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| miércoles septiembre 11, 2019
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¿Quién tiene la culpa de las atrocidades que se cometen en el mundo islámico?


La familia de un trabajador emigrante nepalí muerto en Qatar se dispone a enterrarlo. Los nepalíes desplazados a dicho país son obligados a trabajar en condiciones muy peligrosas, y mueren a razón de uno cada dos días. (Imagen: captura de pantalla de un vídeo de The Guardian).

Traducción del texto original: Who is Responsible for the Atrocities in the Muslim World?
Traducido por El Medio

  • Si el colonialismo fuese el principal problema, cabe recordar que los musulmanes también fueron, y aún son, colonizadores, y no precisamente los más humanitarios.
  • La yihad islámica y la violencia islámica; la sanción de la esclavitud sexual; la deshumanización de la mujer; el odio y la persecución de los no musulmanes y los homosexuales, la supresión de la libertad de expresión y las conversiones forzosas han sido algo generalizado en el mundo islámico desde siempre.
  • ¿Tiene que ser EEUU quien diga a esos hombres que traten a sus mujeres e hijas de una manera completamente humana?
  • América que decir a estos hombres que traten a sus mujeres o a sus hermanas como si fuesen humanas por completo? Si queremos criticar a Occidente por lo que está ocurriendo en el mundo musulmán, deberíamos criticarlo por no hacer más para acabar con esas atrocidades.
  • Blanqueando el daño que la ideología islámica ha hecho al mundo árabe y culpando a Occidente de las atrocidades islámicas no se contribuirá a que los musulmanes asuman sus propios fracasos y tomen las medidas oportunas para superarlos.

Cuando se habla del Estado Islámico, de Boko Haram, de Irán, o de cualquier otro grupo terrorista del mundo musulmán, mucha gente tiende a responsabilizar a Occidente por sus crímenes y devastaciones. Nada más lejos de la realidad. Echar la culpa de los fracasos y errores del mundo musulmán a las naciones occidentales es simplemente fanatismo y un intento de desviar la atención a fin de evitar que lleguemos a la raíz del problema.

Estos grupos terroristas islámicos secuestran mujeres y las venden como esclavas sexuales oesposas, llevan a cabo crucifixiones y conversiones forzosas en masa, tratan de exterminar minorías religiosas y demoler lugares arqueológicos irremplazables: la idea de que todo eso es culpa de Occidente es ridícula, ofensiva y errónea.

Como tantos otros, los Estados occidentales tratan de proteger a sus ciudadanos. Así pues, necesitan tener como socios Estados pacíficos con los que mantener relaciones económicas, comerciales y diplomáticas; no grupos terroristas genocidas que destruyan la vida, la paz y la estabilidad en vastas extensiones del mundo musulmán.

Los Estados occidentales tienen valores democráticos y humanitarios de los que carecen los Estados islámicos. Las experiencias religiosas e históricas del mundo occidental y las del mundo islámico son tan diferentes que éste y aquél acabaron segregando culturas y valorestotalmente diferentes.

Occidente, con sus valores judíos, cristianos y laicos, ha generado una cultura mucho más humanitaria, libre y democrática. Lamentablemente, bajo la sharia, gran parte del mundo musulmán ha desovado una cultura misógina, violenta y totalitaria.

Esto no quiere decir que Occidente haya sido perfecto, inmaculado. De hecho, aún comete crímenes terribles: Europa es culpable de allanar el camino para el exterminio de seis millones de judíos durante el Holocausto, y de seguir sin proteger a sus comunidades judías. Incluso hoy, algunos Estados europeos retuercen la lógica para reconocer a Hamás, que abiertamente declara su deseo de perpetrar un genocidio contra los judíos.

Ahora bien, Occidente asume su responsabilidad por los errores o fracasos registrados en sus dominios. Por ejemplo, por no ser capaz de proteger a las mujeres europeas de los violadores musulmanes. Estos individuos se han trasladado a Europa para aprovecharse de sus oportunidades y privilegios, pero en lugar de mostrar gratitud a los pueblos y Gobiernos europeos violan a las mujeres y tratan de imponer la sharia.

