Por Israel
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| viernes julio 31, 2020
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Nada más cierto que la realidad


El 3 de enero de este año, el Comandante de la Fuerza Quds de Irán, Qassem Soleimani murió en Irak como consecuencia de un disparo de misil hecho por fuerzas militares de Estados Unidos.

Mucho antes de llegar a ese cargo, Soleimani se ocupaba de planificar ataques terroristas contra población civil. Ron Ben Yshai, analista militar israelí ha señalado que Soleimani formó parte de la planificación del atentado a la AMIA, del cual se cumplirán 26 años dentro de nueve días. Soleimani no fue uno de los ocho jerarcas de Irán por los cuales se prendieron las alertas rojas de Interpol por estar directamente implicados en el atentado, pero ya entonces ascendía en su carrera trabajando en esa área: matar civiles.

Soleimani planificó ya como actor decisivo el atentado contra un autobús de turistas israelíes en Bulgaria el 18 de julio de 2012,asesinando cinco israelíes y dos belgas. Asimismo planificó varios ataques con drones contra civiles israelíes que Israel logró detener a tiempo.
Como Comandante de las fuerzas iraníes encabezó la invasión a Siria e Irak. Su plan era establecer la hegemonía chiita en la región y abrir frentes que le permitieran instalar armamento que sirviera para atacar a Israel. En 2017,Irán ya estaba instalado como ocupante en Siria y eso generó enfrentamientos militares con Israel en cielos de Siria. Los ataques de Israel a blancos iraníes en Siria han estado dirigidos a intentar evitar que Irán logre instalar una infraestructura armada de avanzada, tanto para tener bases frente a Israel como para poder hacer llegar con mayor facilidad grandes cantidades de misiles a manos de Hezbola en Líbano.

De acuerdo a lo estimado por los mandos militares israelíes, el plan de Soleimani era instalar 100.000 milicianos chiitas llegados de Siria, Irak, Afganistán y Pakistán, en la frontera con Israel. Asimismo, instalar miles de misiles precisos y cohetes en territorio sirio, y baterías anti aéreas, para alterar toda actividad de la Fuerza Aérea israelí en su contra. Además, Soleimani ideó el proyecto de los misiles precisos destinado a convertir gran parte del potente arsenal en manos de Hizbala, en misiles capaces de pegar con una precisión de hasta 10 ó 15 metros del blanco al que se apunte.

Israel ha logrado frustrar parte de los planes de Soleimani, enlenteciendo su implementación y alterando el programa general, pero se estima que hay en Siria, junto a la frontera con Irak, cerca de 45 mil milicias pro iraníes, encargadas de cuidar los pasajes fronterizos por los cuales Irán intenta hacer llegar continuamente misiles.

A esta altura de nuestro análisis, alguien se preguntará a que viene recordar quien fue Soleimani y su muerte, casi siete meses después. Pues bien, la actualidad se centra en Naciones Unidas. En un informe enviado hace dos días por la ONU a la prensa, Agnès Callamard, relatora especial sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, concluyó que el general iraní Qassem Soleimani murió de forma arbitraria, que Washington no demostró que representara un peligro inmediato, y que, a falta de una amenaza inminente que pusiera en peligro vidas, la manera de actuar de Estados Unidos fue ilegal y violó la Carta de Naciones Unidas. La Sra. Callamard sigue: “Vistas las pruebas suministradas hasta ahora por Estados Unidos, tomar como objetivo al general Soleimani, y matar también a quienes le acompañaban, constituyen un asesinato arbitrario del que Estados Unidos es responsable en virtud del derecho humanitario internacional”. Estados Unidos no demostró que Soleimani representara una amenaza inminente. Washington no ha logrado demostrar que su asesinato fuera necesario. No se ha suministrado ninguna prueba que demuestre que el general Soleimani planeara un ataque inminente contra los intereses estadounidenses o que Estados Unidos no tuvo tiempo de pedir ayuda a la comunidad internacional, incluyendo al Consejo de Seguridad de la ONU, para hacer frente a estas presuntas amenazas inminentes”.

Soleimani, sus tropas, sus cómplices Hezbollah y Hamas, significaban y significan (Irán, Hamas e Hezbollah) una amenaza real y latente para todo Medio Oriente, por ser invasor de otros Estados, por programar y ejecutar actos de violencia contra objetivos civiles. Cinco días después de la muerte de Soleimani, Irán llevó a cabo un ataque de represalia contra fuerzas de Estados Unidos en Irak. Soleimani y los ocho acusados iraníes por el atentado a la AMIA deberían haber estado hace muchos años frente a un estrado judicial si el Derecho Internacional, además de existir, se aplicara y se respetara.

Los expertos en Derecho Internacional,muy respetables, consideran que Estados Unidos no puede ampararse en el Artículo 51 de la Carta de la ONU que establece el derecho a la legítima defensa porque en el momento de la muerte de Soleimani había ausencia de ataque armado inminente. No voy a discutir lo que significa como garantía y necesidad el Derecho Internacional, porque eso es indiscutible. Pero resulta que la Sra. Callamard imbuida en ese espíritu que domina en la ONU donde al Derecho se le ve torcido, se basa con sumo cuidado en normas jurídicas, pero no agrega que las mismas no son líneas rígidas. En enero de este año, Soleimani debía estar en prisión si la Corte de la Haya existiera en la vida real, juzgado y condenado por crímenes contra la humanidad. ¿O qué significa el atentado a la AMIA?. Pero no, el General Soleimani estaba como invasor en territorio extranjero habiendo planificado matanzas en Siria, y con su historia de planificador de asesinatos a civiles, entre otros lugares, en Bélgica, como ya lo mencionamos. Callamard tiene una parte de razón: en su clase teórica de Derecho puede decir que un asesinato selectivo está fuera de las normas jurídicas del Derecho Internacional. Pero hoy jueves, cuando está presentando su informe en el Consejo de Derechos Humanos, no está frente a una clase sino a 47 países, de los cuales algunos son los violadores más extremos de los derechos humanos ,y todos juntos formarán un coro retórico que no hará mención que Soleimani fue un asesino.

Ese uso del Derecho Internacional es lo que hace al trabajo de Callamard un aporte vacío que terminará en una papelera, y al organismo que hoy la escucha, un ente cada día más costoso: cuesta mucho dinero, cuesta mucho creerle nada.

 
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