Por Israel
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| martes septiembre 22, 2020
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Las aguas del Nilo bajan rojas


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El pasado día 15, por la mañana, el presidente Obama anunció que cancelaba las maniobras conjuntas de este año con Egipto, la operación Bright Star (“Estrella Brillante”). Se trataba de un gesto simbólico, con la intención de indicar que, si el Ejército sigue por el mismo camino, la Casa Blanca podría decidir suspender la ayuda militar. Pero la cancelación de Bright Star también muestra la impotencia norteamericana. Al parecer, la Administración advirtió al régimen militar egipcio de que no adoptara medidas violentas; si tenemos en cuenta que se han confirmado ya 638 víctimas mortales en los enfrentamientos con los partidarios de los Hermanos Musulmanes que se produjeron el miércoles pasado en todo el país, el Ejército, evidentemente, ha hecho oídos sordos a esa advertencia.

Es cierto que la influencia norteamericana es limitada. Más de mil millones de dólares no dan tanto de sí como en los años 80, cuando Egipto inició su alianza con Estados Unidos, pero la Casa Blanca de Obama ha vendido los valores americanos muy baratos. Como escribe Fuad Ayami:

Cuando la Administración Obama no pudo llamar al golpe de estado por su nombre, mostramos nuestra reticencia a honrar nuestro propio credo democrático (…) Cuando nuestro secretario de Estado opinó que el Ejército estaba ‘restaurando la democracia’, revelamos la incoherencia moral y estratégica de una Administración que hace ya mucho que perdió el rumbo.

Así, en este punto, el gobernante de facto en Egipto, el general Abdel Fatah al Sisi, considera a Estados Unidos poco más que un accesorio, un trapo con el que sacar brillo a su reputación de hombre fuerte, de alcalde de pueblo que saca pecho y alardea de no tener miedo de enfrentarse a los americanos. Sisi, sin duda, se servirá de la cancelación para acrecentar aún más su prestigio doméstico. ¿Quién sabe si sus portavoces no estarán ya haciendo correr la noticia de que fue Egipto quien canceló las maniobras conjuntas, y Obama sólo quería evitar que el patriótico Ejército del Nilo le pusiera en evidencia? El actual régimen militar cada vez se está pareciendo menos al de Hosni Mubarak y más al de Gamal Abdel Naser.

El día 14 el presidente interino, Adli Mansur, impuso el toque de queda en el país e invocó la ley 162/1958 para declarar el estado de emergencia, que se prevé que dure un mes. La ley de emergencia, promulgada durante el mandato de Naser, en 1958, entre otras cosas suspendía los derechos constitucionales, ampliaba los poderes de la policía y prohibía las actividades políticas. Aparte de una suspensión durante 18 meses en 1967, la ley estuvo en vigor hasta el 31 de mayo de 2012, cuando se la hizo prescribir en medio de las primeras -y puede que últimas- elecciones presidenciales libres del país. Dado que durante el último medio siglo la ley ha tendido a aplicarse contra los Hermanos Musulmanes, parece poco probable que se suspenda mientras la Hermandad busque venganza contra los militares que han masacrado a sus bases en las calles. Habiendo liquidado de esta forma su breve experimento democrático, Egipto se ha mordido la cola y ahora, dividido y enfrentado en su seno, la ha escupido, asqueado. El país al que Heródoto llamó “don del Nilo” se baña en su propia sangre.

Hay que dar crédito al vicepresidente Mohamed al Baradei por ser una de las pocas figuras políticas que han imaginado cómo va a ser el futuro inmediato de su país y no desean formar parte del mismo. Dimitió a finales de la semana pasada, como protesta por la represión -un acto de conciencia que, recibido con indiferencia en Egipto, muestra sólo cuán alejado está el ex candidato presidencial de la cultura política generalizada de su país: el resto del mismo dio la bienvenida a la posibilidad de expresar sus quejas con un baño de sangre. Tanto la Hermandad como los militares han comprendido desde el golpe del 3 de julio contra Mohamed Morsi que se trataba de un juego de suma cero cuyo resultado habría de decidirse en las calles.

