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| jueves septiembre 24, 2020
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Gaza, lo malo y lo peor


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Para muchos amigos de Israel, Hamás, el Movimiento de Resistencia Islámico que sojuzga Gaza, es el enemigo público número uno del Estado judío en el mundo palestino. Otros, más pesimistas (o quizá realistas mejor informados), apuntan a la mucho más desconocida Yihad Islámica Palestina, también asentada en la Franja, también terrorista, también adicta al lanzamiento de cohetes sobre territorio israelí, práctica paradigmáticamente terrorista que tiene por objeto infundir terror sobre todo un grupo humano (a ver si se entiende de una vez: estos ataques son deliberadamente indiscriminados, los civiles heridos o muertos no son ahí daños colaterales sino fundamentales).

La Yihad Islámica Palestina (Harakat al Islami al Filastini), fundada a finales de los 70 por el jeque Abdelaziz Awda y el médico Fathi Shiqaqi, es la decana de las organizaciones terroristas islamistas antiisraelíes. Inspirada en la revolución iraní del 79, ahí sigue, en la obediencia ciega a los dictados del Líder Supremo de la República Islámica y en el odio a muerte al Estado judío. Un odio sin concesiones que le lleva a acusar a la mismísima Hamás de tibieza y contemporización con el enemigo por su implicación en la institucionalidad palestina, pues no deja de ser un producto de los Acuerdos de Oslo, que implicaron el reconocimiento de Israel por parte de la OLP. Es por eso que la YIP no participa en proceso electoral alguno y considera ilegítima a la Autoridad Nacional Palestina.

Como le come todo el tiempo, el odio le lleva a distinguirse de Hamás también en la cuestión asistencial: para la YIP no existe, sólo existe la guerra contra Israel. No hay red de seguridad social de la YIP como sí la hay de Hamás. Lo que explica en muy buena medida los muy diferentes niveles de respaldo popular de una y otra.

Una diferencia más: la cuestión nacional. Paradójicamente, la Yihad Islámica Palestina es menos nacionalista que el Movimiento de Resistencia Islámico (pareciera que un jinn les cambió los nombres). Por eso la YIP no le da mayor importancia al hecho de someterse a los dictados de Teherán y asumir lo que lleva implícito el principio de wilayat al faqih, que hace del Líder Supremo de la República Islámica una suerte de caudillo todopoderoso. (Tampoco, pues, se la da al hecho de, siendo suní, someterse a un régimen y un principio chiíes: nadie podrá acusarla de sectarismo, desde luego). Hamás, en cambio, es más independiente. Hamás simpatiza con Irán, no es Irán. En este sentido, la YIP es la Hezbolá palestina.

***

Qué malo es que la Franja sea Hamastán, piensan muchos amigos de Israel. Otros, más pesimistas (o quizá realistas mejor informados), les podrían retrucar: ¿y si la gobernara la Yihad Islámica Palestina que es Irán? ¿Y si después de lo malo sobreviniera lo peor?

 

 
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