Por Israel
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24 Kislev 5778 | martes diciembre 12, 2017
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El Paraíso y la luz


 

Dado que según el Zohar o Libro del esplendor fuimos expulsados de la condición paradisiaca y en ese mismo momento adquirimos piel, es decir límites, antes de serlo éramos seres de luz al servicio del Altísimo. Seres de luz en la plena luz del Ser. Basándose, entonces, en esa idea y de modo singular muchos kabalistas ven el pasaje del Génesis 3:23 que dice ´´lo sacó el Creador del Huerto del Edén´´, migan eden, no sólo como una salida, un abandono sino también como una dirección que hay que recuperar en nuestro camino hacia luz originaria, ya que la (מ mem) delante de Eden, además de un origen,  estaría indicando una senda: nada menos y nada más que la del estudio, en especial si recordamos que lomed, talmid  y Talmud  (תלמוד )proceden  de la movilidad que confiere la  letra lamed ( l ). En efecto, el estudiar, el estudiante y el estudio, que eso significan esas palabras, conforman aquello que conduce, gradualmente, reminiscencia tras reminiscencia, huella verbal tras huella verbal, al Paraíso. migan eden (גמ}ד }נמ=      124 + 93 =    217 =    yrW),   ori, mi luz).  El estudio incrementa, según parece, la luz que percibimos.

            Sin embargo, incluso si recuperada, esa la luz no será nunca completa ya que la condición carnal tiene la dosis de opacidad somática que necesita para ser, y los tabiques que la sostienen, sus huesos y órganos, frenan a la par que guían nuestra marcha. Podemos ciertamente participar de la luz, pero entrar del todo en ella sería desaparecer. Aun y así, dado que el estudio nunca se acaba, en la  progresión que determina esa evolución, los treinta y dos senderos  nos van iluminando, iluminando gradualmente y con esa iluminación degustamos de la condición del Pardés, que por cierto no puede ser sino incorpórea. Un rabino del siglo XVII llamado Samuel ben Moisés Shalom de Kremnitz dijo al respecto: ´´La luz emitida en los comienzos de la Creación no era la misma que la proyectada por el sol, la luna y las estrellas. Pues la luz de aquel primer día hubiera permitido al ser humano abarcar el mundo de un extremo al otro de una sola mirada. Mas, como tras su creación, el hombre resultó indigno de su Creador, fue por tanto incapaz de gozar de la bendición de una luz semejante y . . .Dios la ocultó. No obstante eso, en el mundo por venir, en el futuro, reaparecerá en toda su gloria para disfrute de los seres piadosos. De hecho, esa luz resplandece ya sobre los justos en el séptimo día, y esa luz recibe el nombre de alma adicional.´´

Lo del alma adicional se refiere sin duda al shabat, en esencia a la contemplación.

 
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