Por Israel
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| jueves diciembre 5, 2019
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La vida no es descartable. Aunque hoy todo se tire a la basura


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Israel no es descartable, el mundo no es descartable, la humanidad no es descartable, no lo es la familia, no lo son nuestros hijos ni nuestros nietos.

Hace algunos años podíamos referirnos a nuestros abuelos para recordar que no tiraban nada, que todo podía ser reutilizado con otros fines y que cuidaban cada centavo no descartando ningún elemento usado en la vida diaria. Mas adelante recordamos a nuestros padres, esos que nos enseñaron que no hay que tirar las cosas, que un zapato roto puede ser reparado por el zapatero remendón, que la ropa puede modificarse, achicarse o incluso cambiar de modelo en lugar de tirar esa tela tan linda y de buena calidad de la prenda original. Quienes tenemos esos recuerdos y hoy somos padres o a veces abuelos de esta época vemos la cara de asombro de nuestros descendientes cuando le decimos que no esta bien tirar algo a la basura. Es que el mundo cambió y seguirá cambiando, el mundo sigue andando muy a nuestro pesar, en contra de nuestra cultura y tradición familiar.

3 vasos de agua en 3 vasos diferentes en 3 minutos

Hemos perdido la costumbre de valorar las cosas. Hoy todo es descartable, las cosas se usan una vez y se tiran. Hay exageraciones notorias que forman parte de esta nueva cultura. Esos vasitos de un solo uso que se compran en paquetes de a 100 unidades engrosan las bolsas de desperdicios de la casa  y luego los containers de basura del barrio. Las fábricas los producen día y noche para poder abastecer semejante consumo. Tomamos un sorbo de agua, si, agua limpia y pura, y lo dejamos en cualquier sitio. Al minuto siguiente agarramos uno nuevo a pesar de que somos nosotros mismos los que vamos a usarlo.  No vamos a exagerar, no vamos a pensar en todo el proceso que se necesita para producirlos, ni siquiera en los centavos que tiramos cada vez porque son cifras muy pequeñas. Sin embargo nos pone en alerta que esa misma cultura se propague al resto de nuestras acciones diarias.

La religión y las normas de la Kashrut

Quienes respetan todas las normas de la religión judía se apegan a las exigencias de la kashrut para el consumo de alimentos. Para los no conocen del tema aclaramos que no se puede mezclar lácteos con carnes o derivados y otros productos directamente no se pueden consumir. Se requiere tener platos para comidas lácteas y otros para carnes, lugares de almacenamiento separados, cubiertos y vasos para cada uno de esos alimentos. Ese es el motivo por el que resulta mucho más cómodo y rápido usar todo de plástico y de único uso ya que eso asegura que los elementos no fueron utilizado antes con productos que rompan las normas kosher. Las amas de casa ven también la ventaja de no tener que lavar tanta vajilla. Terminado de comer, se acerca el tacho o la bolsa a la mesa, se envuelve todo en el mantel que generalmente también es descartable y una vez que esta todo junto se tira. Asi se hace en la mayoría de los hogares religiosos y por contagio también en muchos que no lo son. Siempre hay algo a favor en cada cosa que hacemos. En un país como Israel en que el agua es escasa y muy cara, ahorramos muchos litros por día al no tener que lavar tantos elementos de cocina. Quienes tenemos la costumbre de la buena mesa no estamos contentos. La comida no tiene el mismo sabor sobre un plato de plástico que sobre un buen plato de loza, vidrio o porcelana. Los cubiertos de acero inoxidable no son iguales que un tenedor de plástico, ese que generalmente se parte al medio si lo que comemos tiene alguna consistencia. Una buena copa no puede compararse con un vaso plástico transparente incluso si contiene el mejor vino del mundo. El tacto de un buen mantel no se compara a esos de papel u otros componentes reciclados que se utilizan en estas ocasiones. No es lo mismo la ceremonia de una buena cena original que sentarse a comer para alimentarse con estos elementos descartables. La vida moderna y práctica seguirá su curso a pesar de mis conceptos. Yo seguiré con mi maldita costumbre de comer al viejo estilo por el único motivo de que eso me hace feliz.

Israel, un lugar donde la gente no es descartable

Por suerte vivimos en un país donde la gente importa. Nos importa la familia, nos importan los amigos, nos importan nuestros jóvenes, nos importan nuestros abuelos. Esta cultura ¨no descartable¨ debe fomentarse cada dia, enseñarla a los niños. Hay que defenderse de una supuesta modernidad en la que nada vale nada, y en la que todo va a parar al basurero demasiado rápido, cuidar la vida de nuestra gente, preocuparnos por la suerte de nuestros soldados, y aprovechar la experiencia de los que más han vivido. Los abuelos israelíes tienen coberturas que los protegen aunque nunca son suficientes. Necesitan todo nuestro respeto y nuestro cariño, necesitan saber que aún tienen un lugar en este mundo. El Presidente, Shimon Peres es un abanderado y un ejemplo que vuelca todo su conocimiento en beneficio de los demás, muestra cabal de la falta de egoísmo y de la solidaridad con el prójimo. Alguien a quien le sigue importando los problemas, que sigue buscando soluciones a los temas más difíciles y conflictivos. El no esta tirado en el rincón olvidado de un hogar y ni siquiera se toma un merecido descanso. En Israel no celebramos la muerte, no gozamos con la violencia. Un país que tiene que defenderse de tantos peligros basa su legitimidad en que su gente no es de un solo uso, en la defensa de la vida, de la organización como comunidad y como Estado. Que no nos contagie esa costumbre de un solo uso para no parecernos a otras culturas en las que matar o morir es parte de lo cotidiano. Nuestro país no es descartable, es el único sitio donde los judíos podemos vivir sin ser señalados y me refiero a todos, no solo a los más ortodoxos. Cuando gran parte del mundo aspira a tirarnos a la basura, 7.500.000 de israelíes defendemos a capa y espada, (aun con nuestras grandes diferencias), esta tierra que nos ha dado la oportunidad de ser nosotros mismos. Tenemos con que, tenemos como, y tenemos la legitimidad de saber que actuamos en forma humana. Estamos convencidos que tenemos derecho a estar aquí. Aportamos a la humanidad cosas positivas, trabajamos por la vida, no solo por la nuestra sino la de todas las personas. No vamos a permitir que elementos y organizaciones extremistas cumplan sus nefastos cometidos contra el mundo. Israel no es descartable, el mundo no es descartable, la humanidad no es descartable, no lo es la familia, no lo son nuestros hijos ni nuestros nietos. Es cierto, la vida dura una sola vez, pero esa sola vez no es un segundo, ni un minuto, ni un dia. Es una sola vez de muchisimos años en los que podemos dejar nuestra impronta para las generaciones venideras. Es nuestra meta y nuestra obligación.

 
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