Por Israel
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| miércoles agosto 5, 2020
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La revuelta del medio pueblo


Dr. Yaron Friedman

8.7.13

Y ahora, ¿hacia dónde?
El ministro de Defensa de Egipto, Abd al-Fatah al-Sisi, anunció el rumbo hacia nuevas elecciones a la presidencia y el parlamento y declaró que, durante el período de transición hasta su celebración gestionará Adli Mansur, presidente de la Corte Suprema en asuntos constitucionales, como presidente temporal de Egipto. ¿Acaso la relativa calma frente a la revuelta que tuvo lugar, llevará a la elección de una conducción más moderada, laica y liberal? O ¿Comenzará a rodar una pelota de nieve de revueltas ininterrumpidas contra todos los siguientes regímenes en Egipto?

Cabe recordar que Los Hermanos Musulmanes mantienen su fuerza en zonas provincianas. Los   que representan la mayoría en Egipto preferirán definir la cuchara a favor de los islamistas en las próximas elecciones. Sin embargo, el fracaso rotundo de la Hermandad podría reforzar a los salafitas islámicos extremistas del partido Al-Nour. Esos pueden fortalecerse a cuenta de Los Hermanos Musulmanes. Cabe recordar que, en las elecciones,  alcanzaron el 24% de los votos  tan solo un año después de la creación del partido.

Desde el punto de vista de Israel, la foto parece ideal: los islamistas pierden y el peligro pasó para la paz con Israel. Sin embargo, cabe recordar que la revuelta actual, en oposición a la del 25 de enero de  2011, no fue por iniciativa de la mayoría del pueblo egipcio, sino encabezada por los jóvenes laicos en las ciudades, que no representan la mayoría. Por estar la calle repartida, sobrevuela el peligro de una guerra civil  (entre religiosos y laicos), capaz de extenderse a otros países árabes y deteriorar la región hacia la anarquía.

No cabe duda que los norteamericanos aportaron a la anticipación de la actual revuelta en Egipto, al demandar a Morsi que responda a las exigencias de los manifestantes. Los norteamericanos, garantizan la continuidad de las funciones del ejército en la protección de la revolución democrática. El gobierno de Obama declaró que,  si el ejército,  intenta asaltar el régimen, Estados Unidos dejará de otorgar a Egipto su ayuda anual. A partir de ser el ejército el que  más se beneficiara de esa ayuda (1.5 mil millones de dólares anuales), el Consejo Militar Supremo anticiparía las elecciones al parlamento y  la presidencia. Pero,  ¿qué ocurrirá si, otra vez,  ganan los islamitas?

La escisión que creció frente al ejército

La protesta contra el control islamista es un fenómeno que se extiende, en los últimos meses,  a lo largo de Medio Oriente  si bien puede triunfar solo con respaldo del ejército. La conducción del ejército egipcio sorprendió al pueblo y al mundo árabe en pleno  al declarar un ultimátum,  de 48 horas, al presidente Morsi, a los fines de que responda a las demandas del pueblo. Abed al-Fatah al-Sisi, designado el verano anterior por el presidente Mohamed Morsi para desempeñarse como comandante del ejército y ministro de Defensa fue considerado  como seguidor de Los Hermanos Musulmanes. Pero,  en los últimos meses,  aumentó y creció la escisión entre el Consejo Militar Supremo y la presidencia, por sospechas mutuas, según las cuales  cada una de las partes  se disponía a una revuelta.

El ejército desconfió que fuera intención de Los Hermanos Musulmanes destituir a Al- Sisi y destacados oficiales y designar a leales a “Los Hermanos”. El presidente sospechó que el ejército se proponía preparar una revuelta, después que su cúpula lo criticara, con dureza. Entre esos argumentos  mencionaremos el que señalaba a Morsi como quien utiliza el ejército a los fines de la represión de incidentes en su contra y como demasiado paciente con respecto a Hamas, involucrado en atentados contra soldados egipcios en Sinaí.

La coalición de partidos de la oposición, llamada “Frente de Salvación Nacional” ya subió, algunas veces,  a Facebook  la propuesta de trasladar el gobierno al ejército.

Antes de la culminación de las 48 horas del ultimátum, tuvieron lugar asaltos del ejército a los depósitos de municiones de Los Hermanos Musulmanes y sus líderes, incluido el Presidente Morsi, a quien le fuera impuesta la detención domiciliaria. El ejército dispersó sus fuerzas a lo largo de todo Egipto y el equipo de  Morsi abandonó el palacio presidencial.

#proceso#

Contra la conducción de La Hermandad se emitieron órdenes de prohibición de abandonar el país. Los pasos del gobierno expresaron, con precisión, los murmullos de los manifestantes en la Plaza Tahrir de El Cairo y otras ciudades. Los manifestantes llamaban a Morsi a renunciar y hasta se escucharon consignas convocando  a juicio por la represión de los incidentes desde principios de año.

