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| martes octubre 13, 2020
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El dilema de anexarse el Valle del Jordán: Un enfoque realista


La ya declarada intención del nuevo gobierno israelí de allanar el camino para implementar la soberanía en ciertas partes de Cisjordania, con la aceptación de la administración Trump, está provocando debates muy acalorados. Las oscuras profecías de los israelíes más “liberales” y de los funcionarios de la Unión Europea sobre las graves consecuencias que resultarían de la anexión son algo exageradas y oscurecen el valor estratégico vital que posee el Valle del Jordán para la seguridad de Israel.

Imagen de la portada: Palmeras de dátiles en Kibbutz Gesher, Valle del Jordán, fotografía de Ilana Shkolnik vía Wikipedia

El artículo 29 del acuerdo de gobierno de unidad nacional entre el partido del primer ministro israelí Binyamin Netanyahu Likud y el partido de la coalición Azul y Blanco de Benny Gantz, acordado el 20 de abril del 2020, abre la puerta a las anexiones territoriales en Cisjordania. La redacción exacta es: “A partir del 1 de julio del año 2020, el Primer Ministro podrá presentar el acuerdo alcanzado con los Estados Unidos respecto a la aplicación de la soberanía para ser discutido por el gabinete y el gobierno y para su aprobación por el gobierno y/o la Knesset.

El nuevo gobierno israelí parece dispuesto a promover la aplicación de la soberanía en partes de Cisjordania, específicamente en el Valle del Jordán, siendo esta zona de suma importancia y vital para la seguridad de Israel. Esta no es la primera vez que se sugiere una iniciativa de este tipo, pero debido a que dicha iniciativa es muy controvertida, ningún gobierno anterior se ha atrevido a intentar hacerla realidad.

En enero del 2014, los partidos de oposición rechazaron una propuesta para anexarse el Valle del Jordán con su propio proyecto de ley para evitar se produjera tal acción. “El proyecto de ley de dos estados”, tal como lo propuso el miembro laborista de la Knesset Hilik Bar y apoyado por los miembros de los partidos Laboral, Meretz y Shas, afirmó que el estatus final de Cisjordania solo puede ser determinado dentro del marco de una solución de dos estados al conflicto palestino-israelí. Anexarse el Valle del Jordán, dijo el Partido Laborista en un comunicado, “saboteará a Israel en sus negociaciones diplomáticas, perjudicará los esfuerzos del primer ministro para llegar a una solución de dos estados y profundizará la brecha que ya existe entre nosotros y los Estados Unidos”.

Si bien el debate interno israelí se ha mantenido prácticamente igual, se produjo un cambio fundamental en la Casa Blanca que abrió nuevas posibilidades a tal tema. La inauguración del periodo presidencial de Donald Trump condujo a una serie de iniciativas estadounidenses en apoyo de los intereses israelíes. Un indicativo a una renovada relación estadounidense mucho más intima con Israel, fueron estas palabras pronunciadas por el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo el 23 de abril de 2020: “En cuanto a la anexión de Cisjordania, los israelíes finalmente tomarán tales decisiones. Esa es una decisión que los israelíes tomarán. Y trabajaremos en estrecha colaboración con ellos para compartir junto a ellos nuestros puntos de vista sobre este tema dentro de un entorno privado”.

Esto fue escuchado en todo el mundo como la forma de proveer una oportunidad que los estadounidenses tal vez nunca le repitan al gobierno israelí.

Grupos de expertos think tank locales junto a los influyentes grupos de presión judíos lanzaron rápidamente una feroz campaña para evitar cualquier iniciativa de anexión israelí. Un grupo particularmente vocal son los Comandantes para la Seguridad de Israel (CSI), compuesto por 220 generales, almirantes y líderes israelíes retirados que pertenecieron al Mossad, Shin Bet y a los cuerpos policiales. El 3 de abril, CSI colocó un anuncio de página completa en los diarios israelíes instando a sus antiguos colegas, es decir a Gantz y Gabi Ashkenazi, ambos ex-jefes del estado mayor de las FDI, a que insistan en bloquear las acciones de anexión unilateral al Valle del Jordán. Unos días después, 149 líderes judíos prominentes estadounidenses se unieron al Foro Político de Israel en un llamado similar. Poco después, 11 miembros del Congreso estadounidense emitieron otra advertencia sobre las consecuencias negativas a tal medida.

Todos estos grupos acordaron que la anexión sería contraproducente si no totalmente fatal para las perspectivas de una eventual solución de dos estados. Además, argumentaron que la anexión pudiera socavar los tratados de paz que posee Israel con Egipto y Jordania, siendo estos pilares importantes de la estrategia regional de Estados Unidos. Y además, esta imprudente acción no solo tendría consecuencias adversas para la seguridad de Israel; sino que también tendría implicaciones para el futuro de Israel como democracia judía.