Si queremos criticar a Occidente por lo que está ocurriendo en el mundo musulmán, deberíamos criticarlo por no hacer más para acabar con esas atrocidades.

Occidente, especialmente Estados Unidos, debería usar todo su poder para poner fin a todo esto, especialmente al genocidio de judíos, cristianos y otros grupos no musulmanes que viven en el mundo musulmán.

También beberíamos criticar a Occidente, y a instituciones como Naciones Unidas, con su distorsionado informe sobre la guerra de Gaza, por apoyar a aquellos que, orgullosos, perpetran ataques terroristas contra civiles israelíes y por no ponerse del lado de Israel frente al odio judeófobo genocida.

Deberíamos criticar a Occidente por permitir que en Europa cobre fuerza el antisemitismo islámico, haciendo insufrible el día a día de los judíos.

Deberíamos criticar a Occidente aceptar sin abrir la boca la ocupación turca del norte de Chipre desde hace más de 40 años.

También deberíamos criticar a Occidente por dejar la suerte de los kurdos, pueblo perseguido y sin Estado, en las misericordiosas manos de Turquía, Irán, Irak, Siria y ahora el ISIS. El 25 de junio el Estado Islámico perpetró un nuevo ataque letal en la localidad kurda de Kobani, fronteriza con Turquía, en el Kurdistán sirio. Decenas de personas murieron o resultaron heridas.

Y deberíamos criticar especialmente al actual Gobierno de Estados Unidos por no haber actuado en serio para detener a grupos extremistas islámicos como el ISIS y Boko Haram. [1]

Podríamos seguir.

Por otro lado, no sería normal afirmar que todos estos grupos o regímenes confunden, en el mismo sentido, las enseñanzas de su religión.

Tampoco sería realista afirmar que Occidente ha creado todos esos cientos de grupos terroristas islámicos en todo el mundo musulmán.

Entonces, la pregunta es: ¿qué o quién ha creado todos estos regímenes y grupos terroristas?

En casi todo el mundo musulmán campan por sus respetos la discriminación sistemática e incluso el asesinato, especialmente de mujeres y no musulmanes. Y no sólo por obra de las organizaciones extremistas islámicas. También cometen esos desmanes, a diario, muchos civiles que no están ligados a ellas. La yihad (guerra al servicio del islam) y la subyugación de los no musulmanes están profundamente arraigadas en las escrituras y la historia del islam.

Desde el s. VII, Ejércitos musulmanes han invadido y capturado tierras de judíos, cristianos, hindúes, budistas y zoroastrianos. Llevan 1.400 años de yihad contra otras religiones.

Mucha gente parece impactada, con razón, por la barbarie del ISIS, pero la yihad islámica no es cosa exclusiva del ISIS. La violencia yihadista tiene una tradición centenaria en la ideología islámica. El ISIS es sólo uno de los ejércitos yihadistas del islam. Hay más.

Todo esto es asunto islámico. El Occidente libre no tiene nada que ver con la creación y preservación de esta cultura no libre.

Por el contrario, Occidente ha sido víctima de las campañas militares y los afanes imperialistas islámicos. Pueblos cristianos de Europa estuvieron expuestos a la opresión otomana durante siglos. La caída del Imperio Bizantino fue el punto culminante de la yihad en tierras cristianas. Numerosos lugares de Europa –Grecia, Bulgaria, Albania, Bosnia, Croacia, Hungría, Serbia, Chipre, etc.– fueron invadidos y ocupados por los ejércitos otomanos. Otros, como Venecia, Austria y Polonia, tuvieron que librar cruentas guerras para protegerse.

Los problemas históricos y contemporáneos del mundo musulmán no son, por lo tanto, un producto importado. Son problemas políticos y culturales propios, con los que se los han tenido que ver durante siglos los regímenes y pueblos musulmanes.

