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| jueves septiembre 12, 2019
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Sucot: visto y no visto


 

Sucot es una de las fiestas del calendario hebreo que resultan más enigmáticas. Por un lado conmemora los 40 años de deambular después de la salida del Egipto faraónico, pero en las antípodas (del año solar) de Pesaj, siendo ambas celebraciones las únicas de una semana de duración. Junto con Shavuot (que rememora la recepción de la Torá, también durante la travesía del desierto), son las tres en las que el Israel antiguo se vaciaba, ya que todos peregrinaban al Templo en Jerusalén. Éste, el sitio más sagrado y único para el judaísmo, se ubicaba en el mismo exacto lugar donde hoy se encuentra la tristemente famosa Explanada de las Mezquitas, que algunos medios de comunicación se empeñan en destacar reiteradamente como el tercer sitio más sagrado del Islam, a pesar de que el nombre de la ciudad no aparece mencionado siquiera una vez en todo el Corán (en la Biblia judía, 850 veces) y de que nunca fue un lugar de peregrinaje para esta fe (como lo es, por ejemplo, La Meca).

Sucot culmina con el final y reinicio de las lecturas bíblicas del Pentateuco. Los últimos capítulos del Deuteronomio narran la muerte de Moisés, ordenado a ascender al monte Nebo para ver desde su cima la prometida tierra de Canaán a la que no podrá entrar, después de cuatro décadas de lidiar con una horda de esclavos dubitativos y transformarlos en un pueblo unido y decidido. Y en Sucot la tradición impone morar en un tabernáculo (una vivienda transitoria, como la vida misma) cuyo techo, de ramas de árboles o cañas, debe responder a la premisa de que desde su interior se puedan ver las estrellas. Como Moisés, sólo podemos entreverlas. Y una tercera visión ocurre en estas fechas y es la visita de siete huéspedes angelicales e invisibles (ushpizín en el término arameo con que se conocen) durante los siete días de morar en la cabaña: Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Aarón y David, que dibujan la senda desde la revelación monoteísta a la instauración del Templo, pasando por los avatares que constituyen la cosmogonía de nuestro pueblo.

El misterio de Sucot estriba, más allá de los rituales y tradiciones, más en lo que esconde que en lo que muestra, siendo la propia sucá una representación simbólica de un Templo que está en nuestras manos construir aún en el más árido de los desiertos, incluso sabiendo que físicamente no podremos alcanzar la meta (¿cómo, si no, explicar el valor de la descendencia y la familia?), conscientes de la presencia espiritual de los que nos precedieron y testigos de unas estrellas y cielos que siguen siendo el manto protector de nuestra existencia. Visto y no visto.

Jag Sucot Sameaj

 
Comentarios
dra maria adilia guadamu

Deseo lo mejor a israelí y decretamos la paz en Jerusalén.xfa oración x mi vida

Detras de las celebraciones,las liturgias y los símbolos, se oculta veladamente El «Róstro» de Di-s, Aquel al cual es imposible acceder desde planteamientos meramente reiligiosos y convencionales, por mas que «el hombre» precise y se valga de éstos, para dar forma a sus creencias, substanciandolas de una manera visible y reconocible … Di-s permanece una busquedad, en muchos aspectos en un enigma dificil de desentrañar, un Todo, inabarcable, lo Absoluto por definicion, Intangible pero Cierto, Inaccesible pero Cercano, Misterioso pero Revelado, Justiciero pero Compasivo … Tengo para mi, que solo por medio de una álma humilde y pura, existe la opcion de llegar a «intimar» con ÉL, de acercarse a Su Misterio, al Insondable Enigma que Su Figura Representa, y por ende a los tesoros de mansedumbre y paz inherentes a cuantos se adentran por Sus Verédas … Mas que teologizar acerca de ÉL, que reducirlo al cumplimiento de una serie de preceptos regulados como tal, que invocar Su Nombre en interminables oraciones y disertaciones, o asociarlo con una determinada confesion religiosa, lo que en verdad somos llamados a alcanzar, es una relacion personalizada y fecunda con El Autor de nuestros dias, mediante el vínculo de la fé, la obediencia y la «Gracia» (* término utilizado para expresar los dónes de benignidad de los que por Parte de Di-s somos hechos receptores, con arreglo a Su Misericordia)
«Circuncindar el prepucio del corazon», tal como reiteradamente invita a Su pueblo en ciertos pasajes Biblicos, equivale pues a ir mas allá de un simple formulismo, se trata de una méta superior que tiene en los «Cielos» su proposito y fundamento, algo que nos hace participes de la Naturaleza Divinidad, Aquella misma que por médio del Espiritu (Ruaj ha Kodesh) habita ya en nosotros, desde el instante en el que a tal fin hemos sido concebidos …

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