Por Israel
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| sábado octubre 12, 2019
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Usurpación de la marcha

Propósitos tan importantes como la promoción de los derechos de las mujeres y el respaldo a sus necesidades específicas se diluyen en trampas de los inescrupulosos


La Marcha de las Mujeres en Washington, realizada por primera vez en enero de 2017, surge como reacción al recién estrenado presidente Trump, quien, con su insolencia, durante la campaña electoral repitió una serie de vestigios machistas.

Esa marcha fue organizada por Tamika Mallory, Bob Bland y Linda Sarsour. En cuanto a Sarsour, tras su papel en el liderazgo femenino que utilizó como trampolín, lo fue extendiendo hacia asuntos que más le atañen, como su rol en el Consejo de Relaciones Islámicas Americanas, CAIR, fachada de Hamas, y su apoyo al BDS. No obstante, Sarsour pretende convencer que no es antijudía y usa su soporte a un judío en la campaña a la nominación del Partido Demócrata, sin aclarar que Bernie Sanders es conocido por su auto odio.
Pese a que la marcha se definió como antirracista y no violenta, fue sumamente arbitraria: coartó la concurrencia de grupos judíos y se aceptó el antisemitismo de Louis Farrakhan. Además, mide las circunstancias mediante un doble lente; por ejemplo, nunca alzaron sus voces por las mujeres que sufren la opresión bajo la sharía.
La marcha de las mujeres ha ido decreciendo, pues resulta claro que para sus líderes no fue una meta en sí misma, sino que sirvió de plataforma para lanzar distintas actividades que nada tienen que ver con el resguardo de los derechos femeninos.
Hace poco, Mallory, Bland y Sarsour dejaron la dirección de la organización, en un intento de conferirle un aura inclusiva. Pero, volvieron a mostrar que la marcha está secuestrada por sectores antisemitas de la extrema izquierda e islamistas. Una de las nuevas piezas de la directiva, la activista palestino-estadounidense Zahra Billoo, es tan antisemita como el trío que reemplazaría. Su cuenta de Twitter reveló que Billoo publicó numerosos tweets denigrando a Israel y envileciendo a los judíos con teorías de la conspiración. Los embates antisemitas de Billoo son tan serios que el organismo tuvo que expulsarla.
El resultado de la interseccionalidad es que propósitos tan importantes como la promoción de los derechos de las mujeres y el respaldo a sus necesidades específicas se diluyen en tales trampas de los inescrupulosos que mezclan distintos hitos, con el intento de colocar en un mismo nivel a los designios loables y las calumnias.
 
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