El 20 de abril, J Street emitió una muy severa denuncia censurando y anticipándose al peligro de que “en medio de la actual crisis del COVID-19, el Primer Ministro Netanyahu ha formado un nuevo gobierno israelí que parece capaz y decidido a llevar a cabo la anexión unilateral de los territorios palestinos ocupados en Cisjordania, con la aprobación de la administración Trump, en solo unos meses”. J Street advirtió que “cualquier anexión sería llevada a cabo con la intención deliberada de evitar la creación de un estado palestino independiente junto a Israel y una resolución negociada del conflicto palestino-israelí… Sería muy desastroso para los intereses de Israel, así como también una grave violación a los derechos de los palestinos”.

No es ninguna sorpresa que la ONU y la Unión Europea advirtieron a Israel que no se anexe ninguna parte de la Cisjordania ocupada.

En un muy detallado documento que evalúa la idea de una iniciativa israelí para anexarse ciertas áreas en Cisjordania dentro del contexto del “Acuerdo del Siglo” propuesto por el Presidente Trump, el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) de la Universidad de Tel Aviv concluyó el 26 de abril que “La implementación unilateral de la soberanía en Judea y Samaria, sin un intento auténtico de llegar a un acuerdo con la Autoridad Palestina, durante este período de crisis de la pandemia del coronavirus, no solo no mejorará la postura estratégica de Israel y su capacidad para enfrentar los desafíos presentes y futuros, tanto los relacionados con el coronavirus como los que no se encuentran vinculados a la crisis, sino que tal gestión socavará la visión fundamental de Israel, es decir, ser judío, democrático, poseer seguridad y ser ético, quien lucha por lograr una paz con sus vecinos”.

Este punto de vista está supeditado al enfoque tradicional de la Izquierda israelí, que predica una solución de dos estados a la vez que subestima los beneficios únicos para Israel propuestos por el “Acuerdo del Siglo”. La conclusión de su argumento es que debido a que el plan de paz de Trump es fundamentalmente muy poco realista, no tiene sentido que Israel busque cualquier oportunidad que su administración parezca brindarle para anexarse ​​el Valle del Jordán.

Los comentaristas “liberales” israelíes anticipan ramificaciones muy rápidas y terribles a una decisión de anexarse partes de Cisjordania. Estos poseen visiones oscuras de una intensificación de la violencia entre Israel y los palestinos y una ruptura de relaciones por parte de Jordania y Egipto, que incluso pudiesen llegar a anular sus tratados de paz con Israel. Estos advierten que los Estados del Golfo que han cooperado tácitamente con Israel en los frentes de seguridad e inteligencia pondrán fin a su cooperación; la Unión Europea condenará a Israel en los términos más enérgicos posibles; decenas de países reconocerán al estado palestino; el movimiento BDS se intensificará significativamente; el antisemitismo alcanzará nuevos picos; Israel se convertirá en un estado proscrito; y más.

Estos pronósticos apocalípticos son una pesadilla aterradora que, de ser ciertos, deberían disuadir a cualquiera que formule racionalmente las políticas en Israel de implementar la anexión incluso a una escala mucho menor. Pero esas visiones intransigentes no son realistas y contienen mensajes ocultos que deben ser expuestos y evaluados.

Advertencias similares fueron emitidas por grupos de expertos y políticos de izquierda respecto a las anteriores iniciativas israelíes, tales como aplicar la soberanía israelí a la zona de los Altos del Golán (1981), unir Jerusalén (1967) e incluso declarar a Jerusalén como la capital de Israel (1949) y trasladar los ministerios del gobierno hacia Jerusalén (1951). Tal como dijo David Ben-Gurion en el año 1955: “Nuestro futuro no depende de lo que digan los gentiles, sino sobre lo que los judíos harán”.

Consideren el riesgo que supuestamente representa al acuerdo de paz israelí-jordano el anexarse el Valle del Jordán. El CIS ha enfatizado este riesgo en varias ocasiones de una manera que sugiere existe un vínculo inquebrantable entre el reino hachemita y el valle del Jordán. De hecho, el nombre árabe del Valle del Jordán es Ghor al-Urdun, refiriéndose al Río Jordán y no al estado. Además, el 31 de julio, 1988 el difunto Rey Hussein anunció formalmente su decisión de retirarse políticamente de Cisjordania, dejándole a la OLP llenar el vacío político creado.