Curiosamente, las democracias fueron quienes menos comprendieron cómo el voto había alterado la ecuación política egipcia. Diplomáticos occidentales habían instado al Ejército a reconciliarse con los Hermanos Musulmanes y a traerlos de vuelta al proceso político. Eso habría tenido alguna posibilidad de éxito si no hubiera habido unas elecciones que llevaron a la Hermandad al palacio presidencial. Pero como las hubo, el acercamiento por parte del Ejército estaba condenado al fracaso. Desde el punto de vista de los Hermanos, era como que te volvieran a invitar a tu propia boda después de que los encargados del catering te hubieran echado y hubieras tenido que ver que casaban a tu novia con el barman. Participar en un sistema político administrado por la misma institución que había expulsado inconstitucionalmente del poder a su candidato supondría otorgar una cobertura de legitimidad a un proceso objetivamente ilegítimo. El Ejército sabía que tendría que eliminar a la Hermandad, y ésta sabía que eso sucedería en algún momento después del Ramadán.

El enfrentamiento del pasado miércoles supuso un empate. Sí, la mayoría de las víctimas fueron partidarios de Morsi, pero, como escribió hace poco Reuel Marc Gerecht, los Hermanos Musulmanes se alzarán de nuevo. Mientras, ahora cuentan con cientos de mártires y, como víctimas de los ataques del Ejército, se han ganado las simpatías de medio mundo – pese al hecho de que sus partidarios quemaran decenas de iglesias y atacaran a los coptos en todo el país. Resulta difícil, llegados a este punto, imaginar un futuro en el que no haya más violencia que envuelva a todo el mundo, incluidos a los autodenominados liberales que, tras manifestarse para derrocar a Mubarak, han puesto su fe en Sisi para que los defienda de los Hermanos Musulmanes. Si tuvieran un gramo de honestidad intelectual o de integridad moral pedirían al nuevo hombre fuerte del país que liberara a Mubarak, a su familia y a otras figuras de su régimen que se encuentran actualmente en la cárcel o en el exilio, pues fueron ellos, en su frenesí destructivo, quienes contribuyeron a enviarlos allí. Sabremos que Egipto va por el buen camino cuando los liberales y laicistas que ahora apoyan a los militares hagan acto de contrición y se disculpen con el viejo, un rey Lear árabe traicionado por sus dos hijas -el Ejército y esos laicistas cuyo avance fue posible gracias a la estabilidad que él aseguró durante tres décadas. Como no tiene una Cordelia, que Egipto le erija una estatua: no una colosal como la esfinge y las pirámides, sino algo a escala humana, adecuado para el estólido presidente que, como él mismo dijo, realmente comprendió a los egipcios – no sólo el humor, el encanto natural y ese glamour en tonos sepia de los hijos del país, sino también los horribles niveles de violencia a los que pueden llegar si alguien no les quita los cuchillos de las manos.

Hay muchos que creen que Sisi representa una vuelta a Mubarak. Por ejemplo, el antiguo embajador israelí en Egipto, Zvi Mazel, afirma que “el nuevo Gobierno egipcio es prooccidental y tendrá buenas relaciones con Israel”. Puede que el Ejército siga manteniendo esas buenas relaciones, pero con una Casa Blanca que ha dado la espalda a Oriente Medio y es incapaz de ejercer un poder que sustente la relación entre El Cairo y Jerusalén, ésta se verá sujeta al antojo de unas Fuerzas Armadas egipcias que han demostrado repetidamente su incompetencia, especialmente en el Sinaí. Actualmente mantener buenas relaciones con Israel va en interés de la seguridad nacional egipcia, pero existen otros intereses, como las luchas intestinas del régimen, así como las dinámicas domésticas y regionales, que puede que un día superen las cuestiones fronterizas e, incluso, el tratado de paz. Además, hay que recordar que, cuando las turbas asaltaron la embajada israelí en septiembre de 2011 y las autoridades hebreas llamaron a El Cairo pidiendo ayuda, el Ejército no cogió el teléfono – cuando al mando estaba Mohamed Husein Tantawi, un burócrata con un ojo puesto en su plan de jubilación, no como Sisi, un hombre ansioso por ver a Egipto liderando y, probablemente, a sí mismo liderando Egipto.

