Por Israel
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| jueves febrero 27, 2020
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Las luces de Janucá

Epopeyas como la que Janucá inmortaliza, proveen de sólidos testimonios que glorifican la realidad histórica


Debido a las características de año bisiesto pasado, en esta ocasión, la fiesta de Janucá prácticamente coincidió con la Navidad; desde el domingo 24 de Kislev de 5780 que concuerda con el 22 de diciembre de 2019, hasta el lunes 2 de Tevet de 5780, que cae el 30 de diciembre de 2019, celebramos la fiesta que conmemora la victoria de la luz sobre las tinieblas.

Januca, si bien tiene un trasfondo religioso, evoca el milagro ocurrido con una pequeña vasija de aceite que duró los ocho días necesarios para la fabricación del combustible, tras la profanación del Templo de Jerusalén por los helenos. A la vez es una festividad con gran sentido nacional: rememora que en el 164 antes de la era común, un pequeño grupo de macabeos se rebeló y logró la victoria en su enfrentamiento al imperio griego que aspiró helenizar al pueblo de Israel.
Así, esta festividad que, con una atmósfera festiva, recuerda la recuperación de la independencia judía hace unos dos mil doscientos años, demuestra con eventos pasados y comprobados, la existencia de la nación de Israel en su propio territorio al cual, siglos después, por asuntos políticos y de dominación bélica, otro imperio le confirió el mal intencionado y erróneo nombre de Palestina.
Igualmente, la fiesta de las luces como también se le conoce, evidencia el carácter judío de la ciudad de Jerusalén y del funcionamiento del Templo en un área consagrada por el judaísmo a su liturgia, constituyéndose desde el establecimiento de Israel, en su sitio más venerado e importante. No obstante, cientos de años más tarde, sobre las ruinas del Templo, los musulmanes edificaron una mezquita, tal vez con la idea de suplantar una religión por otra en ese santo paraje que, de hecho, calificaron como el tercer lugar sagrado para el Islam.
Por más que sectores extremistas manipulen los hechos, el rigor de las investigaciones científicas no dejan espacio a las teorías infundadas que pretenden transfigurar la memoria e instituir versiones acomodaticias sobre los acontecimientos acaecidos en tan lejanos tiempos, intentando imponer ficciones útiles a proyectos perversos, como la destrucción del moderno Estado de Israel; pero, epopeyas como la que Janucá inmortaliza, proveen de sólidos testimonios que glorifican la realidad histórica.
 
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