horas un show que, casi con seguridad, pocas veces hemos vivenciado y probablemente pasará bastante tiempo para ser igualado.

Actores hábiles, irónicos, profundos, juguetones, punzantes, Joaquín y Joan Manuel dejaron estrujados nuestros corazones con el relato de sus cosas, con canciones nuevas, con las letras de «Hoy puede ser un gran día», «Esos locos bajitos», «Tan joven y tan viejo», «Para la libertad» o «Fiesta» y melodías inolvidables de siempre, que hoy ya son patrimonio de una humanidad cada vez más agradecida y fiel.

A estos viejos amigos se les dió ahora también un poco por la revista y acertaron. Nos llevaron desde el estadio Nokia por el mismo rumbo en el que viajaban con «La orquesta del Titanic», pero esta vez con un trayecto más seguro, sin témpanos de por medio, hacia el puerto previsible de la emoción, de esas que dejan huellas amplias y duraderas.

La ironía en el mar continuaba, a veces con olas mansas; otras, más revueltas; el argumento gracioso del significado de la puesta, la voz de Marcos Mundstock (Les Luthiers) cuando presentó al Titanic que es un «paquebote», cuando debería haber sido «paque flote».

Estos pájaros rebeldes que recorrieron el mundo con su cantar de estilos diferentes, en la madurez de sus vidas, encontraron importantes puntos de unión: La España que los vio nacer, la poesía que los influyó, la militancia antifranquista, el apasionamiento en sus vidas y comprometidas declaraciones, el exilio y la canción.

«La Orquesta del Titanic», que debe su nombre al mundo en decadencia que se hunde, dio cuenta de esa maravillosa madurez y armonía entre estos dos grandes talentos y nos permitió a nosotros, simples mortales, disfrutar lo mejor de ambos cantautores.

El espectáculo recorrió las más bellas canciones del repertorio de cada uno y las que compusieron «a cuatro manos», entre ellas «Cuenta conmigo»:

«Si quisieras quererme,
dejaría de fumar
y me haría vegetariano.
Si durmieras conmigo,
dormirían menos tristes
las palmas de mis manos.
Y si los buenos chicos te atosigan;
y buscas tipos duros;
fingiré ser el malo que castiga
con besos de cianuro».

Ayer, en la noche de Tel Aviv, gracias a estos dos pájaros, volví a casa recitando bajito, emocionado y enamorado:

«Hace algún tiempo, en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos,
se oyó la voz de un poeta gritar:
Caminante, no hay camino;
se hace camino al andar.
¡Golpe a golpe, verso a verso!».

No hay caso; en Argentina, Brasil, México o Israel; allí donde los encuentre; entre esos dos tipos y yo hay algo personal.

Fuente: www.israelenlinea.com.

 

 
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