Por Israel
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| lunes septiembre 16, 2019
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Pilar Rahola. Yihad (3): ideología 

La idea es crear califatos territoriales que, desde sus bases, permitan la conquista del mundo 


El fenómeno podría definirse en genérico como una ideología totalitaria, de base teocrática y nihilista (aunque parezca un oxímoron), antiliberal (en el sentido de las libertades) y contraria a la modernidad. Tiene muchos nombres, aunque la mayoría son más útiles para encuadrar las noticias, que para conocer las fuentes. Tanto el “islamismo” (que aspira a imponer la sharia), como el yihadismo (que engloba el islamismo violento), o el wahabismo  (de las doctrinas de Al Wahhab) son sinónimos del “salafismo”. El salafismo es la idea matriz que ampara la inmensa mayoría de fenómenos islamistas de todo el mundo, desde Chechenia, hasta Somalia, desde Cachemira hasta Palestina, desde Nigeria hasta los ejércitos de Daesh que cabalgan su terror por la vieja Mesopotamia. Y aunque la ideología es heterogénea y son diversas las estrategias a seguir, todas las corrientes salafistas aspiran a los mismo: volver a los tiempos de los “salaf”, es decir a las tres primeras generaciones de seguidores de Mahoma. Sitúan, pues, su ideal social entre los siglos VI y VIII.
¿Cual su doctrinario básico? Es una ideología integral que da respuesta a todos los ámbitos de la sociedad: desde los religiosos, a los jurídico-políticos. El concepto fundamental se centra en retornar a la grandeza del Islam, creando estructuras políticas tiránicas, que impongan, vía violencia, una férrea ortodoxia religiosa. La idea es crear califatos territoriales que, desde sus bases, permitan la conquista del mundo. Y en este punto es obligado decir que, aunque parezca una ideología infantil, más propia del cómic que de la realidad, lo cierto es que el relato es muy seductor para millones de personas. Sus objetivos, pues, son claros: conseguir ejércitos de luchadores que ayuden a destruir las bases de la cultura occidental, a través del proselitismo y de la práctica del terror. Y para ello es necesario desestabilizar a las democracias occidentales, cuya cultura es la culpable, según esta ideología, de «corromper la fe musulmana». 
Sus obsesiones también son claras: son violentamente antijudíos, pero también son contrarios a cualquier otra fe, solo aceptable si está subyugada al Islam. De ahí que los judíos sean un objetivo prioritario, pero también lo sean los cristianos. Odian profundamente el ideal de libertad y están en contra de la cultura como base de la educación. Al tiempo, solo conciben a la mujer como procreadora, cuyos derechos deben ser seriamente restringidos bajo pena de muerte. Por supuesto, consideran a la Carta de derechos humanos, como una declaración de guerra y solo aceptan de Occidente su tecnología punta. En muchos sentidos, se parecen al nazismo y al estalinismo, aunque su base teocrática la aleja de estos otros totalitarismos. En resumen: es una ideología que odia a la libertad, ama a la muerte y aspira al dominio del mundo. Y, de momento, nadie la frena. 

 
Comentarios

¿Debemos esperar una condena del Papa a esta ideología destructora? JEV

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