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| jueves septiembre 12, 2019
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Parasha: Vaygash


parashaIehuda se acerca a Iosef para pedir por la liberación de Biniamín, ofreciéndose a sí mismo como esclavo al líder Egipcio en lugar de su hermano. Luego de presenciar la lealtad de sus hermanos unos a los otros, Iosef revela su identidad diciendo «Yo soy Iosef. ¿Mi padre aún está vivo?»

Los hermanos son invadidos por la vergüenza y el remordimiento, pero Iosef los reconforta. «No fueron ustedes los que me enviaron aquí» les dice, «sino Di-s. Todo fue ordenado desde el cielo para salvarnos, y a toda la región, de la hambruna».

Los hermanos se apresuran a volver a Canaan con las noticias. Iaacov viaja a Egipto con sus hijos y sus familias, setenta almas en total, y es reunido con su amado hijo luego de 22 años. Camino a Egipto recibe la promesa Divina: «No temas en descender a Egipto; porque allí te haré una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y con seguridad, Yo te sacaré de allí»

Iosef reúne toda la riqueza de Egipto vendiendo comida y semillas durante los años de hambruna. El Faraón le da a la familia de Iaacov la fértil tierra de Goshen para establecerse, y los hijos de Israel prosperan en el exilio en Egipto.

DESCENSO EN ARAS DE UN ASCENSO

 

En la Parashá leemos que Iaacov desciende con toda su familia a Egipto para reunirse nuevamente con su hijo Iosef. Abandonó la Tierra de Canaan, la ciudad de Hebrón, donde residía y donde su existencia era netamente espiritual para ir a Egipto, el imperio más poderoso de la época y, al mismo tiempo, la sociedad más corrupta conocida hasta ese momento. En ese lugar, durante 210 años, los hijos de Israel residieron, muchos de ellos comenzaron a copiar las costumbres egipcias, fueron esclavizados, hasta que, al cabo de ese tiempo Di-s los liberó y los llevó hasta el Monte Sinaí, donde vivieron la experiencia más maravillosa de la historia, la revelación de Di-s en esa montaña y la entrega de la Torá. O sea que el descenso hacia una tierra corrupta, el descenso a la esclavitud culminó en un ascenso a alturas increíbles.

De esto debemos aprender que cuando estamos abajo, en el más profundo de los abismos, es porque nos espera el ascenso hacia las cumbres más elevadas.

Jerusalen Sitiada

 

Hoy, 2425 años después, Jerusalén está nuevamente en estado de sitio.

Por Yanki Tauber

 

(Este artículo fue escrito hace unos pocos años, pero, en vista de lo que está ocurriendo en nuestros días, es tan actual como en la época en que fue escrito)

En unos pocos días, los judíos alrededor del mundo ayunarán, harán duelo y rezarán, recordando el día (10 de Tevet del calendario judío) en que comenzó el sitio a Jerusalén por los ejércitos del emperador babilónico Nabucodonosor, que llevó a la conquista de la ciudad, la destrucción del Templo Sagrado, y la expulsión del pueblo de Israel de su tierra.

Hoy, 2425 años después, Jerusalén está nuevamente en estado de sitio. Ah si, puedes subirte al auto y manejar al oeste a Tel Aviv (aunque aventurarse al norte, este o sur es un asunto distinto), y los supermercados están surtidos de cereales instantáneos y yogures dietéticos. Pero es un sitio tan terrible y mortal como cualquier otro que haya conocido la ciudad.

Mientras estoy sentado escribiendo estas palabras a corta distancia del centro de Jerusalén, puedo escuchar tiros a las casas de apartamentos de Guilo, dos barrios más allá, de la aldea árabe vecina de Beit Jalla. Dentro y alrededor de la ciudad y a través del país, el enemigo arroja piedras, balas y bombas a soldados judíos y autobuses de escuela. Mientras los seis niños Dovidovitch contemplan la pérdida de su madre y Tehillah Cohen de 8 años contempla la pérdida de sus dos piernas, los diplomáticos corren a toda prisa impulsando «declaraciones oficiales» y los comentaristas de televisión y los columnistas de diarios insultan a los judíos por rehusarse a bajar las armas y subirse a los vagones de ganado como buenos niños y niñas. Los asesinos están motivados por el odio, los expertos y políticos por la vanidad y la ingenuidad; juntos, podrían arrancar el corazón de Israel de su cuerpo.

Pero aun más aterrador es la forma en que la historia se repite. El Talmud describe como, en vez de unirse contra un enemigo en común, las facciones judías lucharon unas contra otras en la Jerusalén sitiada. «A causa del odio gratuito entre judíos,» concluye el Talmud, «Jerusalén fue destruida.»

¿Por qué, pregunta el Rebe de Lubavitch, el Talmud insiste en que el odio era «gratuito»? ¿No había razones, tanto ideológicas como pragmáticas, para la división entre los judíos? Pero ninguna razón, explica el Rebe, es razón suficiente para el odio. Nuestro destino en común corre mucho más profundo que cualquier causa posible de animosidad. Todo el odio, entonces, es odio gratuito.

Así que, si el «odio gratuito» fue la causa de la destrucción, continúa el Rebe, su remedio es el «amor gratuito», nuestro redescubrimiento de la unidad intrínseca que está por encima de todas las razones para la discordia y el antagonismo.

Reza por Jerusalén, alienta y ayuda a sus defensores, y muestra amor a tu prójimo, no importa cuánto él o ella difiera de ti. Porque si hay una virtud redentora de estar bajo sitio, es la oportunidad de darnos cuenta que, en esto, estamos todos juntos.

(Extraído de www.es.chabad.org)

 
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