Por Israel
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| viernes enero 15, 2021
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Lo que Irán no da al mundo


 

Si los países se midieran por su capacidad de cooperar y compartir, el Irán de los ayatolás estaría a la cola.  Ni buenas ideas, ni semillas genéticamente mejoradas, ni artefactos para mejorar la calidad del agua, ni buena música, ni pistachos mejores que los que ya produce España, nada de nada. Y, aún así, el país se mueve con relativa libertad en medio del concierto de las naciones, comerciando bajo cuerda su petróleo, comprando componentes para sus armas y ayudando con dólares a diversos grupos islamistas.  Aún así su influencia no puede ser contrarrestada con facilidad . Irán sólo da al mundo desasosiego y falsas esperanzas de una Umma universal shíita.  Su avance en Latinoamérica se explica por la influencia que ejerce sobre líderes de tercera categoría que proceden de la cepa musulmana, ya sea en Venezuela como  en Brasil y Paraguay. Lo notable es que producto tan mediocre-el pensamiento de los ayatolás-pueda seducir a los jóvenes, a gentes sin ninguna ideología y educación. Es lo que tiene el pensamiento único, que posee un carácter monolítico y avasallante frente a las creencias liberales y democráticas, a las cuales acaba devorando la autocrítica. ´´La duda, dicen que dijo Mahoma en uno de sus hadith qudsi, o sentencias sagradas, es de Iblis, el demonio´´. Y sin embargo, desde el Ser o no Ser de Shakespeare hasta Bergson y  Sartre, el gran pensamiento occidental se caracteriza por un creciente relativismo que llega, en la física, a conferirle más importancia al observador que a lo observado.  Y hablando de duda, sabemos por experiencia que el relativismo es bueno para convivir: tú tienes tanta razón como yo, y ambos somos simples puntos de la vista en el diorama universal. El diálogo es más sano que el monólogo.

 

Por el contrario en el fundamentalismo islámico, como en el fascismo y el comunismo,  hay tan sólo un chicle excesivamente mascado, pesado, insistente, todo lo lleno que se quiera de la grandeza de la perseverancia en el control pero interesado en la total pequeñez humana.  Acabo de leer una nota sobre el último descendiente del Sha que aspira a volver a Irán, derrocar al régimen y levantar una nueva cartografía democrática en el país. Me pregunto qué hará entonces con la caterva de mulás, con esos salvajes clérigos de pueblo que castigan con ácido a las mujeres y cortan lenguas y dedos; qué hará con la herencia negativa y reseca de tantas décadas oscuras; qué hará con la Guardia Revolucionaria, sus riquezas y sistemas represores. Para que Irán cambié de verdad tiene que ponerse en marcha una carnicería que nadie asumiría. Ese es el problema. Y es en ese contexto que haría falta un Gorbachov iraní, alguien que, desde dentro, pero con socios fuera, convenciera a la masa y al pueblo llano de  que lo que les espera es mejor que lo que han tenido hasta ahora. Un líder islámico reconvertido de pronto en demócrata liberal.

 

En efecto, ya es raro que un país que no da nada y sobre el que se constata que exporta violencia y desprecio a todas partes, tenga un lugar casi inocente en el mundo. Embajadas y delegaciones deportivas. ¿Es acaso por el caviar, por la esencia de rosas, por el cine de algunos creadores de talento? ¿Por qué no hay un movimiento internacional para combatirlo y derrocar a los perversos clérigos, un movimiento que sólo produciría ganancias para todos? Porque ni Occidente, China o Rusia ven en profundidad el problema. Irán, el Irán actual es el enemigo  número uno de la Humanidad. Me alegra saber que Israel lo sabe y lo vigila y acecha dentro de sus posibilidades. Pero no es suficiente. Es de esperar que Biden se de cuenta de que con un gobierno tan miserable y torcido no hay trato que valga. Engañaron al ingenuo Obama y en eso siguen. Hasta que el cielo se derrumbe sobre sus cabezas y , y por desgracia, mueran justos por pecadores.

 
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