Por Israel
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| domingo octubre 13, 2019
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Sinéad O’ Connor, la asquerosa


Habiéndose convertido, en la última de sus múltiples transformaciones, al Islam, la cantante irlandesa Sinéad O’ Connor soltó por ahí que la gente blanca es asquerosa, comenzando por ella misma. De un plumazo dejó de ser una estrella y se transformó en una odiadora profesional, una justiciera retrospectiva, una santa laica que en lugar de suicidarse-cosa que siempre estuvo en su cabeza-ahora festeja el suicidio de los otros, en concreto si son hombres-bomba islámicos y atacan objetivos occidentales, que merecido se lo tienen por ser tan asquerosos. Confiesa dolerse, la irlandesa, de su nueva postura  racista pero, al mismo tiempo, y como conversa reciente, intenta ser más pura que nadie, más papista que el Papá. En su momento también rompió una foto papal por la implicación de la Iglesia en tantos casos de pederastia.  Sinéad es, digamosló  ya,  inestable, oscila entre el delirio y el mesianismo,  la repugnancia y la exaltación. Es lo que tiene el éxito temprano, que lo narcotiza y envanece  a uno y cuando merma muchos no pueden soportar la ausencia de sus mieles y buscan reemplazar un tipo de fama por otro. Por lo visto sus correligionarios actuales no son asquerosos, no maltratan a las mujeres ni les tiran ácido a la cara; no vociferan que América e Israel deben morir, no queman banderas y retratos, no obligan a las niñas a casarse con hombres mayores, no persiguen a los cristianos y  los  homosexuales, etc. En realidad lo que Sinéad O’Connor odia es la libertad,  el entusiasmo vital de esos jóvenes que alguna vez la aplaudieron y veneraron. Toda esa vida ya no le sirve, ha quemado etapas, lo ha probado todo o casi todo y ahora quiere someterse a los dictados de Alláh. Bien por  Sinéad.

Sin embargo, y por más que lo intente, no dejará de ser ella también asquerosa. Eso es lo que tiene el desprecio del otro, que comienza por el de uno mismo. Ya es raro que la música, algo universal y contagioso, a todas luces permeable,  conduzca a ciertos artistas- y es el caso de Wagner-al odio y  la furia a causa de un siempre insatisfecho deseo de autocomplacencia. Yo o nadie, parecen pensar esta clase de bichos. Yo y la más nimia de mis transformaciones. Nuestra irlandesa también discute con teólogos cristianos y judíos acerca del Islam radical, el cual le merece simpatía como movimiento de autodefensa. El caso de la otrora rapada cantante no llamaría demasiado  la atención si no fuera por la influencia mediática que su figura aún tiene. Podría señalar el camino a gente más delirante todavía y por supuesto eso fortalecería la causa de los potenciales asesinos entre nosotros. No importa cuán ardiente sea el clavo al que ahora se ha aferrado Sinéad, siempre lo encontrará refrescante a la luz su involución, bajo la óptica hipertrofiada de su ego.

Si el culpable está fuera, cada vez queda menos inocencia  dentro de nuestro corazón. La humildad no exige ninguna conversión. La bondad y el perdón no son el patrimonio exclusivo de una única religión. Ser mejores nos obliga a aceptar los defectos familiares o ajenos, por asquerosos que sean.

 
Comentarios

«Antes muerta que discréta» esa parece haber sido la consigna auto-impuesta, que ha acompañado a esta mediocre interprete a lo largo de su estrafalária carrera … todo sea por «épatar» al personal, aunque para ello se haga preciso abdicar de unas convicciones de fé, que manifiestamente núnca tuvo …Vivir a contracorriente como forma de llamar la atencion, hacerlo ademas como único recurso ante su declive, evidéncia un complejo no asumido, un malestar interior, que lleva a quienes lo padecen a situarse frente al mundo, como estandartes de una única verdad (la suya) …y en éso está O’Connor, juguete róto, «idólo» caido, debilitada, al tiempo que deslegitimada en sus contradicciones …
Veremos pues ahora, cual será la próxima ocurrencia con la que este «bluff musical»pretenderá de nuevo, alzárse en primera plána de los médios …
triste condiciion la suya, y penoso destino el que aún le aguarda …

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