La revista The Week ha enumerado algunas de las cosas que no pueden hacer las mujeres en Arabia Saudí: las saudíes no pueden «ir a ningún sitio sin un acompañante masculino, abrir una cuenta bancaria sin el consentimiento de su marido, conducir un coche, votar en las elecciones, nadar, participar libremente en competiciones deportivas, probarse unos pantalones, entrar en un cementerio, leer una revista de moda no censurada, comprar una Barbie, etc.».

Por supuesto, no hay nada específico en las escrituras sobre coches, revistas de moda o muñecas Barbie. Pero hay lo suficiente para mostrar por qué todos estos abusos, y más, están extendidos por todo el mundo islámico, y por qué los clérigos, imanes y muftíes los sancionan.

La cuestión es cómo la teología islámica pone las semillas de las que brotan estas discriminaciones sistemáticas, por qué se ensalzan y cómo se reivindican.

Arabia Saudí no es el único país musulmán donde se deshumaniza a las mujeres. A lo largo de casi todo el mundo islámico –también en Turquía, considerado uno de los países musulmanes más progresistas– las mujeres son de continuo sometidas a abusos o asesinadas por sus maridos, exmaridos, novios, padres, hermanos u otros hombres. [2]

¿Tiene que ser EEUU quien diga a esos hombres que traten a sus mujeres e hijas de una manera completamente humana?

¿Es Occidente lo que les impide respetar los derechos humanos o resolver sus asuntos políticos por medios diplomáticos y pacíficos? ¿Son los musulmanes demasiado estúpidos como para tomar decisiones sensatas y actuar responsablemente? ¿Por qué los americanos y los europeos deberían desear lo peor al resto del mundo?

Demonizar a las naciones occidentales –incluso después de todo el desarrollo cultural, científico y racional que han alcanzado– es racismo puro y duro, así de simple.

«La de que Occidente siempre es culpable está entre las doce peores ideas del siglo XXI», ha escrito el pastor australiano Mark Durie. «Esa creencia irracional e inútil se enseña en numerosas escuelas, y ha empezado a integrarse en la cosmovisión de muchos. Es esencialmente una estrategia silenciadora que pretende sabotear el pensamiento crítico».

El relativismo moral es otro elemento que impide entender la raíz de los conflictos del mundo musulmán. Se trata de un término políticamente correcto que en realidad significa cobardía moral.

Defender el relativismo moral y decir que «todas las culturas son iguales» equivale realmente a decir que una cultura que fomenta el matrimonio infantil, el maltrato a la mujer y la venta de muchachas en mercados de esclavos tiene el mismo valor que una que respeta a la mujer y reconoce sus derechos, y que renuncia a la violencia gratuita.

Otro blanco favorito al que culpar de los problemas del mundo musulmán es el colonialismo británico.

Por cierto, si el colonialismo fuese el principal problema, cabe recordar que los musulmanes también fueron, y aún son, colonizadores, y no precisamente los más humanitarios. Por cierto de nuevo: no parece que los colonizadores musulmanes hayan aportado demasiado a la cultura de los lugares que han invadido y colonizado. De hecho, han retrasado el progreso en los mismos. La imprenta, por ejemplo, llegó al Imperio Otomano casi 200 años más tarde que a Europa.

«Los libros (…) debilitan el poder de aquellos que controlan el saber oral, pues hacen que el conocimiento sea fácilmente accesible a quienes están alfabetizados», apuntan los profesores Daron Acemoglu y James Robinson. «Esto amenazaba con socavar el statu quo, donde el conocimiento estaba en manos de la élite. Los sultanes otomanos y la casta religiosa temían la destrucción creativa que podría derivarse de ello. Su solución fue prohibir la imprenta». [3]

«Los imperios europeos –el británico, el francés y el italiano– tuvieron una presencia muy breve en el norte de África y en Oriente Medio, comparada con la del Imperio Otomano, que gobernó sobre la región durante más de 500 años», refiere el historiador Niall Ferguson.

La cultura que existe hoy en día en el gran Oriente Medio y en el norte de África tiene muy, muy poco que ver con la que los europeos trataron de implantar allí a finales del siglo XIX y hasta mediados del XX.

