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22 Sivan 5779 | martes junio 25, 2019
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TETZAVÉ 5779


Di-s dice a Moshé que reciba de los Hijos de Israel aceite de oliva puro para la “llama eterna” de la Menorá que Aarón deberá encender todos los días, “desde la tarde hasta la mañana”.

Son descriptas las ropas sacerdotales que deberán ser vestidas por los Cohaním (sacerdotes) mientras realizan su servicio en el Santuario. Todos los Cohaním vestían: 1) ketonet – una túnica larga de lino; 2) mijnasaim – pantalones de lino; 3) mitznefet o migbaat – un turbante de lino; 4) avnet – un cinturón largo alrededor de las caderas.

Además, el Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) vestía: 5) efod – una especie de delantal hecho de lana teñida de colores azul, púrpura y rojo, lino e hilo de oro; 6) joshen – una placa que iba pegada al pecho, donde había incrustadas doce piedras preciosas grabadas con los nombres de las doce tribus de Israel; 7) meil – una túnica de lana azul con campanas y granadas de oro en su borde inferior; 8) tzitz – una placa de oro que se colocaba en la frente, con la inscripción “Santo para Di-s”.

Esta sección también incluye las instrucciones detalladas de Di-s para los siete días de iniciación de Aarón y sus cuatro hijos – Nadav, Avihú, Elazar e Itamar – en el sacerdocio, y para la confección del Altar de Oro donde el ketoret (incienso) era quemado.

 

BOCA Y CORAZON

 “Y el pectoral no se moverá del efod” (Éxodo 28:28)

Hay una prohibición expresa de separar el joshen (pectoral) del efod, ¿por qué? El joshen estaba apoyado en el pecho, sobre el corazón del Sacerdote. La palabra efod equivale numéricamente a 85, el mismo valor de la palabra Pe (boca). Con esto la Torá nos enseña que la boca y el corazón deben ir juntos. El decir cosas que no queremos decir, o sentir lo contrario de lo que afirmamos va en contra de la ley de la Torá.

En síntesis, ser “Ejad bepe veejad belev —una sola boca y un solo corazón”

 

Profeta y sacerdote

Por Rabino Jonathan Sacks

 

La porción de Tetzavé -según destacan los comentaristas – tiene una particularidad: es la única desde el comienzo de Shemot y hasta el final de Bamidbar que no contiene el nombre de Moisés. A raíz de esto, han surgido varias interpretaciones.

El Gaón de Vilna sugiere que esto se relaciona con el hecho de que, la mayoría de las veces, esta parte se lee durante la semana del siete de Adar, el día en que falleció Moisés. Durante esa semana, sentimos la pérdida del mayor líder judío, por lo que su ausencia en Tetzavé refleja dicha pérdida.

Baal Ha Turim lo relaciona con el pedido que Moisés le hace a Di-s para que perdone al pueblo de Israel. «Y si no les perdonas, ruegote me borres del libro que escribiste», dice Moisés. Existe un principio que dice que «la maldición que profiere un sabio se hace realidad, incluso, si esta fue hipotética». Por lo tanto, por una semana su nombre fue «borrado» de la Torá.

Paaneaj Raza lo vincula con otro principio que dice que «no existe enojo que no deje huella». Cuando Moisés, por última vez, rechaza la invitación de Di-s a ser el líder del pueblo judío para conducirlo fuera de la tierra de Egipto y le dice: «Por favor, envía a alguien más», Di-s «se enfureció con Moisés» y le dijo que su hermano Aarón lo acompañaría. Por esa razón, Moisés perdió el rol que podría haber tenido, el de ser el primer sacerdote de Israel. En cambio, ese rol le fue dado a su hermano Aarón. Por ese motivo es que no figura en Tetzavé, que está dedicada al rol del Cohen.

Estas tres explicaciones hacen foco en la ausencia. Sin embargo, quizá, la explicación más simple sea que Tetzavé está dedicada a una presencia, una que tuvo una influencia decisiva en el judaísmo y en su historia.

