Por Israel
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8 Tevet 5779 | domingo diciembre 16, 2018
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Israel en el Nuevo Orden Mundial


En un artículo del Dr. Robert Muggah (co fundador del Think Tank brasileño Igarape) publicado en 2016 por la página del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), destacando que para el 2030 habrá un puñado de países que compartirán el poder a nivel global, algo que ya lo hemos visto desde hace muchos años, países como Alemania, Japón, la India podrían tener una presencia determinante en los cambios del mundo de los próximos años, mientras tanto, países como Rusia, China y Estados Unidos continuarán siendo los gestores de políticas internacionales asociadas con paradigmas geopolíticos de control sobre las regiones de la Gran Isla del Mundo (Eurafrasia).

Se menciona también que parte de la transformación incluirá la fortaleza y ampliación de las cuotas de poder de los distintos grupos que componen un Estado, por lo tanto, entre más homogéneo sea, menos riesgos tendrán de dispersión del poder concentrado en el gobierno. De igual manera, el informe da un carácter especial a las grandes ciudades que ya podrían actuar con cierta libertad casi como una entidad paraestatal, y por el otro hay actores no estatales que también pueden hacer presión política a favor de su propia agenda.

Y a todo esto, ¿Qué papel está jugando Israel en todo el proceso de atomización del poder global? El gobierno israelí está intentando invertir en varios frentes al mismo tiempo, pese que ha tenido sus yerros fortaleciendo relaciones solo con los conservadores estadounidenses, ha podido entablar importantes canales de conversación con otros actores del poder global, Rusia por ejemplo, quienes se han transformado en una fuerza determinante en Medio Oriente; la realidad geográfica inmediata de Israel, ha podido tener una relación cercana entre Jerusalén y Moscú, al punto que un evento tan delicado como el derribo de un avión ruso por sistemas de defensa sirio atribuido a una maniobra israelí, se ha bajado las tensiones y dejado en careos mediáticos, ya no diplomáticos ni militares.

Por otra parte, en el caso de China hay mega proyectos de agenda del poder blando de Pekín que sin duda impactan las relaciones no solamente entre Pekín y Jerusalén, sino además de cara a la resolución del conflicto con los palestinos. A través del proyecto de la “Nueva Ruta de la Seda” que es ambicioso y global, los chinos por medio del desarrollo económico podrían eventualmente acercar las partes y bajar los niveles de tensión.

Mientras que en las relaciones bilaterales se debe mencionar que China es el mayor exportador de productos hacia Israel y más que cualquier otro país; incluyendo los Estados Unidos con un total de 13.5% de las importaciones israelíes (US$7.9 billones) en 2016 mientras los norteamericanos significaban solamente el 12,3% en el mismo rubro. A esto se debe agregar que Israel es cofundador del Banco de Inversión en Infraestructura de Asia, equivalente al Banco Mundial, solo que liderado por China.

Otro ejemplo es que desde el año 2017 hay una importante mejora en las relaciones entre Israel y la India ($800 millones en 2016 exportados a la India) siendo los israelíes el segundo proveedor de armas para los indios después de Rusia, abriéndole un frente comercial junto con China en respuesta a ciertos movimientos de bloqueo por parte de la Unión Europea.

Israel en ese sentido ha encontrado un acceso sin precedentes en los mercados asiáticos (dejando  afuera a los países del cinturón musulmán y los del Cercano Oriente en general), logrando buenas relaciones con países como Japón, Tailandia, Birmania y Filipinas; estos últimos dos no son de un agrado personal en la parte política.

Sin embargo, las relaciones con Occidente siguen siendo las más importantes; Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, etc. siguen siendo un factor importante para la política exterior de Israel pero llama la atención cómo el país ha logrado abrir tantos frentes a la vez, en materia económica, social, militar, y esto obedece a los cambios que se dan en el sistema de naciones.

Si se hiciera el mismo ejercicio con otros países vecinos de Israel, se llegaría a encontrar algunas sorpresas de cambios paradigmáticos, como por ejemplo que algunos países árabes o liderazgos a lo interno tengan conversaciones con Israel, o que la opinión pública ya no sea tan incendiaria contra los israelíes, elemento nuevo en las normas comunes de las relaciones internacionales de la zona.

Y basado en este último aspecto, se retoma de nuevo la necesidad de dialogar con los palestinos para poder llegar al final del conflicto, lo que en el panorama de un poder tan atomizado presentado por el Dr. Muggah y la realidad política internacional actual, genera dudas sobre el tipo de Estado palestino que se pueda impulsar o lo que es más complejo aun, es plantearse con quiénes se negociaría eventualmente haciendo notar que hay una tendencia a partir el poder en muchas vertientes internas.

Los palestinos no escapan de esta realidad, ya no se trataría solo de negociar con Hamas o la Autoridad Nacional Palestina, sino que internamente ellos planteen una agenda propia que sea apoyada por la mayoría de las fuerzas políticas internas, algo que no se ha logrado en más de una década en conflicto entre las partes, y lo que es peor, que conforme avance el tiempo, menos posibilidades se ve de una luz al respecto, por el contrario, esa atomización del poder y los criterios podrían al final impulsar un ya marcado desarrollo desigual entre las poblaciones palestinas y que se deba gestar un esquema de división territorial más federal con gobiernos descentralizados peleando constantemente a lo interno con las fuerzas que detentan la mayoría del poder  y externamente con lograr acuerdos “favorables” con los israelíes.

 

 
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