No puedes culpar al imperialismo y dejar de lado el imperio más duradero en Oriente Medio, el otomano, un imperio musulmán, que se remonta mucho más que cualquiera de los imperios europeos mencionados en este texto.

Los Estados musulmanes continúan ocupando y colonizando varios territorios, como el Kurdistán, Baluchistán y la parte norte de Chipre, un miembro de la Unión Europea.

«Una de las consecuencias más trágicas de la invasión turca de 1974», sostiene el Ministerio chipriota de Asuntos Exteriores, «y la posterior ocupación ilegal del 36’2% del territorio de la República de Chipre es la violenta y sistemática destrucción del patrimonio cultural y religioso en las áreas ocupadas».

Cientos de monumentos históricos y religiosos han sido víctimas del vandalismo, destruidos y saqueados, en varias zonas de las áreas ocupadas. Se han llevado a cabo «excavaciones» ilegales y algunos tesoros culturales han sido robados de los museos y de colecciones privadas y vendidos en el extranjero.

Grupos y regímenes musulmanes continúan persiguiendo a poblaciones locales como los asirios, los caldeos, los mandeos, los shabaks, los coptos, los yazidíes o los beduinos.

«Una parte sustancial de la población beduina vive bajo la amenaza constante de la deportación», informa el analista Ben Cohen. «Alrededor de 120.000 beduinos viven sin nacionalidad y sin ninguno de los derechos anejos a la ciudadanía».

(…) no pueden obtener certificados de nacimiento o de matrimonio, carnets de identidad, permisos de conducir. Se les prohíbe el acceso a la salud pública y a la educación. Su estatus de segunda clase significa que no tienen acceso a los tribunales de justicia para denunciar su bien documentada discriminación. Y en las raras ocasiones en que protestan públicamente –como hicieron en 2011, con pancartas con lemas como «Tengo un sueño»– las fuerzas de seguridad responden con una extraordinaria brutalidad, empleando despiadadamente cañones de agua, granadas de aturdimiento y gases lacrimógenos.

Ni Occidente ni Israel cometen estos desmanes con la comunidad beduina. Es Kuwait, un rico Estado islámico que trata a personas indefensas como si fueran esclavos.

En Qatar, otro rico Estado islámico, los inmigrantes nepalíes que andan construyendo un estadio de fútbol «han muerto a razón de uno cada dos días (…) Esta cifra no incluye [a los] trabajadores procedentes de la India, Sri Lanka y Bangladesh (…) La junta nepalí de fomento del empleo en el extranjero dijo que 157 de sus trabajadores en Qatar habían muerto entre enero y mediados de noviembre» del año pasado. En 2013, la cifra para el mismo período fue de 168.

¿No es eso apartheid?»En Libia, la naturalización sólo está abierta a quien tenga ascendencia árabe», reporta el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). «Y se ha informado de que en el Yemen a numerosos ajdamis, miembros de una pequeña minoría étnica que descienden de esclavos africanos, no se les concede la ciudadanía».

En Kuwait sólo los musulmanes pueden obtener la naturalización, mientras que las leyes libias contemplan la retirada de la nacionalidad a los musulmanes convertidos a otra religión.

¿No es eso apartheid? Las leyes segregacionistas parecen imperar en numerosos lugares del mundo islámico.

Blanqueando el daño que la ideología islámica ha hecho al mundo árabe y culpando a Occidente de las atrocidades islámicas no se contribuirá a que los musulmanes asuman sus propios fracasos y tomen las medidas oportunas para superarlos.

«Entre todos los musulmanes del mundo suman menos premios Nobel que el Trinity College de Cambridge. Sin embargo, hicieron grandes cosas en la Edad Media», comentó el biólogo evolutivo Richard Dawkins en Twitter, después de que otros usuarios de la red social lo criticaran.

Parece que el hecho de tener unas reservas petroleras descomunales, muy superiores a cualquier cosa que haber en los países occidentales, no crea naciones científicamente punteras.

