Por Israel
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| lunes febrero 22, 2021
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¿Quién mató a Lokman Slim?


Imagene: Lokman Slim

“Para ellos, matar es un hábito”, le dijo a la prensa Rasha al Amir. Con “ellos” aludía a Hezbolá, el partido político más poderoso del Líbano, considerado una organización terrorista y a cuya milicia no se atreve a desafiar el Ejército del país levantino. Hezbolá opera a escala internacional, y es conocida su relación con los cárteles latinoamericanos de la droga.

Otro hecho pertinente que debería conocer, estimado lector: Hezbolá es leal en primer lugar a la República Islámica de Irán.

La muerte que nos ocupa es la del hermano de Rasha al Amir, Lokman Slim, destacado cineasta, editor y activista chií que tuvo la temeridad de criticar a Hezbolá por el daño incalculable que está infligiendo a su desde hace tanto tiempo martirizado país.

Slim fue hallado muerto en su coche el pasado día 4. En un camino rural y con tres disparos en la cabeza, uno en el pecho y otro en la espalda. Por lo visto, los asesinos se aseguraron de cumplir debidamente con su misión.

Hezbolá, los gobernantes de Irán y los demás adversarios de EEUU confían, y quizá esperan, que la nueva Administración norteamericana no reaccione demasiado, lo que asegurará que la comunidad internacional tampoco lo haga. Les guía una máxima leninista: “Prueba con la bayoneta. Si lo notas blando, adelante. Si pinchas en hueso, apártate”.

Proceden así no sólo en casa. El pasado día 4 un diplomático iraní fue condenado por un tribunal belga a 20 años de cárcel por conspirar para poner una bomba en una manifestación de disidentes exiliados celebrada en Francia en 2018. El sujeto en cuestión, Asadolá Asadi, procuró explosivos y un detonador. Entre los cargos por los que fue condenado se contaba el de “tentativa de asesinato terrorista”.

¿Sugiere esa sentencia que por fin los europeos se han puesto firmes con los gobernantes iraníes? No, encarcelar a un diplomático que es a la vez un terrorista no tiene mayor recorrido.

Justo al día siguiente, Josep Borrell, responsable de la política exterior de la UE, garantizó a Teherán que no se expondría a mayores consecuencias. La campaña de máxima presión emprendida por el presidente Trump debería concluir y ser reemplazada por una de “máxima diplomacia”, aseveró Borrell.

Posteriormente Borrell voló a Rusia, donde tres días antes Alexei Navalny había sido condenado a prisión. Navalny es un líder opositor ruso que fue envenenado el pasado verano con un agente nervioso de uso militar; fue un intento de asesinato que tanto él como los altos funcionarios occidentales creen que fue ordenado por el prsidente de Rusia, Vladímir Putin.

Navalny sobrevivió sólo porque sus amigos consiguieron sacarlo de Rusia para que recibiera tratamiento. Tras su regreso, el mes pasado, fue detenido de inmediato.

En Moscú, Borrell fue informado de que el Gobierno ruso estaba expulsando a varios diplomáticos europeos acusados de participar en “manifestaciones ilegales” a favor de Navalny. El jefe de la diplomacia europea “condenó fuertemente” las expulsiones. “Todos los Estados miembros [de la UE] están unidos contra esto”, remarcó, a la vez que demandó –o simplemente sugirió– que las expulsiones fueran “reconsideradas”. Al parecer, semejante despliegue de “máxima diplomacia” no impresionó demasiado a Putin.

En cambio, la máxima presión que Borrell se apresta a enterrar ha puesto a los gobernantes iraníes bajo una fuerte presión económica. Aun así, se las han apañado para reunir los fondos necesarios para armar a los rebeldes huzis en el Yemen –cuya designación como terroristas rescindió a primeros de mes la Administración Biden– y para seguir suministrando a Hezbolá misiles de precisión (MGP) para que los dirija contra Israel.

En una primera reacción al asesinato de Slim, el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, emitió una declaración en la que no se mencionaba a Hezbolá y que decía: “Nos sumamos a la comunidad internacional en la demanda de que sus asesinos sean llevados rápidamente ante la Justicia”.

Que siga soñando. ¿Recuerdan la catastrófica explosión en el puerto de Beirut que provocó la muerte a más de 200 personas el pasado agosto? La investigación se frenó en seco. Las autoridades libaneses (es decir, Hezbolá y sus aliados) declinaron los ofrecimientos de una investigación internacional.

¿Recuerdan el atentado que segó la vida al ex primer ministro libanés Rafik Hariri y a otras 21 personas en Beirut en 2005? Un equipo internacional y un tribunal especial de la ONU emplearon 15 años y millones de dólares sólo para condenar a un operativo de perfil bajo de Hezbolá que hubo de ser juzgado in absentia. El tribunal reconoció que Hezbolá tenía motivos para “eliminar” a Hariri, pero declinó emitir un juicio concluyente.

En fin, comprendo que el presidente Biden no tiene opciones buenas ante sí. Pero lo que sí tiene son opciones malas. Que quizá quiera evitar. Entre las peores está la de recompensar a Hezbolá, los gobernantes iraníes, Putin y todos aquellos que tienen la costumbre de asesinar a los disidentes, en casa o en el extranjero.

Lo cual significa no rescatar económicamente al Líbano –anegado en deudas y con sus bancos enfangados en la corrupción– hasta que Hezbolá rinda cuentas. Y ahora está más claro que nunca que sería una estupidez levantar las sanciones contra Teherán y volver al mal llamado Plan de Acción Integral Conjunta.

Pese a sus repetidas protestas en contrario, ese acuerdo no puso fin al programa de armas nucleares del régimen iraní. Como mucho, difirió su progreso en algunos ámbitos –hasta que las cláusulas con fecha de caducidad vaporicen las restricciones–, mientras implícitamente daba licencia a Teherán para practicar el terrorismo y otras actividades perversas.

La diplomacia puede y debe seguir su curso. Pero no habría que confundir diplomacia con terapia. Cuando tratas con déspotas, no hay charlas de sanación que valgan.

Enriquecer, empoderar y acomodarse a quienes nos desprecian y asesinan con total impunidad no convierte a estos en vecinos amistosos de la aldea global. Eso ya se ha intentado y ha fallado repetidamente.

¿Comprende todo esto el presidente Biden? Hezbolá, los gobernantes iraníes, Putin y demás adversarios de EEUU están al acecho. Tienen las bayonetas a punto y están ansiosos de saber si van a pinchar en blando o en hueso.

© Versión original (en inglés): FDD
© Versión en español: Revista El Medio

 
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