Por Israel
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9 Heshvan 5779 | jueves octubre 18, 2018
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Israel ‘es’ el Estado-nación del pueblo judío


Hay alrededor de doscientos Estados en el mundo. Cincuenta y siete de ellos son musulmanes. Veinte son árabes. Otros muchos son cristianos o laicos. De esta constelación, sólo uno es judío. El 19 de julio pasado, Israel lo proclamó jurídicamente en una votación en la Knéset que se saldó con 62 votos a favor, 55 en contra y 2 abstenciones. Esta nueva Ley Básica ha codificado el carácter judío del Estado. Así como Grecia es el país de los griegos, Colombia el de los colombianos y Libia el de los libios, Israel es el estado de los judíos.

Tradicionalmente, Israel se ha definido como un Estado “judío y democrático”. La dimensión democrática ya estaba contenida en las quince leyes básicas preexistentes. La dimensión judía lo está ahora con esta nueva ley.

Los críticos han observado que la noción de la igualdad no fue incorporada a esta ley. No tenía sentido hacerlo, puesto que esa igualdad ya está mencionada en otras leyes. Por ejemplo, la ley básica Dignidad Humana y Libertad (1992) dice que su propósito es “proteger la dignidad humana y la libertad”, define a Israel como “un Estado judío y democrático”, asegura que “los derechos humanos fundamentales en Israel se basan en el reconocimiento del valor del ser humano, la santidad de la vida humana y el principio de que todas las personas son libres” y remite a los principios de la Declaración de Independencia del propio Estado de Israel, que postula:

El Estado de Israel fomentará el desarrollo del país para todos sus habitantes, se basará en la libertad, la justicia y la paz (…) y garantizará la completa igualdad de derechos sociales y políticos para todos sus habitantes, independientemente de su religión, raza o sexo…

Tal como observó Bret Stephens, esta nueva ley no derogó ninguna ley previa. Fue aprobada democráticamente, y puede ser revocada democráticamente. La democracia israelí no está en riesgo.

Israel trata a sus minorías con respeto. Los árabes (20% de la población) acceden a las universidades, a la Corte Suprema, a la Cancillería, al Parlamento y a la Policía. Pueden entrar y salir del país libremente y desplazarse internamente en libertad. Pueden hablar el árabe y gozan de los mismos beneficios que el resto de la población. Esta ley asegura que el árabe tendrá un estatus especial que no afecta su uso previo, corrigiendo así una herencia del Mandato Británico que puso al hebreo a la par que el árabe y el inglés.

La nueva ley declara que el Hatikvá es el himno del país, que el hebreo es el idioma oficial, que Jerusalem es la capital, que la menorá es el símbolo nacional, que el shabat es el día de descanso, que el Día de la Independencia es la fiesta nacional y que el Día del Holocausto es una conmemoración igualmente nacional. Proclama que Israel está abierto a la inmigración judía y que protegerá a los judíos y a los israelíes (judíos o no) que se hallen en problemas en el extranjero.

Nada controversial aquí. La cruz cristiana puede verse en varias banderas europeas: en las de Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Grecia e Inglaterra, por ejemplo. La media luna islámica flamea orgullosamente en las banderas de Malasia, Turquía, Argelia, Túnez, Pakistán y Maldivas, entre otras. Francia y España declaran oficiales al francés y al español, respectivamente. Irán incorpora la religión islámica en la misma designación oficial del país. (Cabe notar que esta ley básica no afirma que el judaísmo sea la religión oficial de Israel).

La nueva ley básica declara que Israel es la patria histórica del pueblo judío, que tiene el derecho exclusivo a la autodeterminación nacional en esa tierra. Vale decir, individualmente preserva los derechos de todos sus ciudadanos; colectivamente sostiene que sólo los judíos tienen derecho a autodeterminarse nacionalmente en Israel. Eso es perfectamente legítimo. Y lógico. Como señaló Melanie Phillips: “Ningún país en el mundo otorga la autodeterminación nacional a sus minorías, por la simple razón de que hacerlo convertiría a esas minorías en una nación propia”. Esto no lo hace Finlandia con su minoría sueca, ni Argentina con su minoría boliviana, ni Egipto con su minoría copta, ni Francia con su minoría islámica. Tampoco lo hará Israel con su minoría árabe.

Esta ley sostiene que promoverá los asentamientos. Ideológicamente, esto puede resultar controvertido para algunos. Pero cabe recordar que eso mismo sostuvo el Mandato Británico para Palestina y que ha sido la piedra basal del sionismo desde su nacimiento.

La noción de que Israel es un Estado judío nació con el sionismo político mismo y la publicación, en 1896, de El Estado judío, de Theodor Herzl. La Declaración Balfour de 1918 se manifestó a favor de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. La Comisión Peel de 1937 postuló: “Si el experimento de establecer un Hogar Nacional Judío fuese exitoso y un número suficiente de judíos fuesen a Palestina, el Hogar Nacional podría convertirse con el transcurso del tiempo en un Estado judío”. El Plan de Partición de Palestina de 1947 (resolución 181 de la Asamblea General) empleó la expresión “Estado judío” treinta veces: 27 veces en el texto y tres en las notas al pie. La Declaración de Independencia de Israel (1948) afirma cinco veces que el país es un “Estado judío”, de manera destacada así: “Nosotros (…) declaramos el establecimiento de un Estado judío en Eretz Israel, que será conocido como el Estado de Israel”.

De manera que al autodefinirse como un “Estado judío” en 2018, Israel ha actuado en consonancia con el marco legal otorgado a su carácter nacional desde 1918 en adelante. Incluso Yaser Arafat, en diciembre de 1988, dijo: “Aceptamos dos Estados, el Estado palestino y el Estado judío de Israel”. Por supuesto, el líder palestino mintió en aquella ocasión: la Carta Nacional Palestina de 1964 niega todo derecho a la autodeterminación nacional al pueblo judío. Pero su frase da testimonio de que no hay nada asombroso en la definición de Israel como un Estado judío.

Ignorando convenientemente estos precedentes, el presidente palestino, Mahmud Abás, ha dicho que la nueva ley básica es “racista y fascista”. Echemos un vistazo a la Constitución palestina (borrador final de 2003). Artículo 2: “Palestina es parte de la gran nación árabe”. Artículo 4: “Jerusalem es la capital del Estado de Palestina”. Artículo 5: “El árabe y el islam son el idioma y la religión oficiales palestinos”. Artículo 7: “Los principios de la sharía islámica son una fuente importante de legislación”. Entonces, se pregunta Daniel Pipes, “¿Palestina será musulmana pero Israel no puede ser judío?”. Agrega Netanyahu: ¿es posible estar a favor de una solución de dos Estados y simultáneamente rechazar la noción de un Estado judío? Uno podría acotar también que la autodefinición de Estado judío armoniza con la Resolución 181 de la ONU, mientras que la autodefinición de Palestina como Estado musulmán no, dado que dicho texto habla de un “Estado judío” y un “Estado árabe”.

 

Setenta años después de que la Asamblea General de la ONU dijera que Israel sería un Estado judío, era hora de que los propios israelíes declarasen lo mismo

 

 
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