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| viernes diciembre 6, 2019
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Pagaremos un alto precio si Gantz exageró

Análisis: El plan plurianual de las FDI podría tener graves repercusiones, pero el cambio en la perspectiva operacional es fundamental.


 

Al nuevo plan plurianual de las FDI se lo menciona como «audaz», y es exactamente eso. El Gabinete de Seguridad, que será convocado en breve por el primer ministro para discutir el plan, no tendrá dificultades para verificar que los que formularon el plan de trabajo destinado a aumentar la fortaleza del ejército tomaron riesgos sin precedentes, cercanos a lo irrazonable. Lo que el público y los medios de comunicación se niegan a comprender e internalizar es que esta vez no se trata de una maniobra típica con la intención de asustar a la Tesorería para que le dé al ejército lo que quiere. Esta vez, parece, los jefes del ejército y el establishment de seguridad son serios en su intención de poner en práctica el plan. Demasiado serios, en mi opinión.

Los ministros, a los que se les pedirá que aprueben el plan de trabajo de las FDI para los próximos cinco años, deberían examinarlo cuidadosamente y asegurarse de que entienden su importancia, porque si los supuestos (sobre la que se basa el plan de reducción) del Jefe de Estado Mayor de las FDI, Gantz, de su vice, Gadi Eizenkot, y de los miembros del Estado Mayor son erróneos, y si su evaluación de las capacidades del ejército es errónea, entonces estamos jodidos. En el plazo de dos años podríamos encontrarnos en una situación en la que las FDI, durante semanas, sería incapaces de derrotar al enemigo, mientras que el frente interno soportaría diariamente bombardeos de miles de cohetes – una situación similar a la Segunda Guerra del Líbano, pero con resultados mucho más duros.

Esto no plantea una amenaza existencial para el Estado de Israel, pero la erosión en el frente y en la retaguardia podría ser significativa. Durante la Segunda Guerra del Líbano, Israel logró la disuasión, pero durante 34 días fuimos incapaces de terminar la lucha contra Hezbollah con una clara victoria. Una de las principales razones de esto fue el hecho de que la guerra estalló cuando las FDI estaban implementando amplias reformas en su estructura y perspectivas operacionales.

No estoy sugiriendo que esto es lo que necesariamente ocurrirá si se implementa el plan actual (que incluye, entre otras cosas, eliminar escuadrones de la Fuerza Aérea y unidades blindadas), pero el peligro existe. Cabe señalar que el plan, muy probablemente, en pocos años conducirá a una mejora en la capacidad de las FDI para ganar guerras rápidamente – incluso si se libran en dos o tres frentes.

Se espera que el “audaz” plan ahorre un montón de dinero, pero para que esto ocurra deben existir cuatro condiciones:

  1. Las circunstancias en los países vecinos e Irán no obliguen a las FDI a enfrentar, en un futuro próximo, un ataque sorpresivo de un ejército o ejércitos (hay que tener en cuenta que este escenario es posible, incluso en las condiciones actuales en Egipto y Siria).
  2. El gobierno debe cumplir su compromiso de canalizar los fondos de las FDI, que se incrementarán gradualmente a partir de 2015 en adelante. El gobierno ya ha aprobado esto, en principio, pero debe ser implementado.
  3. El ministro de Defensa, Ya’alon, el Jefe de las FDI, Gantz, y el Estado Mayor deben asegurarse personalmente de que, mientras las reformas se implementan, el ejército seguirá manteniendo el nivel actual de preparación de las unidades de combate.
  4. Washington, una vez más ayude a Israel, financiando una cantidad crítica de baterías para interceptar cohetes así como también un gran suministro de misiles interceptores de todo tipo. No hay suficiente dinero para ser «audaces» construyendo un activo y efectivo sistema de defensa antiaérea de varias capas.

Si se cumplen estas condiciones en un nivel razonable de implementación, en cuatro años, más o menos, el Estado de Israel tendrá un ejército reducido pero moderno y letal; un ejército que será capaz de disuadir al enemigo de hacernos la guerra; proporcionará maniobrabilidad a los jefes de estado y podrá ganar una guerra rápidamente, en caso de que se desate. Si el gobierno no tiene planes que cumplan estas condiciones, la planeada reforma de las FDI no se llevará a cabo, porque el ejército, a la luz del recorte presupuestario, tendrá cada vez menos de sus viejos y pronto obsoletos componentes de fortaleza, mientras que la compensación en forma de mayor calidad llegará recién más tarde.

Mayor calidad significa comprar grandes cantidades de armamento de precisión, desarrollar rápidamente nuevas capacidades cibernéticas y de inteligencia y modernizar la Marina, de una guardia costera a una unidad de combate que tenga efecto en la lucha terrestre. El período de transición, que debe comenzar dentro de dos años, será fundamental, entre otras cosas porque la disminución en el número de unidades puede socavar la disuasión del ejército frente a los enemigos cercanos (Hezbollah, por ejemplo) o lejanos (Irán).

Pero el componente más importante del «audaz» plan no es la reducción en el número de unidades del ejército o el armamento de mayor calidad. La brillantez del plan es que incorpora la nueva perspectiva operacional del ejército, que se basa en el principio de emplear toda la fortaleza y las divisiones del ejército al mismo tiempo para enfrentar los desafíos en los diversos ámbitos. Este cambio es necesario porque el recorte de unidades de combate y plataformas (tanques, aviones de combate y buques de guerra), darán lugar a una situación en la que un comando o una rama no podrán tratar independientemente con numerosas y complejas tareas en sus respectivos sectores. Esta situación obligará a las FDI, en todas sus divisiones y capacidades, a actuar con el fin de derrotar al enemigo en el frente, donde se concentrarán la mayoría de los esfuerzos, y bloquear al enemigo en el resto de los sectores.

En otras palabras, Cuerpos Blindados y unidades de infantería cooperarán con la Fuerza Aérea y la Marina para frenar el lanzamiento de cohetes contra el frente interno. Aviones de combate y buques de la Marina se ocuparán de los modernos misiles rusos, y así sucesivamente. Para lograr esto, el ejército debe ser flexible y rápido en su transición de una misión a otra. Lo más importante es no perder tiempo y dinero preciosos en disparos estadísticos. Cada misil, que cuesta cientos de miles de dólares, debe dirigirse a un blanco que se extienda a no más de uno o dos metros. La División de Inteligencia, que ha experimentado una espectacular revolución en los últimos años, ya dispone de miles de tales objetivos para las fuerzas combatientes. También puede identificar objetivos durante la propia lucha.

Para implementar esta perspectiva operacional, las FDI deben cambiar la disposición geográfica básica de sus divisiones de tal manera que les permita actuar con rapidez según los planes operacionales. El Estado Mayor tendrá a su disposición un gran puño de hierro en el terreno, que podrá activar, total o parcialmente, a favor de lo que se considere el esfuerzo principal.

También serán posibles operaciones profundas en territorio enemigo, aunque es una pena que el equipamiento de las divisiones blindadas con sistemas de defensa para tanques no ocupe un elevado lugar en la lista de prioridades del ejército. Estos sistemas salvan vidas y permiten a las fuerzas blindadas aplastar rápidamente a los enemigos que utilizan avanzados misiles anti-tanque – ya se trate de Hezbollah en Líbano o Jabhat al-Nusra en Siria.

El plan de la FDI es muy audaz y creativo. Ahora llega el momento crítico en el que los ministros del gabinete y los funcionarios del Tesoro determinen el destino de este plan revolucionario y sus posibilidades de éxito.

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld.

 
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