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27 Adar 5777 | Sábado Marzo 25, 2017
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El Gran Problema De Jerusalén No Son los Judíos


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A tiempo para las festividades de otoño del calendario judío (los judíos de todo el mundo celebran esta semana Sucot – la festividad de los tabernáculos), el New York Times de hoy se ocupó de la delicada cuestión del Monte del Templo de Jerusalén donde, se nos dice, judíos alborotadores están rompiendo las reglas y hacen que la convivencia, si no la paz, sea mucho más difícil. Debido a que algunos judíos extremistas sueñan tontamente con sustituir las mezquitas que están sobre el Monte (que mira sobre el Muro de los Lamentos) con un Tercer Templo reconstruido, un esquema que desataría una guerra de religión que ninguna persona cuerda querría, Israel siempre ha buscado mantener la paz en la ciudad, limitando las visitas de judíos y prohibiendo oraciones judías ahí. Así que con el creciente número de judíos que quieren mirar alrededor y quizás, incluso subrepticiamente, pronunciar una oración, la presunción del artículo del Times parece ser que esto es sólo un ejemplo más en el que los israelíes les hacen pasar un momento difícil a sus vecinos árabes y los echn de una ciudad que es sagrada para las tres religiones monoteístas.

Pero por muy peligrosa que pudiera ser para la paz mundial cualquier idea de poner en peligro la Cúpula de la Roca o la mezquita Al Aqsa, los judíos no son el problema de Jerusalén. Porque la disputa en la ciudad no es realmente tanto acerca de quién controla el Monte del Templo, sino el esfuerzo musulmán de negar la historia judía que está literalmente bajo sus pies. Si fuera sólo una cuestión de compartir el espacio sagrado, compromisos razonables le darían autonomía musulmana total sobre sus lugares sagrados, al mismo tiempo que permitirían que fuera posible a fieles judíos orar en el centro espiritual del judaísmo, ya que los judíos extremistas que quieren desalojar al Islam del lugar son una pequeña minoría. Sin embargo, mientras la posición oficial, tanto de la autoridad religiosa musulmana Wakf, a la que Israel le ha permitido gobernar el lugar desde la Guerra de los Seis Días de 1967, como de la Autoridad Palestina, sea que los Templos nunca existieron y que los judíos no tienen ningún derecho a su antigua capital, eso constituye el verdadero obstáculo para la paz.

En el centro de este enigma hay un error en la historia de la jefa de la Oficina del Times en Jerusalén, Jodi Rudoren. En un esfuerzo por dar algunos antecedentes históricos de la controversia, escribe lo siguiente:

En 2000, la visita de Ariel Sharon, entonces líder de la oposición israelí, acompañado por 1.000 agentes de policía, provocó un estallido violento y, en opinión de muchos, desató la segunda intifada.

Muchos pueden argumentar eso, pero es una mentira total. Como hace tiempo han admitido públicamente personajes dentro de la Autoridad Palestina, la intifada fue planeada, por el entonces líder Yasir Arafat, mucho antes de que Sharon diera un paseo en el sitio de los Templos en ocasión del Año Nuevo judío. La intifada fue una estrategia deliberada con la que Arafat respondió a la oferta de un estado palestino independiente de Israel en la casi totalidad de la Margen Occidental, Gaza y una parte de Jerusalén, que habría incluido el Monte del Templo. La guerra terrorista de desgaste pretendía desanimar a los israelíes y obligarlos, a ellos y a Estados Unidos, a ofrecer aún más concesiones sin forzar a los palestinos a reconocer la legitimidad del estado judío, sin importar donde fueran trazadas sus fronteras. La visita de Sharon no fue más que un pretexto que ya hace mucho tiempo fue desacreditado.

Rudoren merece ser ridiculizada por difundir esta pieza de propaganda sin siquiera mencionar la prueba en contrario. Pero el problema aquí es algo más que sólo un error, que muestra la forma en que ella tiende a tragarse las mentiras palestinas con moño y todo. Esto se debe a que la importancia de la historia de Sharon reside en la forma que los líderes palestinos han utilizado el Monte del Templo, durante generaciones, para generar odio contra los israelíes.

Cabe señalar que, casi desde el principio de la empresa sionista, los que tratan de incitar a la población árabe, que podría considerar una buena cosa el crecimiento económico que viene con la afluencia de inmigrantes, utilizó las mezquitas en el Monte para avivar sentimientos anti-judíos. El pretexto para los disturbios de 1929, en el que los judíos fueron atacados en todo el país y la antigua comunidad de Hebrón fue aniquilada en un pogrom, fue un falso rumor sobre mezquitas atacadas. Arafat utilizó el mismo tema para obtener apoyo para su decisión, de otro modo inexplicable, de hundir la economía palestina en su guerra terrorista. De modo similar, los sermones incendiarios pronunciados en las mezquitas, a menudo han llevado a los fieles musulmanes a arrojar piedras sobre los fieles judíos en la plaza del Muro de los Lamentos.

Los israelíes pueden discutir sobre si la restauración, incluso de una mínima presencia judía, en el Monte del Templo es sensata. Algunas autoridades ortodoxas siempre han dicho que, debido a la duda sobre la presencia de los recintos más sagrados del Templo, ningún judío debe poner un pie en la meseta, aunque es un punto que parece menos relevante debido a los descubrimientos arqueológicos recientes. Otros creen que cualquier esfuerzo para impugnar la propiedad musulmana del sitio convertiría una disputa territorial en una disputa religiosa o espiritual y debe ser evitado a toda costa.

Pero, como tantos debates internos judíos e israelíes, estos argumentos pierden de vista la opinión árabe. Al igual que con otros sitios sagrados que reclaman los musulmanes, su posición no es una en la que están dispuestos a compartir o garantizar la igualdad de acceso. El punto de vista musulmán del Monte del Templo no es una en la que las reclamaciones competidoras se pueden reconocer, y mucho menos respetar. Lo quieren libre de judíos, del mismo modo que imaginan un estado palestino o las zonas de Jerusalén que ellos dicen debe ser su capital.

Es con ese mismo espíritu que el Wakf ha cometido lo que muchos respetados arqueólogos israelíes consideran un programa de actos de vandalismo en el Monte con cantidades desconocidas de antigüedades destrozadas por su programa de construcción. Como no reconocen ningún derecho judío o, incluso, la historia del lugar, han seguido actuando de esta manera con, podría agregar, apenas un vistazo de la comunidad internacional.

Así, mientras que muchos amigos de Israel leerán el artículo de Rudoren y agitarán sus cabezas acerca de la locura de Israel, la verdadera historia de Jerusalén sigue siendo la inquebrantable determinación de los palestinos de extinguir la historia judía como parte de su esfuerzo por deslegitimar al estado judío. Frente a su intransigencia y al hecho de que esa intolerancia es la opinión general palestina, en lugar de la opinión de unos pocos extremistas, el deseo de muchos judíos de visitar un lugar que es el centro histórico de su fe (el Muro de los Lamentos es, después de todo, sólo el vestigio del recinto exterior del Templo) no parece tan alocado.

http://www.commentarymagazine.com/2013/09/22/the-big-problem-in-jerusalem-isnt-the-jews-temple-mount/

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

 
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