Por Israel
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| sábado abril 4, 2020
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Las últimas tres plagas son enviadas sobre Egipto: langostas devoran todas las cosechas y vegetales que quedaron del granizo; una oscuridad profunda envuelve a la tierra; y todos los primogénitos de Egipto son eliminados la medianoche del 15 de Nisan.

Di-s ordena la primera mitzva (precepto) a Israel: establecer un calendario basado en el ciclo mensual lunar. Los israelitas reciben también la orden de ofrecer un “Sacrificio pascual” a Di-s: un cordero o un cabrito que debía ser degollado y parte de su sangre debía ser salpicada sobre las jambas de las puertas de cada casa israelita, para que Di-s las saltee cuando venga a matar a los primogénitos egipcios. La carne asada de la ofrenda debía ser comida esa misma noche junto con matzá (pan ácimo) y hierbas amargas.

La muerte de los primogénitos finalmente rompe la resistencia del Faraón y literalmente echa a los Hijos de Israel de su tierra. Tan rápido parten, sin tiempo para que sus masas leuden, que las únicas provisiones que tienen son sin leudar. Antes de irse, piden de sus vecinos egipcios oro, plata y ropas, vaciando a Egipto de su fortuna.

Los Hijos de Israel reciben la orden de consagrar todos los primogénitos y observar el aniversario del Éxodo cada año a través de deshacerse de todo alimento leudado durante siete días, comiendo matzá, y contando la historia del Éxodo a sus hijos. También se les ordena la mitzvá de ponerse tefilín (filacterias) en el brazo y la cabeza, como un recordatorio del Éxodo y su compromiso para con Di-s.

 

ISRAEL ES COMO LA LUNA

No es casualidad que Di-s nos ordenara observar un calendario lunar. El pueblo de Israel es como la luna. Al principio su brillo es muy tenue, apenas una cinta, un destello, pero va creciendo hasta iluminar la más oscura de las noches. Luego comienza a disminuir hasta que, aparentemente desaparece, pero, sin embargo, sigue estando en el cielo y el ciclo recomienza.

Lo mismo ocurre con la historia del pueblo judío. Hubo períodos en que, poco a poco fue emergiendo de las tinieblas, hasta llegar a brillar en todo su esplendor. Luego comenzó a declinar hasta, aparentemente, desaparecer. Pero así y todo, aun en la más oscura de las noches, aunque no se vea, el pueblo de Israel ¡SIGUE EXISTIENDO!

 

Por los Niños

Le deberás contar a tu hijo en ese día. Exodo 13:8

Interesantemente, el mandamiento de volver a contar la historia del Éxodo – que es la fuente por el Séder de Pésaj anual – está dado en el contexto de la descripción de “el hijo que no sabe preguntar”, el más inmaduro de los cuatro tipos de hijos a los que debemos adaptar nuestra descripción del Éxodo. Esto nos enseña que nuestro deber de contar el Éxodo se aplica principalmente a este niño no iniciado. Debemos encontrar las palabras para inspirar incluso en este tipo de niño la gratitud a D-os por librarnos de Egipto, y de todos los Egiptos pasados, presentes, futuros, personales y colectivos.

Esto es así porque el Éxodo de Egipto fue absoluto: ningún judío quedó en Egipto. Dado que el Éxodo fue tan totalmente abarcativo, la transmisión de su mensaje debe también abarcar a cada individuo que pueda entenderlo, incluso si implica un esfuerzo extraordinario.

Al asegurarnos que incluso “el hijo que no sabe preguntar” entiende el significado del Éxodo, nos aseguramos que los otros niños lo entiendan también, de la misma forma que elevar la base de cualquier estructura automáticamente eleva también el resto de la estructura. (www.es.chabad.org)

 

Iud Shvat

Iud Shevat — el 10 de Shevat (este año el miércoles 5 de febrero) — es una fecha significativa en el calendario Jasidico. Es el Iortzait (aniversario del fallecimiento) del sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Iosef Itzjak Schneersohn (1880-1950). Es también el día en que, en 1951, el séptimo Rebe, Rabi Menajem Mendel Scheneerson  acepta formalmente el liderazgo de Jabad-Lubavitch recitando un histórico maamar  (discurso) y dirigiendo el  farbrenguen (reunión jasidica) en ocasión del primer aniversario de fallecimiento de su precursor.

 

Agujas

¿Cómo criticar al prójimo sin lastimarlo?

El siguiente ensayo, es la adaptación libre de un extracto de una carta escrita por el sexto Rebe de Jabad, Rabi Iosef Itzjak Schneerson, mientras recibía tratamiento medico en el Sanatorio de Purkesdorf cerca de Viena en la primavera de 1935.

Fue el origen de mucho placer el día de hoy cuando experimenté algo que puede ser aplicado como una enseñanza para el Servicio de la persona a su Creador.

El doctor vino a administrarme cierto tratamiento, el cual incluía la inyección de una droga por medio de una jeringa.

Observé con extremo cuidado al doctor y sus asistentes cómo lo preparaban. Vestidos todos de blanco, meticulosamente examinaron sus prendas.

Se lavaron las manos dos y tres veces y controlaron sus uñas para que no tuvieran la más mínima suciedad en ellas. Echaron sobre sus dedos una generosa cantidad de desinfectante y luego la aplicaron sobre mi pierna, a pesar del hecho que ya estaba bañado.

Cuando pregunté a cerca de esta extensa preparación, me explicaron que es una regla en la medicina que antes de que una aguja penetre la piel, uno debe asegurarse que toda esa área este libre de cualquier tipo de contaminación, ya que cualquier minúscula partícula que entrara junto con la droga al cuerpo, no solo cancelaría los beneficios de la medicina, sino que podría causar severas enfermedades, Di-s no lo permita. Un encuentro Jasídico generalmente implica la inyección de alguna medicina en el cuerpo a través del pinchazo de una aguja. Los Jasidim se reprochan entre sí en cuanto a su carácter y comportamiento. Estos reproches, aunque sean producto del amor interior y sentido de preocupación por la salud espiritual del otro, muy seguido vienen en forma de pinchazo, muy parecido a la forma de inyección en la medicina, administrada para un resultado positivo y con la mejor de las intenciones.

Pero antes de que la aguja pinche la piel, uno debe asegurarse que ésta, las manos del inyector y el área donde va a ser inyectada, estén completamente libres de cualquier bacteria. Si hay negación en esto, no solo el remedio no va a hacer efecto, sino que se pone en riesgo la vida del paciente, Di-s no lo permita. Cuando todavía la “contaminación” se encuentra afuera, ésta puede ser eliminada.

Un encuentro de Jasidim (Farbrenguen Jasídico), es un bálsamo curativo, un literal salvavidas, trayendo inimaginables beneficios. Hemos visto como cada palabra Jasídica penetra hasta lo más interno del corazón y mente, como cada nota de ésta despierta el corazón y lo conduce a la verdad. Pero las medicinas curativas de un Farbrenguen son administradas con aguja, es decir, en tono de reproche. Por lo tanto, hay que tener extremo cuidado en que el “aguijón” esté limpio y esterilizado de la más mínima mancha de antagonismo e interés personal. (www.es.chabad.org)

 

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