Por Israel
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| domingo septiembre 15, 2019
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Israel, de la mano de un buen observador. Diego Delgrossi no es el primero que vio la verdad.


Imperfecto pero ejemplar. Con estas palabras el escritor argentino Marcos Aguinis nos describió años atrás cómo veía a Israel. Fue en el marco de una entrevista que nos concedió en Jerusalem de cara a un aniversario de la independencia, Iom Haatzmaut. Desde entonces lo hemos citado a menudo dado que sentimos que esa expresión reflejaba cabalmente la realidad que conocíamos de primera mano en Israel. Claro que “imperfecto”. Sería propio de ciegos, mentirosos o ingenuos, creer, por más que uno ame a Israel, que todo está bien. En ningún aspecto está “todo” bien. Al mismo tiempo, ejemplar. Sí, a pesar de los problemas e imperfecciones. Por el espíritu del país, por el empuje hacia adelante, por la solidaridad y la educación al desarrollo, sin odio, a pesar del conflicto que se le ha impuesto desde su primer día de existencia soberana.

Como todos sabemos, a menudo, la imagen que se presenta de Israel en el exterior, deforma la realidad. No alegamos que cada informe negativo por televisión o en una nota periodística es una absoluta mentira. No decimos que todo informe que critica está inventando todo. Pero no tenemos ninguna duda que muy a menudo se cuenta sólo parte de la verdad y  se deforma. A veces, sí, también se miente con mala intención.

No hay nada como lo que ven tus ojos, afirma un dicho en hebreo (éin kemaré eináim).

Por eso, siempre que entrevistamos a gente llegada del exterior, preguntamos sobre la diferencia entre el Israel que imaginaban y el que conocen en la realidad. Claro que hay gente preparada, por cuyos intereses e inquietudes, conoce la verdad más allá de un titular periodístico, inclusive sin haber estado en el terreno. De todos modos, ver la normalidad de la vida diaria en el espacio público israelí, siempre les sorprende.

El ejemplo más reciente fue el viaje del muy querido Diego Delgrossi, actor, cómico….y profesor de historia, quien precisamente por esto último fue becado a participar en un curso sobre enseñanza del Holocausto en Yad Vashem.

“¿Cómo compararías el Israel que uno puede imaginarse con el que uno ve estando acá?”, preguntamos. Diego respondió , combinando lo serio con su incontrolable sentido del humor: “La imagen que tenemos en general es la de los medios.  Nos enteramos de las crisis, de todo lo que sale de lo normal, pero no nos enteramos de lo cotidiano. Y yo vi una realidad en la que en Jerusalem tenés desde judíos no practicantes que están casados con gente no judía hasta los ultraortodoxos que hasta que tenés que tener cuidado de en la tumba de David no toparte con ellos, ni siquiera rozarlos, porque están rezando y se dan vuelta y quizás te dicen unas cosas que por suerte, como son en hebreo, no entendés”.

Nos cuenta sobre los empleados palestinos en el hotel en el que se hospedó durante el curso en Jerusalem, lo cual a su criterio muestra una realidad de convivencia positiva para quienes tienen así esa fuente de trabajo, provenientes de Cisjordania.

Y también sobre lo que palpó directamente a pocas cuadras del hotel en el que estuvo cuando se quedó en Tel Aviv. “A unos  300 metros del hotel, el Dan Panorama en Tel Aviv, hay una mezquita, y hoy a la tarde escuchábamos el llamado al rezo. Entonces tú dices: ¿cómo, pero una mezquita en Tel Aviv? Si, también las hay en Jerusalem, y escuchás llamar al rezo. Y yo pensé cómo es que en un país donde hasta hace relativamente poco todavía había olor a pólvora de la guerra,  se haya  pasado en relativamente tan poco tiempo a una realidad en la que hay tanta tolerancia”.

Con su estilo tan especial, hace analogías impensables pero ilustrativas. “Si en el año 67 Brasil hubiese invadido Uruguay-como Israel fue invadido por ejércitos árabes vecinos-si  hubiese conquistado parte del territorio uruguayo, hubiese matado uruguayos, mi padre hubiese estado herido en la guerra, mi abuelo hubiese muerto en un bombardeo, no sé cómo reaccionaría yo ahora, con qué resentimiento o sentimiento de venganza andaría. Sin embargo, acá ves gente, de todo, viviendo con normalidad”.

A esa descripción se agregó su análisis político de la situación, su conocimiento del carácter democrático de Israel y de los singulares desafíos a la seguridad de Israel. Compartamos dos de los ejemplos que Delgrossi menciona, en relación a los territorios en disputa.

”Israel ya ha tenido que librar varias guerras. Por suerte Israel se puede defender, ya lo sabemos, pero imagínate que en el determinada zona Israel tiene sólo 14 kms de anoche entre el  Mediterráneo y una franja de Cisjordania”, recuerda.” Es menos que de Montevideo a Shangrilá. Es  indefendible, porque basta con que una división de tanques jordanos, sirios o libaneses penetren por esa zona y por más que sean hiper bombardeados alguno va a llegar al Mediterráneo y va a partir a Israel en dos. O sea, es una situación muy compleja”.

Y luego, baja hacia el sur, a la Franja de Gaza.

“En Gaza hay una dictadura radical islámica en manos de terroristas. En noviembre  400 ó 500 cohetes para este lado. Cada uno cuesta no sé cuántos miles de dólares. ¿Quién les dio plata para eso? Seguramente se la dio Irán o alguna cuenta non santa en alguno de los países que lo rodean. Si toda esa plata la ponés para hacer una línea eléctrica, poner una escuela o un hospital, le vas a hacer mejor a la gente de la Franja de Gaza que haciendo que tiren cohetes para este lado. Es una situación muy compleja”.

Compleja, en realidad, es poco decir.

 
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