Por Israel
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| martes junio 30, 2020
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Por fin una oportunidad de oro


Acuerdo. Foto Kobi Gideon GPO

Sea quien sea el ideólogo que está detrás del plan de Trump para lograr la paz en el Oriente Medio entre israelíes y palestinos, se trata de una jugada maestra: Israel, la derecha de Israel podría decir que no pero dirá que sí. Los palestinos podrían decir que sí, claro que con muchas condiciones, pero dirán que no y mil veces no. Entretanto se les enfriará el té, se comerán entre ellos y desaprovecharán el proponer algo viable, algo que de verdad pueda implementarse. Alguien tenía que salirse de la rutina y han sido los americanos, cuya política exterior no es de las mejores pero en este caso me parece brillante. Detrás de la ayuda que los palestinos recibirían de ellos está las de los países del Golfo y Arabia Saudita, que-tal y como están las cosas ahora-no quieren apostar por un caballo perdedor, por más que lo consideren su caballo. Estarán dispuestos a comprometerse con ayudas si antes los palestinos se ayudan a sí mismos.

 

Lo interesante es preguntarse cómo, y hasta ahora ,los árabes no se han dado cuenta de que Israel está en su hogar nacional para quedarse. Y que, por cansado que esté de guerrear, si la lucha continúa indefinidamente todos tiene las perder. Israel sin bajar la guardia, y los palestinos desangrados derrota tras derrota. Israel, resquebrajado en su coriáceo escudo defensivo, los palestinos en la triste fiesta de sus globos incendiarios. Por eso el acuerdo del siglo es un movimiento de ajedrez bien pensado: tarde o temprano ambas partes tendrán que negociarlo, deberán ajustar sus actuales geografías y comprender que por mal avenida que sea la relación no hay otra. Qué duda cabe que la diplomacia es mejor que la guerra y el comercio mejor que la destrucción y el desprecio. La tragedia  en esa zona del mundo es un malentendido que se repite una y otra vez, y hay que decir alto y claro que no por parte de Israel. Que entregó Gaza a cambio de nada y aprendió la lección, que fomentó la autonomía palestina y sus representantes siguen insistiendo en  el lenguaje del odio y la educación para la muerte. Pretender una solución total e insistir en las fronteras de 1967 es ignorar que estas provocaron una guerra que los árabes perdieron.

 

Cuando un pueblo le queda la rabia y el resentimiento, su impotencia no se cura con más disputas y rechazos, con odios y maldiciones. Por lo tanto, y esa es la bondad del plan Trump, es necesario, y si se puede, empezar de nuevo, cambiar por completo de perspectiva. Los socios de USA en la región sí que lo ven claro, pero como han estado dale que te  dale durante décadas en contra de Israel, parte de los impedimentos para la paz se los debemos a ellos. De manera que los palestinos tienen ahora que oírles otro discurso, más conciliador con el enemigo, que ahora parece estar más cerca y ser otro. Antes será necesario una cura contra la sordera y el falso orgullo, deben abandonarse los maximalismos y buscar, al igual que Venecia en su día, cómo construir sobre el agua y las malsanas lagunas que nadie quiere. No hay marcha atrás, para unos y para otros. La valentía de la propuesta americana radica en su sentido de la oportunidad y la sincera vocación de ayuda. Y así como los americanos no tienen mucho que decir sobre la clara ocupación rusa de Siria, es de suponer que los rusos se abstendrán de criticar un plan que no  han ideado ni podrían, siquiera, haber pensado. No tiene nada de malo vivir en un mosaico de pueblos heterogéneos. Los árabes israelíes viven muy bien en el país de los judíos. ¿ Por qué no podrían vivir del mismo modo los de Ramallah o Jericó?  En cuanto a Gaza, es la verdadera perdedora. No se le ha ofrecido nada hasta que deponga las armas y por el momento no parece que vaya a hacerlo.

 

 
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