Delincuentes atacaron sedes del movimiento de La Hermandad y líderes de los partidos laicos llamaron al ejército a defenderlos de sus amenazas. Estos  sacaron a la calle a miles a manifestaciones de apoyo al presidente pero, el ejército, logró – hasta el momento-  impedir el deterioro de la calle hacia un enfrentamiento violento entre religiosos y laicos.

La conducción de La Hermandad Musulmana se apuró a denominar a las medidas del ejército de “revuelta” y “un paso hacia atrás”;  es decir, la anulación de los logros de la revuelta del verano de 2012 en la que fuera elegido Morsi a la presidencia y la restitución del poder al Consejo Militar, como en el período de Tantawi. En sus últimos discursos, Morsi advertía por el asalto al poder de los restos del régimen anterior. Se obstinó en el principio de la Sharia, es decir, la legalidad de su gobierno. A su entender, fue elegido en elecciones democráticas y la Constitución permite manifestar en su contra pero no destituirlo con violencia. Sostuvo que “Estaba dispuesto a morir por mantener el principio de la legalidad”. En respuesta, al-Sisi declaró que el ejército, “Está dispuesto a morir protegiendo al pueblo del terror y el extremismo” (insinuación a los islamitas).

Uno de las señales del fin del gobierno de Morsi fue su advertencia que, si era destituido, Egipto se deterioraría hacia la anarquía y el derramamiento de sangre, amenaza repetida  por todos los líderes árabes que intentaron reprimir las revueltas árabes, como Gadafy, Abdullah Salah y Basher Assad. Asimismo el reconocimiento de errores y el llamado a cumplir con reformas recuerda los intentos por sobrevivir de los mismos regímenes en Libia, Yemen y Siria. Morsi propuso celebrar un diálogo entre partidos e intentar crear una coalición que controle el tema de las elecciones al parlamento. Los manifestantes exigían su destitución.

Fin del período de gracia para La Hermandad

La conducción de Jama al-Islamiya, separada del tronco del gobierno islamita en Egipto,  propuso a Morsi realizar un plebiscito sobre presidencia y  elecciones al parlamento. El líder de La hermandad, Assam al-Arian, intentó despertar apoyos en el Movimiento a través del argumento que actuaba  por vías democráticas, sin violencia, mientras los manifestantes en su contra toman por la violencia dura. Todos esos intentos fracasaron.

Pareciera que el período de gracia de La Hermandad caducó. El año del gobierno de Mohamed Morsi será recordado en los libros de historia como el gran fracaso del movimiento islamita, que prometiera, durante 90 años, que el “Islam es la solución” y que su ascenso al gobierno sería el bastón milagroso contra la pobreza, la corrupción y los problemas de Egipto. En el año en que gobernaron Los Hermanos en Egipto, el movimiento acumuló más odios que lo acopiado por Mubarak en 30 años de gobierno.

La Hermandad es objeto hoy  de denominaciones oídas en el primer año de la revuelta en Egipto: “Comerciantes de la Religión” y “Ladrones de la Revolución”. Los laicos decidieron restituir la revolución a sus dueños originales: los liberales laicos, aquellos que iniciaron la revuelta por Facebook en enero de 2011.
En Turquía, los periodistas siguen con mucho interés los sucesos en Egipto, debido a que  el gobierno de Erdogan se encuentra en una ofensiva de protesta popular. Hasta el año 2000, la Constitución de Ataturk permitía al ejército dispersar a un gobierno si se desviaba del principio de la democracia laica. En ese contexto, fue derrocado el gobierno de Arakan,  en 1997.

En Argelia el ejército se apoderó del Estado y dispersó un gobierno islamista elegido por ley, en 1991. Como consecuencia, estalló una guerra civil que se cobró casi cien mil muertos. Ahora, los sucesos en Egipto influyen en Túnez, donde se despiertan protestas callejeras contra el movimiento de al-Nadar, que convoca a la renuncia del gobierno islamita de al-Aridi.

Ahora, cabe la pregunta ¿cuáles serán los pasos próximos del Consejo Militar Supremo ya que,  según sus declaraciones, tomará medidas inmediatas denominadas “mapa del futuro” o “mapa de ruta”?  Será establecido un Consejo presidencial,  encabezado por el presidente de la Corte para asuntos constitucionales, la actual Constitución será anulada y será creado un gobierno temporario bajo las órdenes del gobierno. Luego, será designada una comisión de expertos que en el “período de transición” redactará una nueva Constitución. Será  aprobada por al-Azhar, la autoridad religiosa suprema (y no por los Hermanos Musulmanes) y luego, será llevada a plebiscito. La pregunta es si la elección democrática próxima podrá sobrevivir a la protesta popular o su final será como el de la elección a Morsi: la acción militar para cambiar la realidad.

Fuente: ynet
Att. CIDIPAL

 
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