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| martes octubre 15, 2019
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El Muy Real Éxodo Judío De Francia


Adam Chandler

Tablet Magazine

antisemitismo-panteon
A esta altura de la historia reciente la condición de peligro en que viven los judíos de Francia es terreno bien conocido. Eso dicho, uno igual queda shockeado ante estadísticas como la de que el año pasado se produjo en Francia un incremento del 58% en el número de ataques antisemitas.

Hace pocas semanas leímos un artículo que hacía la crónica del crecimiento del número de judíos franceses que emigraron a Gran Bretaña. Para dar cabida a esa inmigración la sinagoga de John´s Wood de Londres comenzó a dar servicios de Shabat en idioma francés. Y a Israel están llegando judíos franceses a razón de unos 2.000 por año.

Recientemente La Stampa reveló una expansión similar del número de judíos franceses residentes en el Upper West Side de Nueva York.

Para entender lo que está ocurriendo tuvimos que ir al Centro Judío de la Calle 86, donde los judíos neoyorquinos urgieron a sus correligionarios franceses a conmemorar a las víctimas del atentado de la escuela “Ozar Hatorah” de Toulouse, en la que el jihadista Mohammed Merah mató a un rabino y a tres niños.

Encabezaba la ceremonia Zachary, de 29 años, gerente de una empresa de transporte de Estrasburgo. “Si Nueva York está llena de judíos franceses –explicó- es porque en 2002, en conexión con la segunda intifada palestina, comenzó una oleada de agresiones físicas en contra de nosotros, de parte de árabes, que aún no se ha detenido. Simplemente llevó nuestras calles el conflicto del Medio Oriente”.

El fermento de la situación peligrosa de los judíos franceses se desarrolló durante todo un decenio, y no en estos últimos años, como se suponía. Vale la pena recordar la manera en que el ex Primer Ministro israelí Ariel Sharon –en el momento más álgido de la segunda intifada, nada menos- recomendó a los judíos franceses que emigraran a Israel por su propia seguridad. Sus palabras recibieron duras respuestas de parte de personalidades francesas –judíos y no judíos- incluido el Ministro de RREE francés, quien pidió a Sharon una explicación por sus “inaceptables comentarios”.

Esa situación de peligro no se manifiesta sólo con ataques terroristas, incendios, ataques a personas o acatos como la colocación de una bomba simulada en el Centro Hillel de Lyon, sino también en el lenguaje empleado. Por cada incidente de pintadas antisemitas hay que contar varios miles de análogos digitales, incluyendo una popular tendencia al odio antisemita expresado a través de Twitter.

En octubre del año pasado, cuando un hashtag *UnBonJuif llegó a los “Top Tres” en la lista de “tópicos de moda” en Francia, un grupo de estudiantes judíos franceses se quejó directamente a la gigante de redes sociales, que tiene su sede en San Francisco, y le pidió los nombres de los usuarios de Twitter que promueven el hashtag antisemita. Cuando Twitter no les respondió los estudiantes llevaron el caso a una Corte francesa, y lo ganaron.

En definitiva, parecería que sólo una orden judicial podría llevar a Twitter a controlar más a fondo lo que hacen sus usuarios, pero incluso si eso se lograra aún quedaría todo un ominoso ámbito antisemita afuera de las líneas electrónicas y en la oscuridad.

 
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