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10 Iyyar 5778 | miércoles abril 25, 2018
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Pilar Rahola. Auschwitz, la lírica


Al dejar Auschwitz, nos encerramos en nuestras emociones, trastornados por tanta intensidad

Suena el shofar –el cuerno litúrgico que hace tres mil años que usan
los judíos, y empezamos a andar. Alrededor, más de trece mil judíos,
autoridades, decenas de embajadores de la ONU y los Presidentes de
Polonia y de Israel. Los pasos son lentos, como si la siniestra maldad
del lugar los frenara, encolerizado por haber perdido la batalla. Son
tres kilómetros de marcha por la vida entre Auschwitz y Birkenau, como
bello tributo a la victoria sobre el horror.

Pero la memoria de millones de personas tratadas como animales,
gaseadas hasta la muerte (tardaban veinte minutos en morir), y
convertidas en humo en los crematorios, nos pesa como una losa, y las
emociones inician un intenso proceso de vaivén, de la tristeza a la
alegría, de la rabia a la esperanza. En la marcha hay 13.850 judíos y
alguien me dice que esta era la cifra de los judíos asesinados en un
solo día en Birkenau, cuando la solución final usaba los crematorios a
toda capacidad. Trece mil judíos quemados en un día…, toda la gente
que ahora andamos, los argentinos que cantan cerca, un judío polaco
superviviente de 90 años que, con la nieta, marcha con una torá y el
uniforme de Auschwitz, mi amigo Hernan, israelí orgulloso, superviviente
de muchas vidas, unos alegres jóvenes de Los Ángeles, los cubanos que
saludan con su acento dulce…, trece mil judíos quemados en un solo
día, aquí, en Birkenau, andando por los caminos donde ahora doy los
pasos…

Siento un aliento negro y la oscuridad me invade, en una espiral que
me hunde sin remedio, y el ahogo que provoca tanta maldad, me sacude el
alma y me derrota. Auschwitz es eso, una oscuridad que engulle la luz y
mata toda vida. Nuevamente, como la primera vez que estuve, con mi hija,
me rompo por dentro. Pero entonces veo las banderas de Israel, metáfora
de la supervivencia de un pueblo escogido para ser exterminado, y
alguien me dice que murieron 75 personas de su familia, pero que ella
está aquí y pronuncia los nombres y, al hacerlo, alza la fuerza de la
vida. “No nos exterminaron, no lo consiguieron”, remacha, y su sonrisa
me devuelve la paz. Sí, venimos de la memoria de la muerte, pero estamos
andando por la vida.

Después vendrá la ceremonia solemne: la canción Es Brent, himno de
los guetos de Polonia, cantada por el teniente coronel Shai Abramson;
“Eli, eli”, escrita por la húngara Hannah Senesh que, a pesar de haber
emigrado a Israel, volvió a luchar contra los nazis y fue fusilada a los
23 años; el Malei Rachamim, la tradicional plegaria judía para los
muertos; los parlamentos presidenciales; el encendido de antorchas; el
Kadish de luto; la Hatikva…

Al dejar Auschwitz, nos recluimos en nuestras emociones,
trastornados por tanta intensidad. Miro alrededor y pienso en los miles
de judíos que me acompañan. Son los vencedores de este reino de muerte
que quiso aniquilarles. Y con este pensamiento luminoso, dejo atrás la
oscuridad.

 
Comentarios

Dejen de mezclar a Pilar Rahola con Israel!!! Es vergonzoso y patético dejarse engañar por esta manipuladora interesada!!!!

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