Por Israel
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| lunes junio 15, 2020
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Una Luz Para Los Pueblos


Foto tomada desde la NASA titulada Israel: Luz para las naciones

A menudo los turistas suelen advertirlo. Muchos israelíes a menudo suelen ser gritones, mal educados, demasiado impacientes e inoportunos. La vida política es turbulenta, desordenada, dura. No hay respeto por las jerarquías. Los altos jefes militares son reverenciados mientras están en cargos importantes. Pero ¡Pobres de ellos si una vez en la reserva resuelven entrar en la arena política!  Allí son destratados como cualquier político del montón.

Pero todos esos defectos son minucias si se tiene en cuenta que es un país que ha estado en guerra desde su creación y que a pesar de ello ha conservado intacta su democracia. Por lo demás, sus éxitos empiezan a ser advertidos precisamente por los que hasta ayer eran sus mayores enemigos. Los árabes empiezan a ver qué tienen mucho que aprender de su geográficamente minúsculo vecino.  Las monarquías árabes amenazadas por el imperialismo iraní han comprendido que paradójicamente el estado judío es, no por haberlo elegido sino por obra de las circunstancias, un defensor necesario de su soberanía e independencia. El odio a Israel impuesto a las sociedades árabes y musulmanas por sus élites gobernantes y sus dirigentes religiosos están empezando a cansar a la gente común y corriente, harta de la barbarie con la cual se tratan sus países entre sí. Las guerras impuestas a los pueblos por los fanáticos islamistas abrieron los ojos a mucha gente. Por si esos sufrimientos no hubieran alcanzado vinieron los excesos de la guerra civil siria, que mató a mucha gente común que nunca tomó las armas contra nadie, pero en cambio fue muy útil para los intereses estratégicos de potencias extranjeras como Irán, Rusia y Turquía que obtuvieron ventajas polémicas, pero ventajas al fin, de la tragedia del pueblo sirio.

Durante años, hubo disidentes que se fueron a Occidente y comenzaron a alentar contra la cultura islamista de sus países que endiosa un pasado mítico reñido con los valores de la democracia y la modernidad. Pero su voz nunca llegó a las masas que dejaron atrás, muchas de ellas analfabetas. Por lo demás, la prensa occidental no se hizo eco de su testimonio. Era más cómodo colocar a la picota a Israel, ya que este país a diferencia de muchos de sus vecinos y de muchos islamistas cómodamente instalados en Europa o los Estados Unidos, no tiene la costumbre de utilizar a terroristas en el extranjero para “castigar a infieles”. Más aún, las protestas de Israel contra tergiversaciones sistemáticas de la realidad generalmente encontraban poco eco.

Hasta ahora los disidentes como Nonie Darwish, una egipcia que vive en los Estados Unidos, hija de un oficial del régimen de Gamal Abdel Nasser encargado del terror contra Israel y muerto en una acción del Mossad, autora de varios libros y fundadora de la organización “Arabes por Israel”, era generalmente ignorada. O cuando era invitada a dar conferencias en universidades, las invitaciones solían ser canceladas a último momento por presiones o amenazas de organizaciones filo-islamistas o consideradas de “izquierda”.

Pero últimamente empezaron a aparecer figuras demasiado mediáticas para ser ignoradas. Entre ellas, Mosab Hassan Yousef, hijo de un alto líder de “Hamas”, que no solo confesó haber espiado a favor de Israel durante diez años sino que se convirtió al cristianismo y se exiló en los Estados Unidos.

Asimismo tuvo una gran repercusión el valiente gesto de la ex reina de belleza iraquí, Sarah Idan, que debió exilarse junto con su familia en los Estados Unidos por dar publicidad a su amistad con la Miss Israel Adar Gandelsman y por rechazar la hostilidad oficial de su país contra el estado judío.

El caso más reciente ha sido el del judoca iraní Saeid Mollaei, que se asiló en Alemania, por rechazar las presiones de su país para que no acepte medirse con el campeón israelí Sagi Muki. Mollaei dio una explicación muy clara de su decisión : “Yo soy un atleta, no un político”. Para explicitar mejor su posición como deportista envió su felicitación al colega israelí.

También en la sociedad árabe en Israel hay un interesante movimiento hacia una integración más profunda en la sociedad israelí, entre ellas la incorporación voluntaria al ejército que pasó de ser de decenas a centenares.

¿Cómo se explica esto?  Es posible encontrar una respuesta en el artículo del árabe israelí Ali Adi en “Israel Hayom” (Israel hoy) de la cual vale la pena citar algunos párrafos: “Si se pregunta a cualquier árabe israelí en una conversación informal, aún el que no oculta su odio a Israel le dirá honestamente que prefiere un conflicto con judíos a un conflicto con otros árabes, que seguramente tomaría un cariz violento y brutal. Los ciudadanos de Israel admitirán que prefieren el gobierno israelí a un gobierno árabe, aunque desde su posición confortable en universidades se pueden permitir hablar de Israel como “país ocupante”. En el mundo árabe, tanto los gobiernos afectados por la corrupción y las alianzas tribales como los hombres comunes y corrientes, no tratan de mantener esto en secreto.  Cualquiera que tenga dos ojos para ver, ve estos defectos y sabe que se necesita un cambio radical. No hay que ser ningún intelectual ni un personaje de la televisión para entenderlo.”

“Por ello, me aferro a mi identidad israelí: soy un árabe israelí porque me es importante separarme de la cultura árabe corriente. Me es importante dar la espalda a lo que sucede en Siria, a lo que sucedió en el Líbano y a la trágica caída de Egipto. En cambio cuando soy israelí, siento a veces que tengo razones para sentirme orgulloso.”

 

¿ Quiere decir esto que ya llegamos a concreción del viejo sueño de Israel como luz para los pueblos? Obviamente no. Pero sin duda, sus éxitos científicos, tecnológicos, militares, culturales y de integración social son impresionantes e indican que  va por buen camino.

 

 

 
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