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Yair Lapid, de periodista musculoso a hombre clave de la política israelí


Seductor, laico, moderno e intelectual, su partido fue ayer el segundo más votado, convirtiéndose así en la figura clave para la formación de gobierno.

Shlomo Slutzky

TEL AVIV. ESPECIAL PARA CLARÍN –

23/01/13

 

Sin usar su cinturón marrón de karate ni los guantes de boxeo que se calza tres veces por semana en su gimnasio privado, Yair Lapid, salió victorioso de la batalla electoral cerrada ayer en Israel.

Lapid es sin duda el gran triunfador de las elecciones israelíes en las que su partido «Iesh Atid» (Hay Futuro) se convirtió ayer – en contra de todos los vaticinios de los sondeos de opinión- en el segundo más votado con 19 diputados de un total de 120, superado solo por la coalición de partidos gobernantes de derecha, Likud Beitenu, liderada por Benjamín Netanyahu y Avigdor Lieberman. De la noche a la mañana Lapid y su partido se convirtieron en piezas indispensables para la formación de cualquier gobierno estable en Israel.

Lapid, nació en 1963 en la familia de una conocida escritora y un polémico periodista con posiciones ultraliberales y anticlericales acérrimas. Lapid, admiraba a su padre y emprende el camino del periodismo, pero tanto en los diarios en los que escribió como en los programas de reportajes light que presentó en la televisión, mostró siempre una imagen acaramelada de la sociedad, llamando siempre a la unidad y a alejarse de extremismos, a actuar en forma pragmática.

Como parte de su pragmatismo, participó en campañas de publicidad de bancos que le aportaron gruesas sumas de dinero. Jugó con una imagen de seductor, musculoso, laico, moderno e intelectual, ocupando hasta hace un año atrás y a pesar de las protestas de políticos y periodistas, la función de presentador del noticiero semanal del canal privado israelí, desde donde -indirectamente- hizo campaña para el partido que lanzó unos meses atrás.

Lapid logró manipular la bronca que la multitudinaria protesta social de julio-setiembre del 2011, una manifestación que vino de la clase media golpeada por la situación económica. Lapid no fue nunca uno de los líderes de esta protesta, pero fue el único que no tuvo empacho en autonombrarse como adalid de la Clase Media laica, aquella que -según él- es la que carga con el peso de los impuestos, de tres años de servicio militar obligatorio y un mes por año de servicio militar como reservistas, de los que están exentos cientos de miles de ultrarreligiosos, jóvenes y mayores.

Lapid se dice independiente de todos los grupos de interés, lobistas, o grandes fortunas o partidos «viejos», por lo que en su lista de diputados no colocó ningún diputado en funciones, lo que significa una innovación y un peligroso experimento a la vez.

Si bien sus posiciones son ambiguas -uno de los aparentes motivos de su éxito-, su tono habla de la necesidad de buscar un acuerdo con los palestinos, atendiendo también las exigencias y críticas del mundo para con la política exterior israelí.

«Los palestinos son una realidad y quizás no nos gustan, o nosotros no les gustamos a ellos, pero es la realidad en la que vivimos hoy. El argumento de Netanyahu de que ‘no tenemos un socio’ es tratar de escapar de esa realidad», declaró Lapid sobre el problema palestino.

A la vez, y como para marcar sus diferencias con la izquierda, Lapid eligió presentar su plataforma en la colonia de Ariel, una de las colonias que la derecha israelí desea anexar con o sin acuerdo con los palestinos.

 
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