Por Israel
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| jueves noviembre 19, 2020
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Las economías del Medio Oriente: A media luz al final del túnel


El actual pronóstico de las dos instituciones financieras más importantes del mundo no incluye buenas nuevas para la región. Lo bueno dentro de lo malo: una esperada recuperación, aunque muy probablemente tome muchos años en consolidarse. Mientras tanto, Israel debe observar a la región que la rodea y prepararse para los peligros que pudieran surgir como resultado de la crisis financiera – y al mismo tiempo, tratar de identificar oportunidades potenciales.

A mediados de octubre, 2020 las dos principales instituciones financieras internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), actualizaron sus avalúos en lo referente a las implicaciones por la crisis del coronavirus para las economías del Medio Oriente. Los anteriores estimados fueron publicados en abril de este año; la actualización presenta un panorama bastante pesimista junto a expectativas de mejoras, supeditadas al descubrimiento de soluciones médicas ante la pandemia. Sin embargo, a pesar de las esperanzas de una mejoría, se estima que pasarán varios años antes de que desaparezcan los efectos económicos de la crisis.

Los estimados actualizados por parte de economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional señalan las graves consecuencias de la pandemia del coronavirus para las economías del Medio Oriente, incluso más graves de lo que predijeron estas mismas instituciones en abril del 2020. Perspectivas para el 2021 y estimados, respecto a la duración del período de recuperación de la crisis, plantean preocupaciones sobre la gravedad de los problemas regionales ya existentes, así como también un peligro muy serio para la estabilidad socio-económica de la región.

El pasado mes, economistas del Banco Mundial revisaron su anterior estimado, que ya no presentaba un panorama favorable. Ellos ahora esperan que la economía regional se contraiga un 5.2% en el 2020 y estiman que la recuperación en el 2021, supeditada a hallar soluciones médicas a la pandemia del coronavirus, será solo parcial. Los economistas del Fondo Monetario Internacional también han revisado sus estimados y esperan que el PIB regional caiga un 4.1% en el 2020 (en comparación con el 2.8% previsto para el mes de abril). El acelerado aumento del gasto en el área salud y la creación de redes de seguridad para las poblaciones vulnerables han incrementado los déficits de los estados regionales y con ellos, sus necesidades financieras. Los economistas del Banco Mundial estiman que la deuda pública regional en relación al PIB aumentará del 45% en el 2019 al 58% para el año 2022. (Esta tasa es relativamente baja en comparación con otros países y regiones del mundo, ya que incluye a los países productores de petróleo, en donde la mayoría no poseen una gran deuda pública en comparación al PIB). La mayoría de los países de la región han recurrido a un conjunto básico de medidas, desde estar exentos a ciertos pagos, diferimiento de pagos y tasas de impuestos, reducción de las tasas de interés, emisión de bonos del gobierno, transferencias a poblaciones de bajos ingresos, aumento de la liquidez bancaria, reducción de las reservas bancarias y el fomentar aplazamientos a préstamos. Sin embargo, los economistas del Fondo Monetario Internacional señalan que la tasa de ayuda de emergencia a las economías de la región fue solo del 2% del PIB, mientras que en el resto del mundo alcanzó el 3%.

En el actual estimado, al igual que en el anterior, los economistas señalan la vulnerabilidad de las economías de los países productores de petróleo y de gas a una caída drástica de los precios, que según los acuerdos de la OPEP sobre restricciones a la producción se mantenían en un 40% más bajos que antes del brote de la pandemia. Debido a su alta dependencia al precio del petróleo y al hecho de que la industria petrolera se ve más mucho más afectada que otras industrias, los países productores sufrieron de una contracción económica mucho más severa, que alcanzará el 6.6% en el 2020, en comparación con la región en general.

Bahréin es la principal víctima entre los países productores de petróleo, tanto por la caída de los precios del petróleo como por la paralización de la industria del turismo – un sector en el que el estado invirtió fuertemente. Si bien el PIB se contraerá un 5% este año, la sorprendente cifra negativa para Bahréin es el enorme incremento de la deuda pública, estimada por los economistas del Banco Mundial en 130% del PIB, una cifra que recuerda más al Líbano que a un país productor de petróleo. En Arabia Saudita, el vecino más cercano de Bahréin, el PIB para el año 2020 disminuirá en un 5.4%, bajo el supuesto razonable de que Arabia Saudita mantendrá las restricciones a las exportaciones de petróleo. El crecimiento en otras industrias se verá afectado en parte por la decisión de aumentar la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 5 al 15%, en un esfuerzo por detener las consecuencias del incremento en el gasto en las áreas de salud y bienestar social. En los Emiratos Árabes Unidos, el decrecimiento en la actividad económica continuará al igual que en otros países productores de petróleo y gas, en especial por el aplazamiento de la Expo 2020, que se suponía iba a impulsar la economía local. Se espera que este se reduzca en un 6.3% en el año 2020 y crezca un 2.5% el año entrante, suponiendo que el evento se lleve a cabo en Dubái el próximo año. Los economistas del Banco Mundial presumen que los Acuerdos Abraham también ampliarán las oportunidades económicas, como resultado de la cooperación comercial y tecnológica entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos.

