Por Israel
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| domingo octubre 11, 2020
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Nuestros enemigos no descansan


Qué duda cabe: nuestros enemigos no descansan, ni siquiera ahora que parte del universo islámico empieza a revisar a fondo su visión de Israel y los judíos. No les arrancaremos, a los irritados palestinos, un sí fácilmente, tienen mucho pienso amargo que mascar hasta comprender que lo que padecen  no es un simple dolor de muelas sino de una piorrea aguda. El grado de veneno que destilan sus líderes en las mezquitas, empero, se volverá contra ellos así como el antisionismo recalcitrante de los iraníes empujó a las gentes del Golfo Pérsico a acercarse a Israel tras  descubrir que los dientes de los ayatolás llevan décadas afilándose para comer todo lo que encuentren a su paso. El mundo intelectual necesitaría un nuevo Maquiavelo para teorizar sobre las paradojas políticas que se suceden en el Oriente Medio. Las arenas que rodean a las ricas monarquías petroleras son arenas muy cambiantes, sus dunas pueden sepultarte en un día y destaparte unos años más tardes mondo y lirondo, dispuesto a loar lo que antes detestabas y a protegerte de quienes dicen, todavía, ser tus amigos y querer tu bien.

 

En quienes constituyen el frente del rechazo al Acuerdo de Abraham firmado por Emiratos, Bahrein e Israel, palpita aún el viejo tufo teológico cuyo mal olor no se disipa fácilmente. No aparece en ellos el menor sentido crítico, el más mínimo criterio sobre  la realidad objetiva. Cada golpe que le den al país de los hebreos lo fijará aún más a su tierra. Cada desprecio  a Israel  los alejará cada vez más de superar su problemática interna: la pobreza, la corrupción, la falta de democracia  en su organización social. El radicalismo acabará devorándolo todo y, por fin, lo que son recurrentes escaramuzas, acabará conduciéndolos a una enésima guerra que, esta vez, contará con muy pocos simpatizantes externos. Y lo que es peor:  los billetes no responderán al verde del dólar sino a la pátina de putrefacción que brilla en unas docenas de dirigentes mientras apaga la vida del pueblo, verdad ante la que cabe preguntarse: ¿cómo es que no se rebelan los comerciantes, los campesinos, los maestros,  la gente de a pie, contra la casta de los mandamases de  lengua inflamada? Porque es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en tu ojo, según sostienen los Evangelios. Es más fácil, por inmediato, odiar que simpatizar. Es más fácil quejarse que trabajar para convivir.

 

Si la tragedia es catártica según nos cuenta la historia del teatro clásico, la comedia nos permite vivir las dulzuras del sentido del humor.  La risa acepta las ambigüedades, no surge del dogma, se burla de él. Lo risueño acentúa nuestros deseos de vivir así como la tragedia nos llena de melancolía cuando no de desesperación. De risa sabían y saben aún los creadores de Charlie Hebdo; de atacarla sus insomnes enemigos. Conozco cientos de chistes sobre rabinos barbudos y en ningún lugar he visto una condena a sus creadores. No he leído ningún chiste sobre los ayatolás iraníes. Tal vez existan pero no puedan salir de sus fronteras. Considero que nos haría bien a todos sonreír un poco más. La Historia, como los ríos, suele ser irreversible. Los cambios que los acuerdos recientes entre las gentes del Golfo Pérsico e Israel traerán a la región, van más allá de lo imaginable. Negarlos es retrasar un poco sus efectos entre los más pobres. Sean  meses o años, el tiempo no vuelve atrás.

 

 
Comentarios

Que dificil que es la paz. El problema es que los actores son humanos, y Dios hizo al hombre ambicioso. con ansias de poder.Conclusion;la culpa que no hay paz en MEDIO ORIENTE ES DE DIOS.-

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