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10 Elul 5778 | martes agosto 21, 2018
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SHELAJ 5778


Moshé envía doce espías a la Tierra de Canáan. Estos vuelven cuarenta días después, cargando un enorme racimo de uvas, una granada y un higo, para reportar sobre una exuberante y bondadosa tierra. Pero diez de los espías advierten que los habitantes de la tierra son gigantes y guerreros “más poderosos que nosotros”; sólo Caleb y Ieoshúa insisten en que la tierra puede ser conquistada, como Di-s indicó.

La gente llora diciendo que prefieren volver a Egipto. Di-s decreta que la entrada de Israel a la Tierra debe ser demorada por cuarenta años, tiempo durante el cual la generación entera fallecerá en el desierto. Un grupo de judíos arrepentidos se abalanza sobre la montaña en el borde de la Tierra pero son rechazados por los Amalecitas y los Cananitas.

Son entregadas las leyes de Menajot (ofrendas de harina, vino y aceite), así como el precepto de consagrar parte de la masa (jalá) a Di-s cuando se hornea pan. Un hombre viola el Shabat cuando carga ramas y es castigado con pena capital. Di-s ordena poner flecos (Tzitzit) en las cuatro puntas de las vestimentas para recordar la observancia de las Mitzvot (preceptos Divinos).

 

NUESTRA MISION ESTA EN LA TIERRA

 

“Empezaron a hablar mal de la tierra que habían explorado. Les dijeron a los israelitas: ‘La tierra que cruzamos para explorar es una tierra que consume a sus habitantes…’” (Bamidbar 13:32)

 

Según los maestros jasídicos la intención de los espías no era tan mala como aparenta. Al afirmar que era una tierra que consumía a sus habitantes pretendían transmitir el siguiente mensaje: “Al tener que trabajar la tierra, cosechar su fruto, ganarse la vida, luchar contra potenciales enemigos, como los pueblos que hayamos en el lugar, el pueblo va a abandonar gradualmente el estudio de la Torá. En cambio acá, en el desierto no es necesario luchar por el sustento, estamos protegidos contra todo enemigo potencial. Es mejor permanecer en este lugar y que la Torá sea estudiada como corresponde”. Y este fue su error, la intención de Di-s no es que vivamos una vida aislada de todo lo material, sino que, a través de nuestro trabajo material, ganándonos el sustento material, con herramientas materiales y cumpliendo con nuestro trabajo las mitzvot que nos fueran ordenadas, debemos construir una morada para Di-s en ESTE MUNDO MATERIAL.

 

Cuando vas a Israel ¿Qué ves?

¿Cuál fue el pecado de los espías?

Por Eliezer Shemtov

Una de las historias más intrigantes de la Torá es la que leemos esta semana sobre los doce enviados que Moisés mandó desde el desierto en anticipación a la conquista de la tierra de Canaan.

Moisés mandó como representantes del pueblo judío a los príncipes de las doce tribus, y les pidió que vieran cómo estaba la tierra y el pueblo que la habitaba: ¿Era fuerte o débil? ¿Poco o muy numeroso? ¿Era la tierra que habitaban buena o mala? ¿Eran las ciudades fortificadas o abiertas? ¿Era la tierra fértil o infértil? ¿Tenía algún árbol o no? Finalmente les pidió que trajeran muestras de las frutas de la tierra.

Luego de cuarenta días de recorrer la tierra volvieron al desierto con el informe.

Diez de ellos, con excepción de Ieoshúa y Calev, dijeron lo siguiente:

“Es, en realidad, una tierra que mana leche y miel; he aquí una muestra de sus frutas. Pero es una tierra habitada por gigantes. Nosotros nos mirábamos como si fuéramos langostas [al lado de ellos] y así también nos miraban ellos. Es una tierra que traga a sus habitantes. No podremos conquistarla.”

El pueblo, al escuchar semejante informe, reaccionó quejándose a Moisés por haberlos sacado de Egipto.

Como consecuencia del informe negativo de los espías y la reacción negativa del pueblo Di-s determina que los diez espías que hablaron mal morirían. Asimismo, durante los próximos cuarenta años el pueblo judío iba a deambular por el desierto y todo aquel que tenía más de veinte años al salir de Egipto iba a morir como castigo por su rebeldía.

Cabe preguntarse: ¿Cuál fue el pecado de los espías? ¿No es que Moisés los mandó para que trajeran un informe justo de lo que veían? ¿No fue eso lo que efectivamente hicieron? ¿Por qué fueron castigados?

