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27 Tishri 5778 | martes octubre 17, 2017
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DEVARIM-JAZON


B’H

 

El primero de Shvat (37 días antes de su fallecimiento), Moshé comienza su repetición de la Torá para toda la congregación de los Hijos de Israel, repasando los eventos ocurridos y las leyes entregadas en el transcurso del viaje de 40 años desde Egipto a Sinaí y a la Tierra Prometida, amonestando a la gente por sus fallos e iniquidades, y enlistándolos en el cumplimiento de la Torá y la observancia de sus preceptos en la tierra que Di-s les está dando como herencia eterna, a la cual ingresarían luego de su muerte.

Moshé recuerda el nombramiento de jueces y magistrados para aliviar la carga de administrar justicia a la gente y enseñarles la palabra de Di-s; el viaje desde Sinaí a través del enorme y temeroso desierto; el enviado de espías y el subsiguiente rechazo de la Tierra Prometida, de manera que Di-s decretó que la toda generación del Éxodo debía perecer en el desierto. “También contra mí” dice Moshé “Di-s se enojó por causa de ustedes, diciendo: Tú tampoco entrarás allí”.

Moshé también recuerda algunos de los eventos más recientes: la negativa de las naciones de Moab y Amón de permitir al Pueblo Judío pasar por su tierra; la guerra contra los reyes Emoritas Sijón y Og, el asentamiento en sus tierras por las tribus de Reubén, Gad y media tribu de Menashé; y el mensaje de Moshé a su sucesor, Ieoshúa, que llevará al pueblo a la Tierra y lo liderará en las batallas por su conquista; “No les teman, porque Di-s, tu Señor, luchará por ti”.

 

EL SEÑOR LUCHARA POR USTEDES

“No teman, el Señor luchará por ustedes” le dijo Moshé al pueblo a las puertas de la Tierra Prometida. Frente a los Hijos de Israel se encontraban pueblos fuertes, acostumbrados a la guerra, con ciudades fortificadas, sin embargo Moshé los alentó a enfrentarlos, pues Di-s libraría la batalla por ellos.

Día a día salimos a batallar en el trabajo, con la familia, con el estudio, y a veces llegamos a sentirnos superados por los factores externos, sin embargo, debemos actuar con fe y fuerza, pues si salimos al combate, “El Señor luchará por ustedes”.

 

Se disminuye en alegría…se trae la Redención

Dicen nuestros Sabios: “Desde que se inicia el mes de Menajem Av se disminuye la alegría”.

Literalmente y en términos prácticos, esto significa que a partir del primer día del mes, el duelo se acrecienta.

A partir de este día no se bebe vino ni se come carne (excepto en Shabat).

El jasidismo sumó a esa ley judía una óptica optimista. Además de vivir el duelo en términos prácticos, dice, hay que hacer algo para contrarrestarlo.

El duelo se debe a la destrucción, por lo tanto, además de sentirlo hay que reconstruir…

El duelo se debe al Galut (Diáspora), por ello, debemos incrementar los esfuerzos para salir de él, para traer la Redención del pueblo judío.

Este enfoque se encuentra en las palabras de nuestros Sabios, y se manifiesta en la sensible percepción del jasidismo:

“Desde que se inicia el mes de Av se disminuye…” todo lo que fue factor del Galut. ¿Cómo?… “con la alegría”.

Con la alegría de cada Mitzvá, con la alegría de cada palabra de Torá, con la alegría de pertenecer al pueblo de Israel.

Todos estos temas: la alegría, la tristeza, el optimismo y las preocupaciones han merecido sabias palabras de los grandes del Jasidut, algunas de las cuales han sido seleccionadas aquí. (www.es.chabad.org).

 

El amor que siente Di-s por cada judío se extiende no solamente al alma del judío, sino también a su cuerpo. Di-s ama a todos los judíos sin distinción; Él ama por igual al más grande erudito de la Torá como al judío más simple.

 

El Muro de los Lamentos

El Kotel, como se le conoce en hebreo, es el muro occidental, un muro de piedras conocido en el mundo entero como símbolo del judaísmo y el primer lugar que se visita cuando uno está en Jerusalém.

El Kotel HaMaarabi es un monumento testimonial de la gloria de antaño de Israel, pero sobre todo de sus esperanzas para un futuro promisorio cuando Di-s habrá de reunir a todos los dispersos del pueblo judío y los hará regresar a Su tierra.

Ese gran muro constituye el único remanente del Templo- Beit HaMikdash- y de la gloria del reino de Israel. Atesora en su interior los sufrimientos de Israel y sus dolores. Popularmente recibe el nombre de “El Muro de los Lamentos”. Otros solían llamarlo el “Muro de los Pobres”, pues éstos lo visitaban con mayor frecuencia porque encontraban un oído atento sus súplicas.

Es parte de la creencia popular que cuando se repartieron las labores para la construcción del Templo, la erección del Muro Occidental correspondió a los pobres. Dada su situación de carencia, no les fue posible contratar albañiles para realizar las obras, como lo hicieron las personas de estratos sociales más elevados, y es por ello que su construcción les demandó grandes esfuerzos. Cuando el enemigo se dispuso a destruir el Muro Occidental, los ángeles celestiales descendieron desde su morada, extendieron sus alas y dijeron: “este muro es producto del esfuerzo de los pobres, jamás será destruido”

El Muro que vemos elevarse desde el piso, no es más que un aspecto parcial del mismo. Su parte mayor ha quedado sepultada bajo tierra.

En las numerosas excavaciones realizadas en las cercanías del Kotel, se han descubierto más de 20 hileras de grandes piedras talladas, similares a aquellas que podemos apreciar en la parte inferior a nivel del piso. En la actualidad, son visibles dos hileras y media más que lo que había en el momento de su liberación en la Guerra de los Seis Días.

La longitud del Kotel durante la ocupación árabe era de 28 metros. Luego fue ampliada a 48 metros. Está construido con nueve hileras de piedras enormes, labradas, que datan de la edificación de Herodes. Encima de ellas se levantan otras cuatro hileras de piedra más pequeñas procedentes de la construcción de Cesar Adriano, que erigió un templo para Júpiter, deidad romana.

Las hileras inferiores están compuestas por piedras labradas cuyos cantos han sido tallados a modo de adorno y decoración y datan de la época del Segundo Gran Templo. Por el contrario, las otras cuatro hileras superiores, están formadas por piedras planas, sin ornamento de ningún tipo. Las piedras de las filas inferiores son extremadamente grandes, cada una de un largo aproximado de un metro y medio por un metro de alto.

De un modo especial resaltan dos piedras de los costados, una en su extremo norte y una en el sur, de un ancho superior a los cinco metros.

El Muro ha sufrido muchos cambios desde aquel día en que quedó como único remanente del Beit HaMikdash. Extraños y ajenos a él lo dominaron: romanos, bizantinos, árabes, cruzados y otomanos y sin embargo jamás se separó de él la Presencia Divina ni el pueblo judío. En el Talmud (Meguilá 28,a) los Sabios explican que los Santuarios conservan su santidad aún cuando sean desvastados; así el lugar físico que ocupaba el Gran Templo de Jerusalém, mantiene intacta su santidad aún luego de ser destruido, incluso después de que los paganos lo profanaron. Jamás la Presencia Divina se apartó del Muro Occidental y “éste jamás será destruido porque la Presencia Divina se encuentra en la parte occidental” (BaMidbar Rabá 21:3).

¡Que se reconstruya el Templo muy pronto en nuestros días, Amén! (www.es.chabad.org)

 

 

 
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