Por Israel
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1 Sivan 5777 | Viernes Mayo 26, 2017
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BEHAR-BEJUKOTAI


 

En el Monte Sinaí, Di-s le comunica a Moshe las leyes del año sabático. Cada séptimo año, todo el trabajo en la tierra debe cesar, y su producto debe ser dejado libre para que lo tomen todos, tanto seres humanos como animales.

Siete ciclos sabáticos son seguidos por un quincuagésimo año, el año de jubileo, en el cual también cesa el trabajo en la tierra, todos los sirvientes son enviados libres y las propiedades ancestrales en la Tierra Santa vuelven a la posesión de sus propietarios originales.

Behar también contiene leyes adicionales que gobiernan la venta de tierras, y las prohibiciones contra el fraude y la usura.

En la sección Bejukotái Di-s promete que si los Hijos de Israel observan sus mandatos, disfrutarán de prosperidad material y vivirán seguros en su tierra. Pero también da una dura “reprimenda” advirtiendo sobre el exilio, la persecución y otros sufrimientos que les ocurrirán su abandonan su pacto con Di-s.

Sin embargo, “Aun entonces, cuando están en la tierra de sus enemigos, no los aborreceré ni los despreciaré como para destruirlos y anular Mi pacto con ellos; pues Yo soy el Señor, su Di-s”.

La parashá concluye con las reglas de cómo se calculan los valores de los diferentes tipos de promesas económicas hechas a Di-s.

 

¿DE QUIÉN ES LA TIERRA?

 

“Los cielos son de Di-s y la tierra la dio a los hijos del hombre” (Salmos 115:16)

 

En Israel nadie es realmente dueño de la tierra, sino que esta es alquilada por una determinada cantidad de años. Y esto surge del versículo de Salmos citado: Di-s, verdadero dueño de todo, nos da la tierra para que la trabajemos y, mediante ese trabajo construyamos una morada para Él en este mundo.

Cuando alguien compraba un terreno de cultivo en la Tierra de Israel, en realidad compraba las cosechas que estimativamente éste podría rendir desde el año de la compra hasta el jubileo, y en base a eso se fijaba el valor del terreno. Si el dueño original deseaba recuperarlo, devolvía al comprador el dinero recibido, restando las cosechas que éste ya había obtenido. Para explicarlo mejor: A vendía a B su terreno 10 años antes del jubileo por 10 monedas de oro, luego, tras tres años devolvía 7 monedas de oro y el terreno volvía a ser suyo, porque el comprador ya había usufructuado las cosechas de tres años. Y esto explica mejor el versículo: nosotros no somos dueños de la tierra, sino de su producto, obtenido de la tierra que Él nos concedió para que la trabajemos.

 

Negocios son Negocios… de Di-s

 

Por Naftali Silberberg

 

La Parashá de esta semana nos cuenta acerca de la prohibición de trabajar el campo durante el año de Shemitá (sabático).

“Y si se preguntasen: ‘¿Qué comeremos en el 7º año, ya que no podremos sembrar ni recoger nuestros productos?’. Yo dirigiré Mi bendición a Uds. en el 6º año, de modo que la tierra produzca suficiente cosecha para los tres años. Sembrarán en el 8º año, pero continuarán comiendo la cosecha vieja hasta el 9º año; hasta que esté disponible la cosecha, continuarán comiendo la vieja”.1

Muy poca gente puede darse el lujo de abandonar su trabajo sin recibir paga durante un año entero. Podemos imaginarnos que ocurriría si toda una nación decide abandonar sus puestos de trabajo y tomarse vacaciones por un año, tomaría años reestablecer la economía de semejante catástrofe. Huelgas de pequeños grupos de trabajadores, que duran algunos días provocan perdidas de millones de dólares a la economía.

No obstante, esto ocurría. Y regularmente. Una nación basada en la agricultura colectivamente abandonaba sus herramientas de trabajo y se tomaban un “año sabático” cada siete años, ¡y sobrevivían y prosperaban!

Generalmente hablamos de los milagros de la partición del Mar de las Cañas, de las diez plagas en Egipto, o de los milagros del Profeta Elías, pero dejamos de lado esta maravilla que ocurría en la tierra de Israel ¡cada siete años! Durante siglos, la cosecha del sexto año era tan abundante que alcanzaba para alimentarse durante 3 años.

Quizás podemos incluso decir que era mas grande el milagro de la fe de los judíos en

Di-s que el milagro de la abundancia de la cosecha.

Si miramos a la sociedad actual podemos observar que la gente tiende a relegar a Di-s a la sinagoga. Aquellos más piadosos lo dejan entrar en sus vidas personales. Pero muy pocos están dispuestos a dejarlo entrar a sus negocios y chequeras. “Yo oro a Di-s, estudio Torá y cumplo Mitzvot, pero negocios son negocios…”. La Tora nos ordena destinar el diezmo de nuestras ganancias a caridad, nos prohíbe prestar con intereses, estafar, malversar y trabajar en Shabat y días festivos, a veces hacemos la vista gorda ante estos mandatos bíblicos para aumentar nuestras ganancias.

Shemitá, el año sabático, nos enseña que no somos débiles por naturaleza, tenemos la capacidad de confiar en Di-s. Y Él tiene la facultad de recompensar a quienes confían en Él. Él declara, “¿Mi mano es muy corta para redimir o no tengo fuerza para salvar? Cuidaos, con mi castigo Yo secare los mares y transformare los ríos en desiertos”

Si, el mismo Di-s que partió el mar puede proveer abundantemente a nosotros y nuestras familias.

Este concepto es tan vigente hoy en día como fue en la tierra de Israel hace dos mil años. Haga clic acá para leer una hermosa historia que ilustra este concepto. (www.es.chabad.org)

 
Comentarios

Lo que en verdad espera El Señor nuestro D- de nosotros, es que seamos capaces de percibir Su Voz en nuestro interior, y de aplicar hacia los demas, ésa misma misericordia que de Él recibimos sin cesar …
Ningun mandamiento es mayor al de ámarle a Él por encima de todo, y en consecuencia, de amar al prójimo como a uno mismo …
ni tan siquiera el hecho de adquerir la condicion de “sábio” puede sérle comparada …

Tengamos pues siempre presente, que El Eterno no ha venido a redimir “errudictos” ni “teólogos” sino mujeres y hombres arrepentidos y humildes; conscientes de su condicion caida y pecaminosa ante ÉL, y apliquemonos desde ese instante, a andar en verdad en Su Presencia, los unos con los otros …

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