En cuanto a la idea de que Sisi es prooccidental, incluso una mera ojeada a su entrevista en el Washington Post muestra que el percal es otro: “Ustedes abandonaron a los egipcios, les dieron la espalda, y ellos no lo olvidarán”, dijo, y añadió que los norteamericanos deberán pagar a menos que quieran tener a Egipto como enemigo. “¿Dónde está la ayuda económica de Estados Unidos a Egipto? ¿Dónde estaba el apoyo estadounidense para ayudar al país a restablecer su economía y superar sus angustiosas necesidades?”, preguntó el militar.

Eso son amenazas, y proceden del líder de un país que ha vivido de la generosidad ajena durante demasiado tiempo. No son sólo el pan y el combustible egipcio los que están fuertemente subvencionados: también lo está su política. Durante los últimos dos años y medio, los habitantes del país se han comportado como niños malcriados que destrozan lo que se les antoja porque otro pagará por ello. Ni Estados Unidos ni Europa tienen ahora mismo dinero disponible, así que los árabes del Golfo -la misma gente a la que los egipcios suele culpar de sus problemas con el islam radical- han acordado conceder a El Cairo una amplia línea de crédito. Pero, al final, los saudíes, emiratíes, kuwaitíes y cataríes se cansarán de alimentar a 80 millones de personas que les desprecian. Cuando Egipto se vuelva más inoportuno, más fastidioso, más peligroso, y los árabes no quieran seguir pagando la cuenta , ¿qué pasará?

¿Qué ocurrirá cuando el Ejército demuestre que ahora no es más capaz de arreglar Egipto de lo que lo fue durante el breve periodo tras la salida de Mubarak? ¿Qué pasará cuando muchos de los que hoy están al margen, o incluso se enfrentan a los Hermanos Musulmanes, exijan el regreso y la resurrección de un movimiento político mejor organizado y fortalecido por el afán de venganza que ha estado incubando contra los millones de egipcios que clamaron para ver correr su sangre?

The Weekly Standard

 
Comentarios

Bastante lamentable el articulo este…y una muestra de grado de degradacion a que  han llegado conceptos tan hermosos como democracia, libertad, no ya en España lo q seria bastante entendible visto lo aue hay, sino  en muchas sociedades occidentales en las que esos valores estaban mas asentados y desarrollados… LLamar democraticas a las elecciones que dieron el triunfo justo justo a Morsi y sus islamistas musulmanes , es una burla..unas elecciones en las que un tipo puede votar 2,3,4,5 veces o mas dependiendo de las mujeres que tenga a su cargo…. Yo siempre habia pensado que uno de los principios basicos de la su libertad, demoicracia es una persona un voto…. Creo que precisamente para recuperar su libertad , enfrentarse a los que querian auitarsela, y entrar en una senda de progreso y crear las condiciones para que en un futuro nio muy lejano pueda hablarse de un Egipto domocratico y en paz con sus vecinos, salieron millones de egipcios y de egipcias a la calle contra Morsi y sus islamistas…. Que los norteamericanos y los europeos quieren a Erdogan o a Morsi, poraue Sirven , de momento, mejor a sus manejos.. pues aue se los mmeven a Alemania, a Francia, al Reino Unido o a los EEUU , la verdad tampoco iban a notar mucha diferencia con lo que tienen, pero a los egipcios que les dejen en poaz..bastante dano han hecho ya

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