Encontramos muchas explicaciones al respecto.

La explicación más sencilla es que Moisés no les había pedido que opinen si la tierra era conquistable o no; simplemente los mandó para que vean cómo sería la mejor manera de conquistarla. Al agregar que “era inconquistable” sobrepasaron el mandato de su misión.

Pero, todavía cabe preguntarse: ¿cómo es que los espías, hombres de semejante nivel espiritual, que habían presenciado las milagrosas plagas de Egipto y la partición del mar, duden, de repente, de la capacidad de Di-s de ayudarlos a conquistar a los gigantes de Canaan?

Las enseñanzas jasídicas explican que la clave está en las palabras “es una tierra que traga a sus habitantes”. Los espías temían que debido a que era una tierra muy fértil, al entrar a la tierra, los judíos se iban a ocupar demasiado con su cultivación. Mientras estaban en el desierto, alimentándose diariamente del maná que caía del cielo, podían dedicar su vida a la espiritualidad, pero una vez que entrarían a la tierra fértil de Canaan, iban a estar demasiado absorbidos en el trabajo físico y terrenal.

¿No será esta una preocupación genuina y noble? ¿Por qué castigar a un grupo de gente que prefiere que el pueblo judío se dedique a la vida espiritual en vez de a la material?

La respuesta es que dicha actitud contradice toda la razón de ser de la creación del mundo en general y los principios del judaísmo en particular. Di-s creó un mundo físico no para que nos huyamos de él, refugiándonos en una burbuja espiritual, sino para que lo trabajemos, lo sublimemos y lo utilicemos para servirLo. El objetivo de la vida no es quedarse en el desierto de la espiritualidad, sino entrar a conquistar y utilizar el potencial que la tierra habitable nos proporciona para servir a Di-s.

En el judaísmo no hay una dicotomía entre lo material y lo espiritual. Ambos fueron creados por el mismo Creador y su objetivo es utilizar a ambos para servirlo.

Otra enseñanza que aprendemos de esta historia es del comentario que hicieron los espías: “Nosotros nos veíamos como si fuéramos langostas [a lado de ellos] y así también nos veían ellos.”

Una cosa depende de la otra, dicen nuestros sabios. Cuando uno se considera inferior, el otro lo mira como inferior. Cuando uno tiene confianza en sí mismo, esto se proyecta e influye en la actitud que los demás tienen para con uno.

¿Cómo es que dos de los doce enviados, Ieoshúa y Calev, se salvaron del complot?

Ambos entendieron algo que los demás ignoraban. Moisés no los mandó a recorrer la tierra porque necesitaba de su información. Moisés los mandó para que vean con sus propios ojos la realidad que él ya sabía: era una tierra bendecida que iban a poder, con la ayuda de Di-s, conquistar fácilmente. Los había enviado para que el pueblo judío prosiga con la conquista basándose en el informe racional de los enviados y no simplemente en la fe ciega.

Ieoshúa, quien estaba destinado a heredar el lugar de Moisés, fue bendecido especialmente por Moisés antes de salir para que no caiga en manos del complot. Calev, el otro espía que se salvó del complot, fue a rezar a Jevrón, en la tumba de los patriarcas, para que intercedan por él para que no caiga en el complot de los compañeros.

Hete aquí una enseñanza muy importante. La presión social es una presión muy fuerte. Es muy difícil actuar distinto al entorno de uno. Tomar una postura que contradice a la de los compañeros, y ni hablar si son líderes de opinión, requiere una fuerza y una bendición especial. Requiere una abnegación especial para poder dejar de lado la comodidad y honor personales y hacer lo que Di-s quiere.

Hay ciertas plegarias y preceptos, como, por ejemplo, el Kadish o la lectura de la Torá, que pueden ser pronunciadas únicamente en presencia de diez hombres judíos, denominado, Minián o “quorum”.

¿De dónde aprendemos sobre el status especial del Minián?

Cuando Di-s hace referencia a los diez espías que traicionaron su misión, se refiere a ellos como Eidá Raá o mala “congregación”. Aprendemos de ahí que con diez hombres judíos adultos alcanza para conformar una congregación.

¿Por qué aprendemos sobre el poder del Minián justamente de un grupo de hombres que se comportaban indebidamente? Una explicación es que más allá del comportamiento específico del individuo, la esencia de uno está siempre en condiciones óptimas y aptas para ser contada para completar un Minián. (www.es.chabad.org)

 

 

 

 

 
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