Es cierto que funcionarios jordanos han declarado duramente en referencia al “Acuerdo del Siglo”, pero parece ser que su principal preocupación era un posible daño al estatus de Jordania en Jerusalén. En palabras del Rey Abdullah, “Jerusalén es un punto de no retorno; estamos siendo presionados, pero la respuesta será un rotundo ¡No! La segunda consideración es el llamado que hacen los Estados Unidos a naturalizar a los refugiados palestinos dentro de Jordania, que el régimen de hecho considera una grave amenaza para el trono y para la estabilidad de Jordania”.

El Valle del Jordán estaba incluido en la agenda de una reunión entre el canciller jordano Ayman Safadi y su homólogo palestino Riad Maliki, el 24 de abril. Los ministros advirtieron que una anexión israelí al Valle del Jordán y los asentamientos en la Palestina ocupada “acabarían” con la solución de dos estados y socavarán todas las posibilidades de paz. Estos hicieron un llamado a la comunidad internacional para combatir cualquier esfuerzo de este tipo y evitar un empeoramiento de las tensiones, especialmente ahora, cuando se requieren esfuerzos unidos para enfrentar la actual crisis de la pandemia del coronavirus.

En una entrevista en el canal de televisión estadounidense MSNBC el 29 de septiembre, 2019 el Rey Abdullah emitió una advertencia: “Si la política es anexarse Cisjordania, eso tendrá un gran impacto en la relación Jordania-Israel y también en la relación Egipto-Israel, porque somos los únicos dos países árabes que poseen una relación de paz con Israel… Si existe una casilla que esté marcada para que cierto gobierno obtenga todo lo que desee, sin dar nada a cambio, ¿qué depara entonces el futuro? ¿A dónde iremos a menos que podamos lograr que israelíes y palestinos se unan, convivan juntos y sean estos el mensaje para el futuro? En una entrevista en el canal de televisión France 24 el 13 de enero, 2020 el rey dijo: “¿Qué significa anexarse el Valle del Jordán, luego de que Trump reconociera Jerusalén como la capital de Israel, concediéndole permiso para anexarse los Altos del Golán y reconoció la legitimidad de algunos de los asentamientos? Unas semanas más tarde, un importante experto jordano dijo en una entrevista con el diario Haaretz: “Todo esto significa que Jordania ha dejado de ser un elemento importante en el proceso de paz”.

El enfoque jordano hacia la posibilidad de una anexión israelí al Valle del Jordán suena más como burla hacia la Autoridad Palestina que como una “alerta de guerra”. Si esto es así, pudiera muy bien sugerir que el régimen confía en que puede mantener la estabilidad si la iniciativa israelí es implementada. A nivel estratégico, esto pudiera implicar que abolir el tratado de paz con Israel no se le puede considerar como una opción realista en Amman. Una encuesta realizada en febrero por el Departamento de Encuestas de Opinión Pública y de Campo en el Centro de Estudios Estratégicos de la Universidad de Jordania respalda dicha evaluación rechazando la ruptura en las relaciones con Israel como respuesta a la declaración de soberanía de Israel sobre dicha parte de Cisjordania.

Contrariamente al paradigma del IESN respecto a la “anexión bajo el encubrimiento de la pandemia del coronavirus”, que lo describe como una oportunidad a corto plazo, un periodo de tiempo mucho más realista para aplicar la soberanía israelí sobre el Valle del Jordán es el mandato del Presidente Trump en la Casa Blanca. Nadie puede predecir quién se sentará en la Oficina Oval el 20 de enero del 2021, pero Israel tiene al menos hasta el final de su primer mandato y muy posiblemente cuatro años más.

Las oscuras profecías proclamadas por los grupos “liberales” y “progresistas” en Israel y en el extranjero respecto a la posible anexión del Valle del Jordán son exageradas y oscurecen la importancia estratégica del Valle del Jordán para la seguridad de Israel. Tal como dijo Netanyahu: “El Valle del Jordán posee una importancia suprema en el contexto del tema sobre seguridad del Estado de Israel. El Medio Oriente es un lugar inestable y muy violento. El Valle del Jordán es un cinturón defensivo estratégico para el estado y sin este, la inundación fundamentalista pudiera llegar a Israel muy dentro de su territorio hasta la región Dan”.

Tal como observó el gran escritor, historiador y filósofo francés Voltaire: “Las oportunidades no deben desaprovecharse. Estas muy raramente nos suceden una segunda vez.

 

Traducido por Hatzad Hasheni

 

El Dr. Raphael G. Bouchnik-Chen es coronel retirado quien se desempeñó como analista sénior en el área de Inteligencia Militar en las FDI.

 
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