El judaísmo es inusual en tanto que no reconoce un único tipo de liderazgo, sino dos: el del navi y el del Cohen, el del profeta y el del sacerdote. La figura del profeta siempre ha capturado nuestra imaginación. Los profetas suelen ser personas llenas de dramatismo quienes «transmiten la verdad a los poderosos» sin miedo a enfrentarse a reyes y a tribunales ni siquiera a sociedades enteras en pos de ideales superiores (e incluso, utópicos). Ninguna otra personalidad religiosa ha tenido el impacto que tuvieron los profetas de Israel, de los cuales el más importante fue Moisés. Los sacerdotes, en contraposición, fueron figuras más pasivas, apolíticas, que servían en el santuario más que en el centro del debate político. Sin embargo, al igual que los profetas, mantenían la santidad del pueblo de Israel. De hecho, aunque Israel fue convocado a convertirse en «un reino de sacerdotes», nunca fue llamado a ser un pueblo de profetas. (Moisés dijo: «Ojala que todos en el pueblo de Di-s sean profetas», pero este fue solo un deseo, no una realidad).

Por lo tanto, debemos considerar algunas de las diferencias entre los profetas y los sacerdotes:

El rol del sacerdote se transmitía como en una dinastía, de padre a hijo. El rol del profeta no se transmitía de esta manera. Moisés no fue sucedido por su hijo sino por Ioshua, su discípulo.

El rol de sacerdote estaba relacionado con su oficio. No era personal o carismático por naturaleza. En contraposición, los profetas impartían sus mensajes con una impronta muy personal. «No hubo dos profetas con el mismo estilo». (De hecho, este es el motivo por el cual sí hubo profetizas pero no sacerdotisas. Esto corresponde a la diferencia que existe entre el oficio formal y la autoridad personal).

Los sacerdotes usaban uniformes especiales, los profetas no.

Existen ciertas normas de kavod (respeto) hacia el Cohen, pero no hacia los profetas. A los profetas se los honraba escuchándolos, no por medio de algún protocolo formal de respeto.

A los sacerdotes se los apartaba del pueblo, servían en el Templo y no se permitía que fueran profanados. Existían restricciones respecto de con quiénes podían contraer matrimonio. Por su parte, los profetas solían ser parte del pueblo, algunos eran pastores, como Moisés o Amós, o granjeros, como Elisha. Hasta el momento en que tenían una visión o recibían un mensaje, no realizaban trabajos especiales ni pertenecían a una clase social diferente.

Los sacerdotes ofrecían sacrificios en silencio. Los profetas servían a Di-s por medio de la palabra.

Ambos vivían en modalidades de tiempo diferentes. Los sacerdotes se basaban en el tiempo cíclico, el día (o la semana o el mes) que es igual ayer o mañana. Los profetas vivían en el tiempo del pacto (algunas veces mal denominado lineal), un presente que es radicalmente distinto al ayer o al mañana. El servicio del sacerdote nunca cambiaba, a diferencia del servicio del profeta que estaba en constante cambio. Otra forma de expresar esto es decir que el sacerdote trabajaba para santificar la naturaleza, mientras que el profeta trabajaba en pos de la historia.

Por ende, los sacerdotes representaban la estructura principal de la vida judía, mientras que los profetas representaban la espontaneidad.

Las palabras clave en el vocabulario del Cohen son kodesh y jol, taor y tamei, sagrado, secular, puro e impuro. En el vocabulario de los profetas, las palabras clave son tzedek, mishpat, jesed y rajamim, rectitud y justicia, bondad y compasión.

Los principales verbos del sacerdocio son learot y leavdil, instruir y distinguir. La principal actividad de los profetas era proclamar «la palabra del Señor». La diferencia entre la conciencia sacerdotal y la conciencia profética (torat cohanim y torat nevi’im) es esencial para el judaísmo, y se ve reflejado en las diferencias entre ley y narrativa, halajá y hagadá, creación y redención. El sacerdote transmite la palabra de Di-s para todos los tiempos, el profeta lo hace para este tiempo. Pero sin los sacerdotes, los niños de Israel no se habrían convertido en el pueblo de la eternidad. Esto se encuentra resumido de una manera muy hermosa en los primeros versos de Tetzavé:

«Y ordenarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de oliva puro para encender una luminaria permanente en el tabernáculo de reunión. Fuera del velo tendido delante del Testimonio, Aarón y sus hijos se encargarán de que esté siempre encendida ante el Eterno, desde la tarde hasta la mañana. Esto será ley perpetua para las generaciones de los hijos de Israel».

Moisés, el profeta, es figura central en cuatro de los cinco libros que contiene su nombre. Pero en Tetzavé, por única vez, es Aarón, el primero de los sacerdotes, quien aparece como protagonista, sin verse disminuido por la presencia rival de su hermano. Porque mientras Moisés fue quien encendió el fuego en las almas de los integrantes del pueblo judío, fue Aarón quien tomó ese fuego y lo convirtió en «una llama eterna». (www.es.chabad.org)

 

 

 
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