Por Israel
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23 Sivan 5779 | miércoles junio 26, 2019
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Ante los importantes desafíos que enfrenta Israel, es preferible un gobierno de unidad


Esta no es una tarea complicada si ambas partes la desean. Netanyahu estará callado para lidiar con su juicio, si es que lo hace. Gantz tendrá la oportunidad de demostrar que es capaz de liderar movimientos políticos incluso sin una jerarquía militar.

Parece bastante comprensible para la mayoría del público: Se puede verificar… un gobierno de unidad nacional sería lo correcto después de las próximas elecciones. Un gobierno que calmaría el innecesario debate. Un gobierno que se ocupará de hacer y no de su supervivencia. Un gobierno que no dependerá de una cola política que lo mueva. Un gobierno que lidiará con el presupuesto, el proyecto de ley, la situación de la seguridad, en lugar de gastar recursos y energías en guerras contra espantapájaros como la Corte Suprema o la imposición religiosa, o quien sabe qué tontería que se imponga durante el próximo mandato.

Los obstáculos para un gobierno de unidad son dos. Sospecha y rigidez. La sospecha es la del primer ministro Binyamín Netanyahu. No confía que los líderes de Kajol Laván (Azul y Blanco) que serán leales a la coalición que encabezaría, sin tratar de aplastar dicha coalición, y especialmente a él (Natanyahu), en cada oportunidad. Hay que admitir: Su sospecha está justificada por la pedantería de los que lideran Kajol Laván, Gantz, Lapid, Ya’alon, Ashkenazi. Insisten en no cooperar con Netanyahu, a pesar que el público confía en él, y a pesar del hecho que no existe impedimento legal para que continúe en su cargo. Hay que decirlo: La rigidez de los de Kajol Laván también es comprensible.

La sospecha de Netanyahu se justifica porque está claro que los líderes de Kajol Laván (Azul y Blanco), y especialmente sus votantes, tienen un interés personal contra el primer ministro. La rigidez de Kajol Laván también es comprensible ya que Netanyahu es el responsable del hecho que su imagen ante los ojos de sus oponentes no es la de un rival político, sino el de un villano demoníaco. Para que se forme un gobierno de unidad nacional deben suceder dos cosas: Una, que los resultados de las elecciones lo hagan posible. Es decir, a Netanyahu no tenga la posibilidad de formar una coalición estrecha (es difícil imaginar una coalición estrecha de Kajol Laván); y la segunda es que los jefes de las partes encuentren una forma de superar la sospecha y la rigidez. En otras palabras, Netanyahu debería recibir un compromiso y una garantía para continuar con su mandato hasta que se apruebe una instancia acordada, por ejemplo, al menos hasta una condena en un tribunal de primera instancia, si se presenta una acusación en su contra. Gantz y sus colegas recibirán una cuerda que les permitirá demostrar logros reales a sus votantes desde el principio, por ejemplo, una aceptación sin cambios del proyecto de ley de enrolamiento y el veto del poder sobre la redacción del párrafo de la ley de superación (Jok Hitbagrut).

Esta no es una tarea complicada, especialmente si ambas partes la quieren. Un acuerdo rápido y lograran que el sistema político se alinee rápidamente en consecuencia. Los partidos marginales volverán a gritar desde las márgenes. Las figuras ficticias perderán el poder, real o imaginario, para establecer una agenda política. Netanyahu tendrá calma política, lo que le dará tiempo para lidiar con su juicio, si lo desea, y con sus deberes como primer ministro. Gantz tendrá la oportunidad de demostrar que es capaz de liderar movimientos incluso sin que los rangos obliguen a los subordinados a obedecerle. Lapid podría ir al extranjero como Ministro de Relaciones Exteriores y explicarles a ellos sobre Israel todo lo que quiera. Y eso no sería difícil, porque lo que él explicaría sería razonable.

Puede haber unidad nacional incluso sin que las partes estén interesadas. Puede haber unidad porque simplemente no habrá otra opción, dados los resultados de las elecciones. Después de todo, es difícil concebir una campaña electoral adicional. O adicional-adicional-agregada. Pero hay una diferencia entre la unidad voluntaria y una unidad forzada. Hay una diferencia entre una unidad sospechosa y puntual y una unidad de consentimiento.

¿Por qué necesitamos la unidad nacional? Porque Israel se enfrenta a desafíos importantes, y es una pena que se ocupe cosas banales. Pero cuando no hay unidad, y una coalición estrecha nos fuerza con sus locuras, no hay más remedio que ser arrastrado a lo banal. Una vez hablan sobre la comida no Casher de los hospitales de Litzman, una vez sobre las discusiones de la gubernamental de Amir Ojana, y otra vez alrededor del enfrentamiento entre un artista atormentado y la Ministra de Cultura Miri Regev.

¿Por qué necesitamos la unidad? La respuesta debe comenzar con un ¿Por qué no? No hay una brecha significativa entre lo que Netanyahu piensa sobre la realidad y lo que piensan Gantz y Lapid. No hay brechas importantes en la política económica, no existen brechas en la comprensión de las necesidades de seguridad, el análisis del ámbito geopolítico, la identificación de peligros y oportunidades. Netanyahu y Gantz están probablemente más cerca en sus posiciones que Netanyahu y Betzalel Smotrich (alianza derechista) y más que lo que están Gantz con y Stav Shafir (Partido Laborista). Si van juntos, pueden abandonar a Lieberman. En el caso de Netanyahu, esto también podría ser una buena razón para la unidad

 

Traducido por Hatzad Hasheni

 
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