¿Qué es lo que mantiene rezagados a los musulmanes, cuando tienen ventajas inigualables en materia de recursos? ¿Por qué no ha habido una revolución científica en el mundo islámico? ¿Por qué gran parte de la historia islámica ha estado marcada por la agresiva yihad?

La yihad islámica y la violencia islámica; la sanción de la esclavitud sexual; la deshumanización de la mujer; el odio y la persecución de los no musulmanes y los homosexuales, la supresión de la libertad de expresión y las conversiones forzosas han sido algo generalizado en el mundo islámico desde siempre.

Numerosas enseñanzas presentes en las escrituras islámicas, así como las biografías del fundador de la religión, establecen los parámetros en que esos abusos se cometen e incluso se salvaguardan. Estas son las enseñanzas que se han convertido en la cultura del mundo islámico.

Desafortunadamente, la mayoría de los musulmanes han desperdiciado mucho tiempo, energía y recursos en la muerte y la devastación, pero –excepción de algunos esplendores en el mundo del arte arte– no han hecho avances científicos y culturales.

El jeque Hamad ben Yasim ben Yaber al Zani, ex primer ministro de Qatar, dijo que las denuncias sobre los sobornos que el emirato habría pagado para organizar la Copa del Mundo de fútbol de 2022 no eran «justas» y que obedecían a la islamofobia y el racismo antiárabe de Occidente.

Sucesos recientes indican que el jeque, en el mejor de los casos, estaba mal informado.

Niegue todo y culpe al «infiel» de sus fallas. Nada es más importante que su honor, y nada peor que su humillación.

Si los musulmanes queremos tener un futuro más brillante, nada sino nosotros mismos nos puede detener. Deberíamos aprender a analizar de forma crítica nuestro presente y nuestro pasado.

Los activistas pro derechos humanos y los académicos occidentales mienten a los musulmanes sobre su cultura, y basurean y amenazan a América, a Europa y al «sionismo» por los problemas de aquéllos. Eso jamás conducirá a desarrollos positivos en el mundo musulmán. La cultura y la ideología religiosa islámicas son los responsables de esos problemas.

Si alguna vez va a haber una Ilustración, una Reforma, un Renacimiento del mundo musulmán, sólo podrá empezar con una mirada dura e inquisitiva sobre su pasado y su presente.


[1] Y la Hermandad Musulmana, la República Islámica de Irán, Al Qaeda, Al Bader, Al Gamaa al Islamiya, la Yihad Islámica, el Frente al Nusra, Hizb ut Tahrir, Al Ghurabaa, Al Itihad al Islamiya, Al Murabitún, las Brigadas Abdulá Azam, Jaish al Muhayirín wal Ansar, Yamaat ul Furquan, Yamaat ul Ahrar, Yamaat ul Muyahidín de Bangladesh, Yamiat al Islah al- dzhtimai, el Gran Frente Oriental de Invasores Islámicos, Al Shabaab, Abu Sayaf, Tehrik e Nafaz e Shariat e Mohamadi y el Supremo Consejo Militar Majlis al Shura de las Fuerzas Muyahidín Unidas del Cáucaso, por citar sólo uno cuantos.

[2] V. «Gender equality gap greatest in Islamic countries, survey show», Patrick Goodenough, 29 de octubre de 2014; «The treatment of women In Islam», Rachel Molschky, 7 de octubre de 2013; «Women suffer at the hands of radical Islam», Raymond Ibrahim, 9 de enero de 2014;«As Muslim women suffer, feminists avert their gaze», por Robert Fulford, National Post. Ayse Onal, una importante periodista turca importante, dice en su libro Crímenes de honor: relatos de hombres que asesinaron que en Turquía los crímenes de honor suponen una media de uno por día: entre 2000 y 2005 se reportaron 1.806 casos.

[3] Daron, Acemoglu & Robinson, James (2012), Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, Crown Publishing Group.

 
Comentarios

Estupendo artículo. Les falta su propio renacimiento cultural. Están viviendo en la Edad Media de pueblos bárbaros y cruzados, que hoy conforman Europa y las sociedades occidentales.

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