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Por Israel
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Autopsia de las manifestaciones de Mahoma


Daniel Pipes

National Review Online
2 de Octubre de 2012

http://es.danielpipes.org/12264/autopsia-manifestaciones-mahoma

Original en Inglés: Post-Mortem on the Muhammad Protests

A medida que las multitudes musulmanas se van disolviendo y las misiones diplomáticas norteamericanas vuelven a la normalidad, hay tres ideas finales acerca de los disturbios que arrancaron el pasado 11 de septiembre y que costaron la vida a una treintena de personas:

La obra de Annemarie Schimmel “Y Mahoma es Su mensajero: la veneración del profeta en la confesión islámica”.

La película si tenía importancia: La administración Obama se zafó de forma deshonesta de cualquier responsabilidad en la muerte de cuatro estadounidenses en Libia afirmando que los ataques eran una protesta contra el vídeo “La inocencia de los musulmanes” que se salió impredeciblemente de madre. En respuesta, importantes analistas han llegado a la conclusión de que el vídeo apenas tuvo alguna relevancia. Barry Rubin se burla del vídeo por ser “una excusa para las manifestaciones cogida con alfileres” en Egipto. Michael Ledeen reprende a la administración por decir que “los ataques contra estadounidenses no son en absoluto ataques contra estadounidenses, sino ataques contra un vídeo”. “No se trata del vídeo”, escribe Andrew McCarthy, “mucho más de lo que los episodios de los últimos años han tenido que ver con viñetas, osos de peluche, quemas accidentales de ejemplares del Corán, etc.” Hussein Haqqani resta importancia a las manifestaciones por ser “una función política, no religiosa”. Para Victor Davis Hanson, el vídeo y los incidentes similares acaecidos “no son más que pretextos livianos para orientar la indignación de sus ignorantes y empobrecidas masas contra Estados Unidos en momentos convenientes, y ganar así poder”. Lee Smith especula con que “culpar al vídeo forma parte de alguna compleja campaña diplomática de imagen”. Cliff Kinkaid llama abiertamente al vídeo “un pretexto para desviar la atención con el objetivo de salvar la presidencia Obama”.

Respeto y aprendo de todos estos autores, pero a tenor del vídeo discrepo. Sí, particulares, organizaciones y gobiernos azuzaron a la gente — en la práctica, siempre existe la necesidad de que haya algún instigador que movilice a los musulmanes en contra del pronunciamiento, el texto, el dibujo o el vídeo ofensor. Pero sería un error no ver a la turba sino como una herramienta de intereses enfrentados (como los salafistas contra los Hermanos Musulmanes egipcios) o de imperativos políticos norteamericanos. La indignación contra el vídeo fue sentida, real y tenaz.

La figura de Mahoma ha adquirido un rasgo propio de santos entre los musulmanes y no puede ser criticada, y mucho menos ridiculizada. La orientalista alemana Annemarie Schimmel señalaba (en su estudio de 1985 acerca de la veneración de Mahoma) que su figura, aparte del Corán, constituye “el centro de la vida de los musulmanes”. La indignación entre los musulmanes por los insultos a su figura es sincera; observe, por ejemplo, el célebre párrafo 295-B del Código Penal de Pakistán que castiga con la pena capital cualquier difamación de Mahoma, hasta no siendo intencionada. Estos reglamentos tienen tanto apoyo que dos destacados políticos, Salman Taseer y Shahbaz Bhatti, fueron asesinados en 2011 simplemente por manifestar públicamente su oposición a las leyes de blasfemia paquistaníes. Sus muertes no tuvieron nada que ver con Occidente y desde luego no fueron ninguna excusa para desviar la atención de las presidenciales norteamericanas.

Salman Taseer (izquierda) y Shahbaz Bhatti, dos destacados políticos paquistaníes asesinados en 2011 por su oposición a las leyes de blasfemia.

Obama contra Mursi: Los presidentes egipcio y norteamericano ofrecieron puntos de vista curiosamente distintos acerca de la libertad de blasfemar en sus discursos ante las Naciones Unidas la pasada semana. Barack Obama insistía en que “en 2012, en un tiempo en el que cualquiera con un móvil puede difundir puntos de vista ofensivos a todo el mundo con sólo apretar un botón, la noción de que podemos controlar el flujo de información queda obsoleta. La cuestión es pues cómo responder. Y en esto tenemos que estar de acuerdo: no hay discurso que justifique la violencia insensata”. Mohamed Mursi discrepa: “Los insultos difundidos hace poco como parte de una campaña organizada contra lo sagrado islámico son inaceptables y exigen una postura firme. Tenemos la responsabilidad en este marco internacional de estudiar cómo proteger al mundo del odio y la inestabilidad”. En resumen, cada parte tiene un enfoque y un método (libertad de expresión contra prohibición de la blasfemia) que considera fundamental en su identidad y es impulsado con cierto respeto. Desde el decreto de Jomeini contra Salman Rushdie en 1989, cada parte pretende imponer sus formas a la otra, lo que insinúa que este choque de voluntades acaba de empezar.

Tendencias: Como alguien que viene siendo testigo de este choque desde los tiempos de Jomeini, distingo tres tendencias principales. En primer lugar, los musulmanes se están dedicando cada vez más al imperativo político de proteger la imagen sagrada de Mahoma. En segundo, los gobiernos y las élites occidentales (léase periodistas, abogados, intelectuales, artistas) se vuelven cada vez más tímidos al enfrentarse a la indignación islamista, más dispuestos a disculparse, a apaciguar y tranquilizar los ánimos; como ejemplo decepcionante, vea las lisonjas de la embajada norteamericana en El Cairo a medida que la gente se indignaba en el exterior. En tercero, lo occidental que no perteneciente a la élite responde cada vez más a los islamistas con una postura de ¡Si-quieres-arroz-toma-dos-tazas! que incluye la quema de ejemplares del Corán, anuncios “Derrota a la yihad”, viñetas francesas cada vez más beligerantes y un despliegue anticipado de películas acerca de Mahoma.

En combinación, estos tres extremos me llevan a predecir que el conflicto en torno a los valores seguirá caldeándose.

 
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