Los países de la región que no producen gas ni petróleo comparten perspectivas similares, pero las causas son algo diferentes. Egipto, que aún yace en la categoría de consumidor a pesar de ser un productor de gas y de petróleo, perdió 2.7 millones de puestos de trabajo por causa de la crisis del coronavirus y el desempleo subió a 9.6% (según la cifra oficial, que presumiblemente es muy inferior a la situación real). La deuda pública se incrementará del 90.2% del PIB en el 2019 al 93.8% a finales del 2020. Egipto dio un paso inusual cuando redujo la deuda pública a los fondos de seguros y por ende redujo el coeficiente de deuda pública en relación al PIB. Egipto también se desvía del panorama regional, ya que espera un crecimiento positivo del 3.5% en el 2020 (aunque esto en realidad es una disminución en comparación al crecimiento estimado en el 2019) y del 2.2% en el año 2021. Dado el cierre casi total de la industria del turismo en toda la región y la fuerte disminución de las remesas de los trabajadores egipcios en el exterior, este es un panorama menos negativo de lo que pudiera haberse esperado.

El Líbano ha obtenido cobertura mediática mundial, luego de haber ganado el dudoso título del primer país de la historia en declararse insolvente y luego de ocurrir la severa explosión en el puerto de Beirut, que causó la muerte de cientos de personas y una destrucción generalizada en la zona que cubre el puerto. Es muy probable que el PIB libanés caiga un 19.2% en el 2020 y otro 13.2% el año entrante.

La segunda ola del coronavirus también ha afectado a la población y a la economía palestina y la situación se ha visto agravada por el continuo retraso en la transferencia de dinero de los impuestos desde Israel hacia la Autoridad Palestina. Luego de tres años de un crecimiento económico menor a una tasa del 2% anual, la pandemia empeorará la desaceleración económica y el PIB palestino se reducirá en un 8% en el 2021. Casi un tercio de la población palestina ya vive por debajo del nivel de pobreza.

Las previsiones de los economistas sobre el proceso de recuperación son bastante cautelosas y reservadas. Sus análisis indican las consecuencias del daño al empleo en la industria del turismo en Jordania, el Líbano, Marruecos y Egipto, que no se disiparán en su totalidad incluso con el retorno a las actividades económicas normales. Los economistas sostienen que el riesgo de insolvencia de las empresas es el doble de lo estimado antes de sucederse la crisis, lo que dificultará que las empresas de determinados sectores obtengan créditos. El sector financiero de los países en la región merece una atención especial, ya que es fundamental para la capacidad que poseen los gobiernos de mantener un nivel de estabilidad socio-económico.

Los economistas del Fondo Monetario Internacional señalan el deterioro del sistema bancario en Bahréin, Omán y en los Emiratos Árabes Unidos, debido a la disminución de la rentabilidad y estabilidad causada por unas tasas de interés más bajas, cambios en los índices de liquidez y una disminución en el valor de los bonos del gobierno en posesión de los bancos. Los economistas del Banco Mundial, que examinaron una serie de hipótesis económicas, estimaron un posible daño acumulativo de 190 billones de dólares contra los activos financieros regionales totales. Su conclusión es que los gobiernos se verán obligados a hallar un equilibrio entre la necesidad de desplegar una red de seguridad socio-económica y mantener una estabilidad financiera. El posible elemento de acción resultante es actuar con moderación en todos los temas relacionados con las subvenciones, las donaciones y otras ayudas a los necesitados. Las implicaciones que lo acompañan son una desaceleración en el proceso de salida de la crisis y un número creciente de personas que viven por debajo del nivel de pobreza.

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial recomiendan continuar el esfuerzo para preservar puestos de trabajo, asegurar la liquidez de las pequeñas y medianas industrias y hogares junto a proteger las poblaciones más vulnerables. Según los economistas, la política de “cierre-reapertura” provoca una disminución de la productividad, un incremento en el desempleo y dificultades cada vez mayores para que las pequeñas y medianas empresas financien sus continuas actividades. Para abordar las presiones fiscales, las recomendaciones son mejorar y agilizar la recaudación de impuestos, hacer que los tributos sean lo más gradual posible, reducir gradualmente los subsidios a los combustibles y a corto plazo, reducir los gastos en las partidas presupuestarias que no sean necesarias.

Israel posee un claro interés en las consecuencias de la situación económica para la estabilidad de los países de la región y en especial para sus vecinos más allegados. Los informes de las instituciones económicas internacionales muestran que los gobiernos de Egipto y Jordania poseen el control de la situación y se encuentran lidiando razonablemente bien con las presiones económicas y de salubridad. De hecho, la campaña electoral y el cambio de gobierno en Jordania no provocaron ningún tipo de malestar político.

Por otra parte, la situación económica en el Líbano y en la Autoridad Palestina, en contraste a los desarrollos políticos en desarrollo, indica una alta volatilidad, tanto internamente como en las relaciones con Israel. En estos dos frentes, Israel posee la capacidad de influir sobre la estabilidad político-económica en el inmediato y mediano plazo y debe considerar el uso y momento preciso para ejercer influencias. Organizar la transferencia de dinero de impuestos a la Autoridad Palestina es imprescindible para fortalecer su estabilidad y debe ser parte de los preparativos para salir de la actual crisis de las economías israelí y palestina en todo lo relacionado al trabajo y comercio. La crisis en el Líbano, por una parte, aumenta el potencial de una confrontación en el área de seguridad, incluso si esta no fue planificada, pero por otra parte ofrece una oportunidad para el logro de un arreglo político-económico, que puede ayudar a reducir el riesgo de fricciones peligrosas e innecesarias.

 

Oded Eran es compañero de investigación sénior

Traducido por Hatzad Hasheni

 
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